Facultad

  • Discurso del Profesor señor Leopoldo Ortega

Resumen

Abstract

 

Este discurso fue pronunciado por el Profesor de Derecho Civil, señor Leopoldo Ortega, al recibir al nuevo miembro académico de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Chile, señor Oscar Dávila I., en la sesión solemne de dicha Corporación del 5 de Mayo de 1941.

Señor Decano, señores miembros académicos y docentes, señoras y señores:

Señalado honor y honda satisfacción constituyen para el que habla dar la bienvenida al nuevo miembro académico, porque es muy alta la estima en que lo tiene y son muchas e inmerecidas las muestras de deferencia que de él ha recibido.

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Vino a la vida el 26 de Diciembre de 1882, y fueron sus progenitores don Benjamín Dávila Larraín y doña Ana Izquierdo de Dávila. Era su padre hombre de gran cultura, trabajador infatigable y con mucho espíritu de solidaridad social, cualidades que veremos resplandecer igualmente en el hijo. De su madre, solo diremos que reunía todas las virtudes que han hecho famosa y respetada a la mujer chilena. ¡Benditos hogares aquellos en que se aúnan tales condiciones, unidas a un acendrado cariño y a una mutua comprensión, porque de ellos retoñan los hombres que necesitan las colectividades para su progreso! Un viaje del padre por Europa con ocasión de un cargo público que desempeñaba, permitió al hijo grabar en su retina de niño imágenes que con el tiempo habían de serle seguramente de gran utilidad. Rica en virtudes, la familia Dávila-Izquierdo no lo era en bienes de fortuna, y, a la muerte de su jefe, se hicieron sentir en aquel hogar esas tribulaciones inherentes a cuando solo se hereda el recuerdo de un gran nombre y la obligación de llevar adelante la formación de una familia. Dando muestras del temple de su alma y de ese gran carácter que ha llegado a constituir la condición más relevante de su recia personalidad, nuestro nuevo colega no titubeó en encararse con la vida anticipadamente y, gracias a su ayuda material, pudo aquella distinguida familia salir airosa de tan aflictiva situación.

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Inició sus estudios de humanidades en el Liceo de Aplicación y los terminó en el Instituto Nacional. Junto con empezar sus estudios de leyes,-  que siguió con ejemplar dedicación hasta obtener su título profesional el 9 de Mayo de 1904,- tuvo la suerte de trabajar al lado de uno de los hombres mas austeros que ha producido este país y al cual tanto deben nuestro gremio y la colectividad: don Ismael Valdés Vergara. Creo no exagerar al decir que a tan ilustre personalidad debe don Oscar su formación profesional y no poco de su formación espiritual. El estudio profesional que de él recibiera en indiscutida herencia se ha mantenido inalterable en la línea de prestigio y de saber, y seguramente asoma a sus labios una sonrisa de satisfacción al contemplar las nuevas generaciones de su sangre que colaboran hoy a su lado y que sabrán conducirlo mañana por el mismo camino.

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Como lógica derivación de sus actividades profesionales, don Oscar formó parte de esa primera manifestación del espíritu gremial de nuestra Orden que se denomino Instituto de Abogados, habiendo llegado a alcanzar el honor de ocupar la Presidencia a continuación de los eminentes abogados y esclarecidos ciudadanos que se llamaron Ismael Valdés Vergara y Miguel Varas Herrera. Cuando en 1925 esa iniciativa privada se convirtió en el organismo de Derecho Público, que hoy existe con el nombre de Colegio de Abogados, el señor Dávila estaba indicado para ocupar un lugar entre sus dirigentes, y ahí lo tenemos hasta ahora, después de haber sucedido, a poco andar, en la Presidencia de su Consejo General a otro de nuestros distinguidos ex-profesores universitarios, don Carlos Estévez, recientemente elegido también miembro académico. Se me excusará, que no entre a referir la labor desarrollada por el señor Dávila en el Consejo General del Colegio de Abogados, porque entiendo que nuestro mas estimado Decano no me ha designado para reseñar en estos momentos la labor de dicho organismo: ¡ de tal manera se ha identificado don Oscar con el Consejo ! Solo recordaré, por ser obra común de aquel Consejo y de esta Facultad, la creación del Instituto de Estudios Legislativos, cuyos Estatutos el redactó.

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Si larga, fecunda y llena de meritos ha sido su labor profesional, no le va en zaga la que ha desarrollado en la docencia. Pagando tributo a una vocación que, según luego veremos, despertó en él muy temprano, se entrego durante cinco lustros, primero en la Universidad de Chile y después en la Católica, al servicio de este sacerdocio laico que significa enseñar y formar generaciones. De lo macho que sus ex-alumnos deben al que fue su Profesor de Derecho Civil, podrían dar testimonio seguramente varios de los que me oyen. De la huella que la vida universitaria y su obligado alejamiento han dejado en el espíritu del profesor, son elocuente demostración las palabras emocionadas con que nos ha regalado al comienzo de su disertación de esta tarde.

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Dándose de la mano el abogado y el profesor, podemos encontrar en la 'Revista de Derecho y Jurisprudencia' diversas notas o comentarios a algunos fallos de nuestros Tribunales Superiores de Justicia; estudios de crítica levantada que, junto con los de otros distinguidos colegas del Toro, han contribuido eficazmente a descubrir el verdadero sentido y alcance de la ley, como en el conocido caso de la interpretación del articulo 688 de nuestro Código Civil.

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Creo, señoras y señores, que todos estarán de acuerdo conmigo en considerar que el ejercicio de una profesión y el desempeño de una cátedra,- cuando, según hemos visto en el presente caso, aquélla se ejerce noble y dignamente, como una verdadera función social, y esta, con la dedicación y conciencia que me han inducido a calificarla de sacerdocio laico,- son bastante para justificar y llenar la vida de un hombre. Sin embargo, no ha quedado con ello satisfecho el anhelo de servir del señor Dávila, y ha ido a otros campos en busca de oportunidades par a ser aun más útil a la sociedad en que ha vivido. Es así como lo vemos ingresar, apenas salido de la adolescencia, a esa nobilísima institución que se denomina Cuerpo de Bomberos. Director efectivo de la 5.ª Compañía durante más de 20 años y después de haber servido en varias ocasiones el elevado cargo de Vice-Superintendente del Cuerpo, ostenta hoy con orgullo el título de Director honorario de aquella Compañía. Casi al mismo tiempo y en unión de otros jóvenes de aquella época, corno Julio Phillippi, Manuel Rivas Vicuña y Guillermo Eyzaguirre, -que pudieron confirmar después en la vida el elevado espíritu público que los animaba- fundó la Sociedad de Escuelas Nocturnas para Obreros, de la cual fue su Presidente. ¡Cuantas comidas a deshora, cuantos momentos sustraídos al descanso o al sueno, cuantos renunciamientos a fiestas propias de la juventud en aras de la realización de aquella obra de verdadero sentido de solidaridad social! En los últimos años, lo vemos formar parte de otra institución, que, desde distinto punto de vista, sirve igualmente a los fines de ayuda a las clases desamparadas y de mejoramiento de la sociedad. Aludo al Consejo de Defensa del Niño, del cual es Consejero Vitalicio. Su labor eficiente en dicho Consejo queda evidenciada con sólo recordar que a su iniciativa se debe la implantación del Consultorio Jurídico, como complemento obligado a las actividades de dicha; institución, para lo cual supo aprovechar la experiencia recogida en el Servicio de Asistencia Judicial del Colegio de Abogados. También el señor Dávila ha hecho sus incursiones por el campo de la política; pero de sus actividades de este orden solo nos es dado recordar en estos momentos su labor eficaz como Ministro de Industrias y Obras Públicas en el período presidencial de don Juan Luis Sanfuentes y durante el breve tiempo en que actuó la Junta de Gobierno que presidió el General don Luis Altamirano.

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Como habéis podido, ver, señores, múltiple ha sido la labor desarrollada por nuestro nuevo colega a través de su laboriosa vida; pero ninguna actividad parece haber sido más cara a su espíritu, y, en todo caso, ninguna puede hacerlo sentirse más cerca de nosotros que la de profesor universitario. Don Oscar ha sido y seguirá siendo profesor, aún después de haber abandonado la docencia activa en ambas Universidades. Buena prueba de ello la tenemos en el interesante trabajo que nos ha leído. Sabedor de que ante el Seminario de Derecho Público de nuestra Escuela se ha planteado una cuestión relacionada con la paternidad de nuestro Código Civil, acude a las bibliotecas, compulsa y campara textos, remueve, en suma, los orígenes de nuestra obra magna, y el académico nos trae aquí el resultado de las investigaciones del profesor: 'Todas estas razones, nos dice, nos inducen a pensar que el manuscrito de que se trata es una copia del Proyecto original, redactado por Bello y distribuido por él a los miembros de la Comisión de Legislación del Congreso Nacional'. Después de analizar y pesar con la debida atención los antecedentes invocados por el señor Dávila, nosotros no podemos menos que asentir a dicha conclusión, sin menoscabo, como ha cuidado el mismo de dejarlo establecido, de los ingentes meritos de don Mariano Egaña, y sin que ello obste a que sigamos con interés la laudable tarea del Seminario de Derecho Público en la búsqueda de nuevos antecedentes que pudieran hacer modificar aquella conclusión.

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Y, para terminar, séame permitido expresar al señor Dávila la complacencia de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, y, muy especialmente, la mía propia, por contarlo nuevamente entre nosotros, esta vez en el carácter de miembro académico de que desde estos momentos queda investido.