Actos Académicos y Oficiales

  • A los alumnos que terminar los estudios de derecho

Resumen

Abstract

Es ya una tradición en esta Escuela, despedir a los alumnos que terminan los estudios de Derecho. Y yo, durante mucho tiempo, primero como Director y, largos años más tarde, como Decano de la Facultad, he debido concurrir a este acto de profunda significación que destaca la forma cordial y sincera en que se desenvuelve entre nosotros la convivencia de profesores, alumnos y autoridades universitarias. En esta oportunidad he aceptado, muy complacido, la invitación que me formulara el señor Presidente del Centro de Derecho, para venir a sostener un breve diálogo con Uds. sobre temas y aspiraciones que nos son comunes. En esta casa de estudios, que todos debemos amar y tratar de engrandecer, donde han venido jóvenes de todos los confines del país a estudiar las complejas disciplinas del Derecho, estoy cierto de que han encontrado la más amplia acogida, cualesquiera que haya sido su ideología en lo espiritual, en lo social, en lo económico o en lo político, y estoy también seguro de que, dentro de los medios de que disponemos, han encontrado la forma de satisfacer sus anhelos en el orden jurídico y social. Y me asiste la certeza de que cuando hayan transcurrido algunos años desde que se alejaron de estas aulas, y cuando la serenidad del espíritu se haya impuesto sobre ese inconformismo propio de la juventud, tan severa en la crítica, recordarán los años pasados entre nosotros como los más gratos de su vida, y que, pese a algunas críticas, no siempre muy fundadas, habrán de reconocer que los hemos capacitado para ejercer, cumplidamente, la profesión que abrazaron. Pero, hablemos más bien de lo que habrá de ser la vida futura de los que hoy despedimos, y, al efecto, séame permitido recordar una anécdota del escritor francés Charles Peguy. 'Un día, él se quedó impresionado viendo a su madre componer una silla. Era tal la prolijidad, el escrúpulo, la amorosa atención con que ella cumplía su humilde artesanía, que el hijo le expreso su admiración. La madre le dijo: 'El amor por las cosas bien hechas debe acompañarnos toda la vida; las partes invisibles de las cosas, deben repararse con el mismo escrúpulo que las partes visibles; las catedrales de Francia son las catedrales de Francia, porque el amor con que está hecho el ornamento externo es el mismo amor con que están hechas las partes ocultas'. Del mismo modo ocurre con todas las actividades de la vida y, en especial, con el ejercicio de nuestra profesión de abogados. La abogacía no es, ciertamente, un ancho camino de fama y de gloria; sino que está hecha, como todas las cosas humanas, de triunfos y de derrotas; de compensaciones y sacrificios; de nobleza y ruindades; de ilusiones y desfallecimientos. La gran virtud consiste en descubrir, en la maraña de intereses, pasiones y pequeñeces, la trascendencia de nuestra misión, la significación de nuestro oficio. Somos los defensores de la justicia, los encargados de velar porque ella se actualice en la sociedad. Sin los abogados no hay, orden jurídico, y sin el orden no hay, paz, y sin la paz no hay vida plena en la comunidad. Nos movemos en medio de la vida y de sus afanes, somos a veces testigos de los más grandes dramas humanos, y para cumplir con éxito nuestra misión, debemos mantener la serenidad, la calma y dirigir nuestras acciones hacia el único norte valedero, el de la justicia. Aunque el mundo nos desprestigie, nuestros clientes nos difamen y nuestros compañeros no nos comprendan, debemos continuar, serenos, nuestro camino, en la seguridad de que, a lo largo de los años, no lograremos, a través de nuestra profesión, alcanzar la riqueza ni el poder, pero sí, la felicidad que procura el haber dado un poco de satisfacción, orden, seguridad y paz a los hombres que tenían necesidad de ellos. En el momento en que estáis próximos a comenzar vuestra actividad profesional, yo os insto a desempeñarla con amor y con fe. Y dentro de este breve diálogo, yo quisiera recordaros el consejo de ese eminente jurista que fuera nuestro inolvidable amigo, Eduardo J. Couture. 'Ten fe en el Derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la justicia, como destino normal del Derecho; en la paz, como sustitutivo bondadoso de la justicia; y, sobre todo, ten fe en la libertad, sin la cual no hay Derecho, ni justicia, ni paz'. Por fin, para los que se van, nuestros mejores deseos de éxito. Nosotros los vemos alejarse en la seguridad de que, junto a los que nos que damos, habrán de contribuir a conservar y acrecentar ese patrimonio espiritual que, en lo jurídico, está entregado a la custodia de los hombres que egresan de esta casa, que sigue fiel a las enseñanzas que generosamente sembraran entre nosotros Bello, el padre de nuestra cultura jurídica y tantos otros juristas eminentes que han honrado esta Facultad con sus sabias enseñanzas.