Artículo

  • Paralelo entre el Progreso de las Ciencias llamadas Naturales y el de las Ciencias Sociales

Resumen

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Abstract

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(ENSAYO)

Las ciencias, consideradas como el conjunto de los conocimientos humanos, obedecen, en general, a una ley constante de progreso.

Sin embargo, si consideramos, de una parte, el adelanto de las ciencias llamadas naturales, y de la otra, el de las ciencias sociales, podemos constatar, aún elementalmente, que el de las primeras supera al de las segundas.

El presente ensayo trata de sintetizar el hecho aludido y de explicar algunas de sus causas, y toma, al efecto, como ejemplos de las ciencias llamadas naturales, las Matemáticas, la astronomía, la Física, la Química y la Biología; y como ejemplos de las ciencias sociales, la Política, la Economía y el Derecho.

Las MATEMÁTICAS llenan siglos de historia con noticias más o menos confusas o incompletas sobre los estudios hechos por los egipcios, los babilonios y los árabes y con la obra ilusionada de Pitágoras que, junto con inventar la tabla de multiplicación y descubrir el teorema del cuadrado de la hipotenusa, afirma convencido que los números son lo esencial y que el cielo es el producto de la armonía y de los números.

Desde el siglo XVI hasta Einstein, que espera reducir las leyes más importantes de la naturaleza a una ecuación fundamental', las matemáticas avanzan de continuo, dejándonos en su camino de progreso, exponentes de tan notoria valía como Leonardo de Vinci, que considera la necesidad, maestra de la vida, como causa primera de la certeza matemática; Ferrens, que soluciona las ecuaciones de tercer grado; Bombelli, que trata de los elementos radicales reales e imaginarios con relación a los números; Neper, que inventa los logaritmos; Descartes, que crea la geometría analíndonos en su camino de progreso, exponentes de tan notoria valía como Leonardo de Vinci, que considera la necesidad, maestra de la vida, como causa primera de la certeza matemática; Ferrens, que soluciona las ecuaciones de tercer grado; Bombelli, que trata de los elementos radicales reales e imaginarios con relación a los números; Neper, que inventa los logaritmos; Descartes, que crea la geometría analítica; Pascal, que plantea el teorema que lleva su nombre, formula la teoría de las combinaciones y escribe numerosas obras de importancia; Leibniz, que da a conocer el cálculo diferencial e inventa el cálculo de operación, el cálculo geométrico y el axioma de la congruencia; Wallis, que escribe la Aritmética de los infinitos; Newton, que formula la teoría del cálculo infinitesimal y recopiló los conocimientos algebraicos de su época; y, por fin, los matemáticos modernos que, en la cátedra o en las sociedades científicas, perfeccionan métodos, exponen teorías y apartan a su ciencia un valioso concurso, llenando de fecunda labor el espacio de tiempo que separa las vidas de Newton y de Einstein.

La ASTRONOMÍA, que tiene su cuna romántica en las supersticiones del astrólogo, alcanza, en el siglo XVI, el rango de mía ciencia exacta con la teoría planetaria de Copérnico, revolucionadora de las ideas dominantes durante siglos, basadas principalmente en el sistema de Ptolomeo.

Le siguen como investigadores que establecen época: Kepler, que descubre las leyes del movimiento de los planetas; Galileo, que formula la doctrina de las máquinas simples, inventa el compás proporcional, encuentra las agrupaciones estelares de la vía láctea, y las fases de Saturno, Venus y aliarte, diserta sobre las manchas solares y descubre, por fin, el movimiento de la tierra; Cortés, que separa los meridianos astronómicos y magnéticos; Newton, que descubre la ley de la gravitación universal, inventa el sextante de reflexión para observar las distancias entre la luna y las estrellas fijas y publica un tratado de óptica; Laplace, que hace una exposición sobre el sistema del mundo, perfecciona las tablas astronómicas y establece la doctrina sobre los movimientos de Júpiter y sus satelites; Lorents, que afirma la presencia del éter en estado de reposo en todas partes; y el conjunto de sabios que, en la época actual, intranquilizan, aún más si cabe, la conciencia del mundo, con el estudio de las posibilidades de una vida animal en otros planetas y con las exploraciones de la estratosfera, vía posible de inmensa unión humana.

En la FÍSICA, cinco siglos antes de Jesús, Anaxágoras, insinúa la ley de la conservación de la materia y la energía, y establece algunos de los fundamentos de la mecánica; y Democrito, vislumbra la teoría atómica.

Entre el Renacimiento y nuestros días, Leonardo da Vinci, crea las teorías del plano inclinado y de la acción capilar, y estudia la hidráulica y la óptica; Fletcher, explica la formación del arco iris por la refracción de la luz; Gilbert, escribe sobre el magnetismo; Guillén, construye la brújula de variación; Slevin, adelanta en el estudio de la estática; Escribano, diserta sobre la fuerza del vapor de agua; Descargues, calcula los engranajes; Castelli, explica la teoría de las corrientes de aguas; Van Helmont, demuestra la existencia de los gases; Descastes, expone la ley de la refracción de la luz y plantea la teoría ondulatoria; Faraday descubre la rotación electro-magnética y la inducción eléctrica, formula la teoría de la traslación del fluido eléctrico por la polarización, y exhibe como formas distintas de una misma fuerza natural, la luz, el calor y la electricidad; Maxwell, plantea la hipótesis electromagnética de la luz; Rôentgen. descubre los Rayos X; Edison, perfecciona las trasmisiones telegráficas, y crea, entre otras cosas, el fonógrafo y la lámpara eléctrica incandescente; Marconi, concibe la telegrafía sin hilos; y Einstein, formula transcendentales teorías sobre electrodinámica, inercia y mediciones de la energía, y despoja los conceptos fundamentales del tiempo ~y el espacio del prejuicio tradicional que los envuelve para demostrar que sólo constituyen una forma de nuestro modo de pensar.

La QUÍMICA, dejando atrás la ciencia de los árabes con Djeber, Rhazes, Calid y Artéphius y sus conocimientos sobre el agua fuerte (ácido, nítrico), la piedra infernal (nitrato de plata), el sublimado corrosivo (percloruro de mercurio), la destilación y la cristalización; y olvidando la Alquimia sentimental de Alberto el Grande, Santo Tomás de Aquino, Alfonso X y Raimundo Lidio, llega a los tiempos de Paracelso-Bombast de Hohenheim-, para quien la química representa la única solución de todos los problemas de la fisiología, la patología y la terapéutica; Agrícola, que representa la química metalúrgica del siglo XVI; Palissy, que aplica a la química el método experimental; Porta, que trata los venenos; Boyle, que bordea el descubrimiento de los equivalentes; Brand y Kunckel, que descubren el fósforo; Lefébre, que escribe el primer tratado de Química (1660); Homberg, que trabaja sobre la saturación de los ácidos por los álcalis; Bernouille, que recoge el ácido carbónico; y Stahl, que estudia los cuerpos combustibles y descubre muchas de las propiedades de los ácidos.

En lo que pudiéramos llamar la química moderna, contamos a Lavoisier, que descubre el oxígeno; Faraday, que licua el ácido carbónico y el cloro; Berthelot, que dedica sus actividades a la química orgánica, prepara el alcanfor, estudia las materias grasas y los azúcares, plantea la teoría de los alcoholes poliatómicos, obtiene los hidrocarburo, los alcoholes etílico y metílico, el benzol y la naftalina, prepara el acetileno, y hace avanzar considerablemente la termoquímica; y, por fin los químicos del día que, con sus teorías, amenazan cambiar las bases mismas de esta ciencia, y, con sus aplicaciones prácticas, revolucionan la industria, animan la guerra y despojan a la naturaleza de múltiples secretos sobre las propiedades generales de los cuerpos.

La BIOLOGÍA, principalmente en la rama de las Ciencias Médicas, que tomamos en este caso como ejemplo, cumple la ley del progreso aún más que la Física y la Química.

Olvidados el hombre primitivo que confunde la vida con el movimiento, y vé en la enfermedad sólo la obra de un espíritu maligno a quien necesita aplacar por medio del sacrificio o de la ofrenda; 'algunas citas, más literarias que científicas; y muchas ideas, casi todas erróneas, de las llamadas Medicina Egipcia, Sumeriana y Oriental, llegamos a las dos cúspides de la Medicina Griega: Hipócrates (460370 antes de J. C. y Galeno (131-201 después de J. C.). Hipócrates funda el método clínico inductivo, establece la, patología humoral, describe, entre muchas otras enfermedades, las fiebres, la tisis, la septicemia puerperal y la epilepsia, y nos deja, numerosas obras de raro mérito. Galeno, a su vez, señala los síntomas de las inflamaciones, hace el diagnóstico diferencial entre la pneumonía y la pleuresía, describe el aneurisma y las formas de la tuberculosis y sintetiza curiosos resultados sobre los sistemas nervioso, respiratorio y de la circulación.

Puede decirse que la ciencia de Hipócrates y Galeno constituye el elemento de mayor importancia durante los dieciséis siglos que les siguen, y que impera con escaso contrapeso, en el período de la Medicina Mahometana y Judía (732-1096); en el oscuro y largo tiempo medioeval (1096-1438) ; y aun en aquellos primeros años del Renacimiento (1453-1600) en que, por excepción, aparecen algunos nombres ilustres como los de Linacre, Rabelais, Paracelsus, Servetus, Fallopio y Paré.

El siglo XVII marca el principio de lo que pudiera llamarse una ciencia médica moderna y nos ofrece el aporte de estudiosos individuales tan notables como Harvey, que descubre la circulación de la sangre; el jesuita Kircher, que emplea por primera vez el microscopio en la investigación de las causas morbosas; van Leeuwenhoek, que estudia los espermatozoides; Malpighi, que funda la histología y demuestra la verdadera naturaleza del tejido pulmonar; Redi, que refuta la idea de la generación espontánea; Kepler, que formula la teoría física de la visión; van Helmont, que reconoce la importancia fisiológica de los fermentos y los gases; Graaf, que estudia el páncreas y sus secreciones; Mayou, que localiza el calor animal en los músculos; Sydenham, que estudia las epidemias y trata enfermedades cómo el paludismo, la gota, la escarlatina, la bronconeumonía y el histerismo; Wren, que aplica, el primero, las inyecciones; Wiseman, que describe la tuberculosis de las articulaciones y la gonorrea; y Mauriceau, van Deventér y van Roonhuyze, que realizan una importante labor en el campo de la obstetricia.

El siglo XVIII se caracteriza, a su vez, por la exposición de teorías y sistemas, y hace su aporte. al progreso en estudios tan curiosos o importantes como los relativos a la nomenclatura binominal de la ciencia-Linné-; la identidad del alma y de la fuerza vital-Stahl-; el vitalismo, llamado de las 'cuatro B', -Bordeau, Barthez, Bichat y Bouchut-;la irritabilidad como una propiedad específica de los tejidos vivos-Cullen, Hoffman y Brown-; la teoría miogénica de la acción del corazón -von. Haller-; las enfermedades profesionales y la higiene de los oficios-Ramazzini-; la higiene publica-Frank-: la morfología experimental Réaumur, Spallanzani y Trembley-; la electro-fisiología- Galvani y Volta-; la teoría de la respiración, apoyada en el descubrimiento de los diversos gases de la atmósfera -Blak, Priestley, Lavoisier y Magnus-; la teoría de la generación-Wolff-; la arteriosclerosis -Scarpa-; el tratamiento de los aneurismas y el distingo entre los chancros duro y blando-Hunter y Abernethy-; la percusión inmediata del tórax en la diagnosis-Auenbrugger-; y la inoculación preventiva contra la viruela-Jenner-.

El siglo XIX trae consigo un bagaje de conocimientos mayor que el de los dieciocho siglos precedentes; Laennec, inventa el estetóscopo y aporta un valioso concurso al estudio de las enfermedades del corazón; Pinel, trata, por primera vez, a los enajenados mentales como seres humanos; Ricord, destruye las teorías de Hunter sobre la identidad de la gonorrea y de la sífilis; William, funda la dermatología moderna; Addison, estudia las enfermedades de las cápsulas suprarrenales; Parkinson, describe la parálisis agitante, enfermedad que toma su nombre, y refiere el primer caso de apendicitis -en Inglaterra-; Braid, trata el magnetismo animal y da un aspecto científico al estudio del hipnotismo; Schónlein, funda la enseñanza clínica moderna en Alemania; Hoslmes, trabaja con éxito en la fiebre puerperal; Bichat, crea la anatomía descriptiva; Schwann, publica su obra clásica sobre la teoría celular; Henle, establece el conocimiento moderno sobre los tejidos epiteliales; Remak, descubre las fibras nerviosas que llevan su nombre; Poiseuille, realiza sus celebres estudios sobre la presión de la sangre; Hall, establece el distingo entre la acción voluntaria y los reflejos inconscientes; Broca, funda la antropología moderna; Collins Warreat y Bigelow, difunden la anestesia por el éter; Darwin., escribe sobre el origen de las especies por medio de la selección natural; Haeckel, produce sus estudios morfológicos; Mendel, Hering, Galton y Weismann, estudian la herencia; du Bois Raymond, funda la electrofisiología; Fritsch e Hitzig, establecen la excitabilidad eléctrica del cerebro; Wundt, funda la psicología experimental; Bernard, establece la medicina experimental y la producción artificial de las enfermedades por medio de manipulaciones físicas o químicas; Pavloff, precisa la relación entre el sistema nervioso y las secreciones salivar, gástrica y pancreática; Liebig, Wohler, von Voit, Pettenkofer, Magendie, Bischoff y Rubner, estudian el metabolismo; Brown-Sequard, prosigue la obra de Bernard e inicia la teoría de las glándulas sanguíneas y de las secreciones internas; Ludwig, aporta un nuevo contingente al estudio de la circulación; Virchow, funda la patología celular; Pasteur, crea la bacteriología moderna; Koch, descubre el basilo de la tuberculosis; Metchnikoff, formula su teoría de los fagocitos; Smith, realiza el primer experimento de inmunización; Lord Listo, trabaja sobre la histología de los músculos y hace progresar notablemente el empleo de los antisépticos en cirugía; Hutchinson, diserta sobre las causas de la lepra; Villemin, demuestra que la tuberculosis es una infección específica, debida a un agente invisible, inoculable y trasmisible; Morgan Rotch, trata científicamente la nutrición infantil; Charcot, da notable impulso al estudio de las enfermedades mentales; Krafft-Ebing, escribe sobre cuestiones sexuales; y Pettenkofer, funda la higiene experimental.

Por fin, los treinta y tres años corridos del siglo en que vivimos nos señalan tan asombrosos progresos, que parece que fueran a crear una ciencia médica distinta de la conocida hasta fines del siglo XII. Se desarrolla la cooperación nacional e internacional para el estadio de la medicina; el método descriptivo es reemplazado por el método experimental; las teorías vitalistas sucumben bajo el peso de numerosas investigaciones de laboratorio; la teoría de loa hormones, verdaderos mensajeros químicos que, por medio del aparato circulatorio, van desde los órganos y las glándulas a otras partes del cuerpo, revoluciona mucho de los conceptos existentes; se señala la correlación de las secreciones internas se estudia la síntesis de las proteínas; el psicoanálisis empieza a ser un poderoso auxiliar en la investigación y el alivio de muchas formas de perturbación mental; las investigaciones sobre aerología y las reacciones de inmunidad revisten cada día mayor interés se acentúa el criterio de dirigir principalmente la preocupación del clínico a la terapéutica, quitando al diagnóstico la prepotencia dogmática que tiene; se establecen las clasificaciones fisiopatológicas tomando como base el concepto de la unidad de origen y no los diferentes tipos; la sífilis huye en desbandada ante tratamientos terapéuticos cada día más eficientes; se estudian las regulaciones vegetativas; se formulan importantes conceptos sobre las relaciones que existen entre la individualidad profunda y la cortical; crea la biotipología ; y se estudian los equilibrios físico-químicos de la sangre.

Excusado parece decir que el progreso realizado por las ciencias médicas se traduce ya positivamente en una disminución de la mortalidad y en una reducción considerable de aquellos flagelos que en siglos pasados azotaron a una humanidad aterrorizada e impotente.

Tanto nombre ilustre, tanta conclusión valiosa, progresó tanto, en suma, que, respecto a las ciencias llamadas naturales pueden mostrarse en una forma casi esquemática, tienen en, las ciencias sociales aspecto diverso.

La POLÍTICA, considerada como la ciencia y el arte del gobierno de los hombre, nace en el momento en que éstos se unen para luchar mejor; y se perfecciona con la constitución del Estado, que representa esa unión más o menos organizada.

El estado supone como primer elemento la población, que establece de hecho, pacta o acepta ciertas normas primeras para la mejor realización de sus fines. Posteriormente, algunas funciones domésticas y la institución de la propiedad reclaman una vida estable que da origen al territorio, o porción de tierras donde imperan obligatoriamente las normas establecidas, que podemos considerar como el segundo elemento del estado.

La población y el territorio como conceptos de organización política, son enriquecidos con la formación de las ciudades, que significan una mayor población en un territorio más reducido, son causa de notables progresos materiales y dan origen a varias instituciones de orden público. Tan cierto es este criterio que los personajes de la sociedad primitiva antes de vanagloriarse con el poder, lo hacen con el mérito de ser fundadores de ciudades.

El establecimiento del estado exige, por fin, el obedecimiento de los asociados a una autoridad común que, en un principio, es la asamblea general o reunión de los propios asociados que se juntan cuando es necesario y discuten asuntos guerreros, políticos, jurídicos y hasta privados; y después un jefe, cuya actuación imponen, generalmente, las necesidades de orden militar, la fuerza, el parentesco, la, convención o el dominio de la tierra más o menos ligado a los otros factores.

No obstante el reemplazo de la autoridad de las asambleas generales por la de un individuo, aquellas se desarrollan, por su parte, y llegan a constituir un distingo entre el poder general y absoluto del jefe y los poderes locales y legislativos, concepto que, aunque no despoja al jefe de la facultad de legislar conjuntamente con las asambleas, significa un progreso de consideración en el campo político.

La autoridad de las asambleas generales, sea que actúen como tales o como asambleas representativas, se complementa en alguna época con la autoridad de grupos más restringidos llamados por el jefe o impuestos por las circunstancias, y formados por hombres de edad o experiencia a quienes conviene oír, consultar o pedir ayuda en el ejercicio del poder. Tal es el origen de los senados (de senex, anciano), las asambleas aristocráticas y los consejos del soberano.

La facultad de administrar justicia es ejercida, primero, por las asambleas generales, como depositarias de la suma del poder público; después por el jefe; y, por fin, por sus delegados. El poder judicial sólo se independiza como tal cuando los poderes ejecutivo y legislativo del soberano y de las asambleas alcanzan una larga vida y evidente perfeccionamiento.

Alrededor del concepto de estos tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial, reunidos en un solo grupo o persona o separados; ejercidos en forma despótica y absoluta o sometidos a determinados controles y garantías; presentados como gobierno patriarcal, monárquico absoluto, monárquico constitucional o republicano, gira la ciencia política entre la época primitiva y nuestros días.

Parece que la humanidad incansable para progresar en el campo de las ciencias naturales, se fatigara de hacerlo en el de la política: ni una idea fundamentalmente nueva o mejor; ni un concepto verdaderamente revolucionario; lo que es peor, el retroceso de siglos, en plena época actual, a los gobiernos de hecho, las dictaduras personales o colectivas y la demolición de instituciones y garantías que en todo caso constituyen un progreso, como único intento de solución de los problemas políticos que afligen a los hombres.

Si miramos la política desde otro punto de vista, encontramos su campo dividido en dos ideologías fundamentales: el individualismo que tiende a la libertad, a la abstención del estado en las iniciativas del individuo y a radicar en éste el mayor número de actividades; y el colectivismo, que aspira a la limitación de las actividades individuales y al desarrollo de las sociales.

El individualismo nos ofrece, a su vez, dos regímenes claros: el liberal, cuyas concepciones representan la ideología individualista propiamente dicha, la del origen, la vida y la obra de la Revolución Francesa; y el anarquista, que en la ponderación del individualismo, llega a negar la necesidad del estado, de la propiedad y de las leyes como instituciones políticas y sociales.

El colectivismo cobija, por su parte, antagónicas y apasionadas tendencias: el sindicalismo, que trata de organizar los individuos según sus actividades o intereses a fin de realizar como unidad política la corporación en lugar del individuo; el socialismo integral, que aspira al régimen democrático amplio, al establecimiento del capital colectivo, a, la organización cooperativa del trabajo y a la confraternidad internacional; el socialismo agrario, que recomienda la socialización de los bienes raíces por la expropiación o por un impuesto de importancia sobre la renta; el socialismo del estado, que respeta la propiedad privada, pero da al estado el control de los capitales, la producción, la distribución y el consumo de la riqueza, convirtiéndolo en un regulador de las actividades sin perjuicio de las iniciativas del individuo; el comunismo, que aspira a la comunidad de bienes y personas y a la abolición de la libertad individual y del derecho de propiedad privada, entregando al estado las facultades de repartir el trabajo y sus frutos; y que, todavía, admite distingos entre el comunismo extremo que no acepta ninguna clase de propiedad pública ni privada; el comunismo positivo absoluto que admite la propiedad pública y niega la privada; y el comunismo positivo moderado que admite la propiedad pública, y la privada sólo sobre los bienes de consumo, quedando los bienes afectos a la producción como propiedad exclusiva de la comunidad; el bolchevismo que, dentro de la ideología comunista pretende la constitución de un estado cuyos poderes deben ejercer sin contrapeso la mayoría de los diputados, obreros, soldados y campesinos; y el fascismo, que representa un ideal nacionalista con finalidades económicas de progreso y de mejoramiento social, con desprecio del factor evolutivo en razón de su lentitud y posposición de la idea de derecho a la de fuerza.

La síntesis hecha demuestra que la política está lejos de progresar. En cuanto al gobierno propiamente dicho, tiende a retroceder siglos sin otra razón visible que la audacia de unos pocos, la indiferencia de los más y la incompetencia general; en el orden ideológico vaga apasionada y confusa entre los términos más extremos; y, en el conjunto, vacila, se desprestigia y desatiende el cumplimiento de sus verdaderas finalidades, cuales son dirigir justa, eficiente, y humanamente la inmensa masa de hombres que hoy la desprecia o la combate precisamente porque no cumple sus fines.

La ECONOMÍA, palabra que done su origen en las voces griegas oikos (casa) y nomos (ley, orden, regla), significa el orden, en la casa. Aunque este concepto general se limitó, en un principio, al orden en los bienes, o sea, a los medios con que el hombre satisface sus necesidades, luego fue aplicado a la economía de la dudad, la economía nacional y la economía universal.

Generalmente, se habla de Economía Política y Economía Social.

La Economía Política comprende el estudio de la producción, circulación, distribución y consumo de la riqueza o de los bienes. Dentro de la producción, se refiere a la na-

turaleza, la propiedad, el capital, la inventiva y el trabajo; respecto de la circulación, alude el valor, el precio, la moneda y el crédito; en la distribución, contempla el interés y el salario; y con relación al consumo, se refiere a sus diversas clases y, en algunos casos, a los impuestos, el ahorro y el seguro.

La Economía Social, considerada como la ciencia de la justicia social, aspira al orden que es base de toda economía, considerando principalmente el factor humano y tratando de dar a cada uno lo que le corresponde. Desde esta punto de vista ha sido la inspiradora de la legislación del trabajo, y ha establecido en ella los principios de justicia que deben regirlo, y la protección del trabajador en su salud física y moral, su seguridad, su salario, sus derechos de asociación, su dignidad, su invalidez, su ancianidad, su cesantía y el porvenir de su familia.

Refiriéndonos a la Economía Política debemos reconocer, dentro de una generalización de ideas, que la mayor parte de los problemas económicos se desarrollan alrededor de los conceptos de capital y de trabajo, y que éstos, a su vez, no son sino una consecuencia del principio de la propiedad individual.

Parece evidente que el concepto de propiedad nació antes que toda ley, como propiedad comunal, mientras la inseguridad hizo necesaria la salvaguardia de los bienes por la tribu, y como propiedad individual, cuando el orden y la paz se consolidaron y la industria empezó a ofrecer un rendimiento al trabajo del hombre.

El establecimiento de la propiedad individual trajo consigo la diversificación de funciones entre el dueño, la labor intelectual y la labor manual, capitalista, empleado y obrero, y dentro de esta trilogía, a la cual se agrega en época moderna 'la inventiva' (labor intelectual de más vastas proyecciones), se desarrolla en sus grandes líneas, durante siglos, el régimen económico de la humanidad.

El concepto de la propiedad individual significó progreso, pero ha implicado también abusos y rémoras. Sirvió de primera y principal base a la idea del Estado, o sea, a una organización política más perfecta; creó gran parte del derecho civil, ya que dentro de la propiedad comunal mal pudieran concebirse la herencia, el arrendamiento, la compraventa, las servidumbres, el comercio ni los contratos, en

general; trajo consigo el principio de la responsabilidad personal en materia penal, porque en la época de la propiedad común es la tribu y no el individuo quien paga o compone el daño causado por el delito; y ejerció notable influencia en la organización de la familia si se tiene presente que la primitiva comunidad de bienes llevaba consigo la comunidad en las mujeres y la necesidad de los parientes de vivir bajo una férula ineludible y única, y que. la posibilidad para el individuo de formarse un peculio con su esfuerzo, produjo la emancipación de los adultos, la dignificación de la madre y el término o modificación de despóticos poderes.

Sin embargo, junto a dichos progresos la institución de la propiedad privada ha traído consigo inconvenientes cuyas consecuencias palpamos. La fuerza y el espíritu de conquista colocaron en manos de pocos el dominio de vastos territorios; enseñoreados aquellos de la tierra no tardaron en enseñorearse de las conciencias y las vidas, y, adueñados, por fin, del Estado, trataron de conservar la base de su poderío que fue la propiedad, creando instituciones como los mayorazgos, beneficios, fideicomisos perpetuos y otras conducentes a asegurarla en limitado número de personas. Esta situación permitió a los vencedores la acumulación de capitales, y cuando el desarrollo de las industrias creó la riqueza mueble y ésta pareció disputar a la tierra su predominio político y social, la lucha fue más aparente que efectiva porque el capital se había identificado con el suelo, y el viejo cisma se mantuvo. Siglos transcurren para que las democracias empiecen a obtener para el individuo la igualdad teórica en las posibilidades de ser propietario y capitalista y para que esta vasta y trascendental concepción llegue a sentir la asfixia producida por su propio crecimiento.

La institución fundamental de la propiedad privada y la diversificación de funciones que trajo consigo entre capitalistas, empleados y obreros constituyera, pues, la verdadera base de la Economía Política. Los problemas relativos al valor, los precios, la moneda, el crédito, los intereses, el consumo, los impuestos, el ahorro, el seguro, etc., así como los de la economía dirigida y otros análogos, resultan simples consecuencias de aquella institución y esas funciones, cuyas características básicas permanecen idénticas a lo que fueron hace siglos.

La Economía Política no ha cumplido la ley del progreso, y frente al adelanto científico del mundo sólo puede ofrecernos la visión de un régimen capitalista que se quebranta, de una humanidad que no puede atender a sus necesidades de un modo equitativo y de la impotencia de los hombres para aprovechar las conquistas científicas alcanzadas en hacer una vida económica mejor.

Sin embargo, no sería justo aplicar el mismo criterio a la Economía Social. Su obra, la legislación del trabajo, si bien no ha alcanzado todavía el desarrollo y perfeccionamiento que es de desear, significa ya un cuerpo de leyes para quienes más lo necesitaban, porque no tenían ninguno. Las legislaciones civil, comercial y de minas, la mayor parte del derecho constitucional, administrativo e internacional, y las leyes de procedimiento, en sus nueve décimas partes, dicen relación directa o indirecta con los bienes, y, en consecuencia, sólo resultan aplicables en dicha proporción a quienes los poseen. La inmensa masa anónima, mantenida en la ignorancia durante largos años, olvidada en sus necesidades más premiosas, atropellada, muchas veces, en sus derechos, y abandonada, dentro de una aparente libertad de trabajo, a los abusos del capitalismo, no tenía otro contacto jurídico posible que el del Código Penal. Esa masa reclamaba una legislación; la Economía Social se la ha dado en parte; y en cuanto se la ha dado significa un progreso.

El DERECHO tiene, sin duda, su origen en la costumbre.

Las investigaciones de Lubbock demuestran claramente que el pretendido estado primitivo de naturaleza atribuido a los salvajes, no constituye sino una de las tantas ideas románticas del siglo XVIII, y que toda la vida de aquellos pueblos, incluso sus relaciones sexuales, estaban reglamentadas por usos, prácticas y costumbres de carácter inviolable. Si consideramos, por otra parte, de acuerdo con los estudios modernos sobre el inconsciente, que la repetición de los hechos forma los hábitos, llegamos a comprender cómo el salvaje, indómito pero sin imaginación, en razón de repetir las cosas crea sus hábitos, y como, creados éstos, se convierten primero en normas personales y después en conceptos colectivos tan sólidos como los hábitos personales mismos.

Cuando, en un estado más avanzado de civilización o en razón de modalidades especiales, el grupo realiza la legislación escrita, ésta resulta una simple copia de la costumbre que sigue actuando al margen de aquella, y, en cierto modo, la corrige, la complementa, la adecua, la resfuerza o la suplementa Tal ocurre, por ejemplo, en la ley de Gortinia, el Código de Manú, las Doce Tablas, la ley Sálica, el Código de las Bergundas, el Pactus Alamannorum, las leyes de los Lombardos, el Código de Dracon, etc.

Tan arraigada está la costumbre en el ánimo de los pueblos que, cuando el legislador dicta reglas que no se amoldan a ella, o sea, cuando hace derecho artificial, tiene que apelar a la especie de haber recibido su inspiración o texto de la propia divinidad.

Las primeras legislaciones escritas no significan, pues, sino un progreso relativo en la evolución del derecho; y, llevara consigo los mismos defectos del derecho consuetudinario, y saber, la confusión entre lo civil y lo penal, lo público y lo privado, lo profano y lo religioso, lo general y lo particular; la extensión del orden jurídico a actividades que son de orden privado, como las creencias y los actos que no suponen interés ni peligro de terceros o del orden social; y la irreformabilidad de los preceptos dictados.

En época posterior diversos factores concurren a perfeccionar el derecho: los fallos judiciales, que aun contrariando los principios, muchas veces adaptan; modifican o desarrollan el derecho; por ejemplo, los edictos de los pretores romanos que suplantan el derecho civil y el derecho procesal de las Doce Tablas; las opiniones de los jurisconsultos, que interpretan la ley escrita o la costumbre y las amoldan a las necesidades de la época y a sus particulares circunstancias; por ejemplo, las Institutas de Justiniano, que constituyen propiamente una recopilación de elementos de Derecho Romano compuestos por varios jurisconsultos y de las doctrinas de Modestino, Gaius, Papiano, Paulo y Ulpiano, que forman las Pandectas o Digesto; y los conceptos de equidad, puestos en práctica para suplir las deficiencias del derecho consuetudinario o escrito; por ejemplo, el derecho de las Doce Tablas o jus civile insuficiente por el rápido crecimiento del Imperio, es complementado con el jus gentium que entra a regir las situaciones de hecho y la vida jurídica de los extranjeros, sirviéndole de bases la equidad y la razón natural.

Por fin, llega un período en que el legislador, además de dictar la ley fundándose en la costumbre, sus interpretaciones, la opinión de los jurisconsultos y la equidad, apela a la necesidad social, y dentro de este orden de ideas consagra disposiciones ajenas a la costumbre y aun contrarias a ella. Sólo en este momento empieza la ley a ser fuente de derecho.

La ley fundada en la costumbre vigente, o más bien dicho, la costumbre vigente escriturada en ley raramente ofrece dificultades en su aplicación; pero la ley que pudiéramos llamar artificial, suele ofrecerlas. Si esa ley se funda en principios jurídicos tradicionales que bien pudieran corresponder a una costumbre de su época, pero no a la costumbre de hoy, cae en desuso; si se limita a proteger intereses particulares o creados, con perjuicio de los intereses generales, se desprestigia; si se une exclusivamente a principios morales o religiosos con olvido dé las leyes generales que rigen la vida, es violada; y si no contempla las verdaderas necesidades sociales en toda su complejidad y extensión, resulta incompleta o inútil, cuando no perjudicial.

Se comprende que siendo la ley una expresión de la costumbre, siempre lenta en evolucionar; o una expresión del criterio del legislador en relación con las necesidades sociales de una época y un medio dados, siempre expuesto a errores, prejuicios, incomprensiones o abusos, el progreso del derecho sea demoroso y difícil.

No obstante, mal pudiera decirse que el derecho no ha progresado. Desde el punto de vista del Derecho Constitucional, los gobiernos arbitrarios y despóticos son reemplazados por poderes organizados y sujetos a reglas y controles; el establecimiento de los parlamentos significa un paso político de importancia; la abolición de la esclavitud, la igualdad ante la ley y las garantías constitucionales substituyen las prácticas bárbaras de siglos anteriores; la proporcionalidad en las cargas tributarias implica una reacción contra graves abusos; y las reglas establecidas para la dictación y revocación de las leyes han ganado considerablemente desde el punto de vista de la seguridad social. En el Derecha Administrativo, la técnica y la organización han sido puestas al servicio de las actividades del Estado. En el Derecho Penal, nace el concepto del delito, que no existía en los pueblos primitivos; la venganza privada primero se reglamenta, y después se extirpa, desaparece la mancomunidad penal; la sanción, las indemnizaciones civiles y la multa aplicadas por la autoridad, reemplazan las composiciones pecuniarias de carácter privado; se establece el principio de lo no retroactividad de la ley, se humanizan las penas y se las proporciona. y adecua a las infracciones que castigan; se determinan las garantías del inculpado y sus medios de defensa; se fijan los delitos y sus circunstancias con arreglo a normas que tienden a perfeccionarse; se estudian las causas de la criminalidad con espíritu científico y se avanza en las ideas de prevención contra el delito. En el Derecho Procesal, se dan normas fijas e iguales para que los individuos reclamen sus derechos; se establecen garantías adecuadas para las partes; y se simplifican las tramitaciones. En el Derecho Civil, se limitan los poderes arbitrarios que otorgaba la patria potestad; se establece la sucesión testamentaria; se determinan los modos de adquirir el dominio; se legisla acerca del derecho de propiedad; y se definen, clasifican y reglamentan los contratos y las obligaciones. En la rama Comercial, se determinan los actos de comercio; se crean los instrumentos de crédito, que facilitan el intercambio de los productos y las operaciones mercantiles; y se da notable impulso a la legislación sobre sociedades, favoreciendo el movimiento comercial moderno y con temporáneo. En el Derecho internacional se precisan los conceptos de soberanía y los derechos y deberes de los Estados como personas internacionales; se facilita la celebración de tratados; se crea el derecho internacional privado; y se reglamenta el comercio y el tráfico entre los países. Y, por fin, nace el Derecho del Trabajo con sus conceptos de justicia social.

Sin embargo, al lado de las conquistas señaladas quedan en pie como expresiones de una época de barbarie, entre otras, el retroceso de las instituciones constitucionales a los gobiernos de hecho o a regímenes personales o colectivos casi absolutos; los abusos del parlamentarismo; las complicaciones, costos y deficiencias de la administración pública; el aumento de la criminalidad y de la reincidencia; la cuestión, hasta hoy pendiente, sobre la indisolubilidad del matrimonio y la mejor constitución de la familia; los regímenes absolutos de propiedad privada; los errores y vacíos de las legislaciones bancaria, comercial y tributaria; el fracaso del arbitraje como medio de solucionar las dificultades entre los pueblos; la paz armada y la vergüenza de la guerra. .

El resumen elemental anteriormente realizado, deja testimonio claro de un hecho: que las ciencias llamadas naturales han progresado notoriamente más que las ciencias sociales, por lo menos, dentro de las grandes clasificaciones señaladas que, aunque incompletas, son las de mayor importancia y trascendencia.

Mientras las matemáticas y la astronomía se sienten estrechas dentro de los conceptos fundamentales del tiempo y el espacio y se lanzan en especulaciones cada vez mas atrevidas; la física descubre la electricidad, vence la distancia y aprisiona las ondas; la química arranca a los cuerpos sus propiedades más secretas e importantes y revoluciona la industria; y la biología descubre las leyes principales de la vida y lucha victoriosamente contra la enfermedad, ¿qué ocurre en el campo de la sociología? En la política, ensayos, timoratos unos, audaces otros, pero ninguno convincente; en la economía, incomprensiones y fracasos; y en el derecho, ceguera, impotencia y desprestigio.

La desventajosa situación en que, se encuentra la Sociología dentro del progreso de las ciencias en general, entraña tanto más cuanto más se destacan los estímulos v ayudas que ha recibido, sobre todo en los campos de la Política y el Derecho. Las Religiones y las armas las fuerzas espirituales y brutas-fueron sus madrinas; emperadores, teólogos y juristas fijaron sus pautas y prepotentes capitanes las impusieron a los hombres como verdades absolutas, en los mismos tiempos en que los matemáticos y los astrónomos, los físicos y los químicos eran perseguidos como hechiceros, y en que la medicina, despectivamente llamada la física o el arte de curar, era ejercida solamente por personas de modesta condición.

Las causas del mayor progreso de las ciencias llamadas naturales con relación a las ciencias sociales, son variadas y complejas. Por vía de ensayo, es posible señalar algunas entre las siguientes:

Primera.- La mayor complejidad y dificultad que tienen la investigación, el estudio y la aplicación práctica de las conquistas alcanzadas, en el campo de las ciencias sociales.

Segunda.-La subordinación de la sociología, en general, a las ciencias llamadas naturales; y la necesidad del progreso de éstas para realizar el de aquella. Esta observación no sólo es aplicable al caso presente, sino también a otros más simples. Así, los adelantos de la biología suponen los de la física y la química, y los de estas ciencias, los de las matemáticas y la astronomía porque los conocimientos -humanos se encadenan según su dependencia y no es posible esperar el progreso de los últimos sin que se produzca el de los primeros.

Tercera.-La escasa ilustración general del legislador, defecto que hace que las conquistas científicas no sean consideradas por la ley sino cuando alcanzan un grado de vulgarización considerable, o sea, muchas veces, largos años y, aun, siglos después de su realización.

Cuarta.-La gran pretensión de los juristas, que ven en el Derecho un todo acabado y perfecto que se transmite de generación en generación, desde hace veinticinco siglos, y que no tiene por qué someterse a los progresos de las ciencias como las otras manifestaciones de la vida. Ilustres ejemplos nos ofrecen al respecto, Troplong, presidente del Tribunado francés y uno de los autores del Código de Napoleón, que no titubeaba en decir: 'La Medicina legal blasona desde hace algún tiempo a esta parte con la pretensión de imponer sus oráculos a la Jurisprudencia. Por lo que hace a mí, estimo que la Medicina Legal no ha añadido ni un solo progreso serio a las doctrinas recibidas en la Jurisprudencia y que no debe modificarlas en nada; y el gran jurista Regnault, que estimaba que el ignorante tenía sobre el médico la ventaja de ser extraño a toda prevención científica'.

Quinta.-El falso pudor que existe para enseñar, discutir y considerar en las leyes las características biológicas del hombre, principalmente, las de orden sexual.

Sexta.-Los prejuicios existentes en la técnica jurídica. Por ejemplo, el Derecho Civil signe aún con fidelidad las instituciones del Derecho Romano, el mismo que creara las bases esencialmente egoístas que sirven de asiento a la mayor parte de las concepciones legales vigentes; y el Derecho Penal perdura aferrado, en el ochenta por ciento de las legislaciones, a las ideas teológicas de alcanzar con la pena el restablecimiento del equilibrio moral perturbado por el delito; de atribuir éste a la voluntad humana concebida como preciosa potencia totalmente independiente de toda otra actividad psíquica; y de atender al hecho antes que al hechor.

Séptima.- Los intereses creados por veinte siglos de capitalismo absoluto, que hacen imposible, en la mayor parte de los países, abordar el estudio y legislación de los problemas económicos y sociales desde un punto de vista diverso de aquel que incondicionalmente los sirva; y

Octava.-Una razón de método. Mientras el matemático, el astrónomo, el físico, el químico y el biólogo toman como base de sus investigaciones la vida misma haciéndola objeto de una experimentación directa y cuidada, el sociólogo, generalmente, parte de la base de principios establecidos 'a priori', muchas veces contrarios a las leyes mismas de la naturaleza, y, vanidoso de su ciencia, prefiere modernizar aparentemente esos principios que ponerse en contacto sincero con la vida.

Concebir una sociología para el hombre tal y como es, no tal como debiera ser; aplicar a los estudios sociales la disciplina que el biólogo aplica a su ciencia; ser consecuente con las verdades nuevas que la experimentación descubre; y abandonar banderías que la vida no consagra, será hacer una política, una economía y un derecho más verdaderos y, como tales, más prestigiosos y estables; y contribuir al progreso de las ciencias sociales y a la realización de una vida humana mejor.