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Resumen

Abstract

«LA QUERELLE DE LA RATIONALISATION»  por M. Jean Hinous. - París, 1935.

La racionalización puede ser considerada como el factor determinante de la aparición de la economía nacionalizada, nueva etapa en el procesó evolutivo de la vida económica. A su vez, la racionalización sería un simple efecto de la acción simultánea de dos factores, de los cuales uno es la circunstancia cuya presencia permite al otro, tendencia inherente al hombre, realizarse una vez más. La circunstancia es el descubrimiento de una serie de métodos mediante los cuales es posible desarrollar el proceso productor con menos dispendio de energía y de riqueza y evitar la destrucción de valores que todo exceso de producción origina. La tendencia es la inclinación natural del hombre a tratar de obtener el maximum de rendimiento útil con el menor dispendio de fuerza. Ambas, la circunstancia y la tendencia, actuando simultáneamente, determinan un cambio en la conducta económica del hombre; todo descubrimiento que origine una reducción de los precios de costo es adoptado necesariamente. No hay poder capaz de impedir las transformaciones de la vida económica que el progreso técnico engendra. El misoneísmo, que también es una tendencia, puede retardar o perturbar transitoriamente la transformación; jamás puede evitarla. Condiciones transitorias desfavorables pueden postergarla; en ningún caso, impedirla. Las transformaciones de la vida económica provocadas por el perfeccionamiento técnico, constituyen una ley del devenir del mundo económico.

Debemos, entonces, estudiar la racionalización como un fenómeno natural, que aparece en determinado momento del devenir económico; no como una política, como una orientación más o menos voluntaria de la vida económica. Lo cual no significa que la voluntad humana no sea uno de los elementos determinantes del proceso racionalizador, sino que la voluntad humana es, por su parte, determinada por los factores en referencia, a tal punto que sólo transitoria o accidentalmente puede reaccionar contra ellos. El hombre puede retardar pero no impedir un fenómeno social cuya aparición está determinada por antecedentes que tienen su raigambre en la naturaleza humana.

El movimiento racionalizador nace en Estados Unidos, repercute en seguida en Alemania y se generaliza después, con intensidad diversa y dentro de planos variables, en las demás naciones. En general, el fenómeno se presenta antes y alcanza mayor intensidad en las naciones que han logrado un mayor desarrollo industrial.

La racionalización, fenómeno espontáneo del devenir económico, es concomitante de un reacción intelectual: la racionalización, doctrina que aspira a organizar la vida económica en el plano de la economía privada, e igualmente en el plano de la economía nacional y de la economía universal. Esta doctrina pretende asegurar a la humanidad el máximum de rendimiento útil de las fuerzas humanas y de los demás elementos que participan en las actividades económicas. La racionalización, como doctrina, quiere orientar, sistematizándolas, todas las labores del hombre. En el hecho, sigue un camino idéntico a la racionalización como fenómeno del devenir económico: nace en Estados Unidos, se desarrolla después en Alemania y se generaliza más tarde en el resto del mundo.

Conviene anotar, además, que bajo el término racionalización se comprende un vasto conjunto de fenómenos estrechamente vinculados entre si. Desde las medidas de buen gobierno doméstico para evitar consumos innecesarios de combustibles y derroche de artículos alimenticios, hasta la organización internacional de la producción de algunos artículos indispensables para la vida, a fin de evitar desequilibrios entre la producción y el consumo mundial, toda una vasta serie de medidas, de aplicación más o menos extensa y de repercusión más o menos intensa sobre el resto de la realidad económica, constituye el campo. vastísimo de fenómenos que la racionalización abarca.

La finalidad perseguida con el proceso racionalizador puede ser económico-individualista o económico social. Puede aún pretender realizar de tal modo el orden dentro de la vida económica, evitando todo dispendio inútil de fuerza o de riqueza, que le sea dado poner término a los periodos de reacción y de depresión que parecen constituir, en su constante sucesión, una especie de ley del devenir de la realidad económica. Y si esto no fuese posible, reducir a leves desviaciones dichos periodos. En una palabra, se pretendería poner término a las crisis.

Ahora bien, la última crisis revistió una intensidad extraordinaria y esta intensidad se hizo sentir más hondamente en los países de más alto desarrollo económico, donde la aplicación de los métodos racionalizadores había alcanzado mayores proyecciones. Se ha hablado, por esto, del fracaso de la racionalización. Se ha repetido en contra de ella, más o menos lo mismo que siempre se ha dicho contra la substitución del trabajo manual del hombre por procedimientos cada vez más perfeccionados de producción mecánica, contra lo que, tal vez impropiamente, se ha hecho costumbre designar con el nombre de maquinismo.

Todo proceso de racionalización, incluso los procesos de mecanización de la producción, originan un desequilibrio pasajero de la vida económica. Dicho desequilibrio desaparece cuando se realiza el reajuste de los demás factores económicos a las nuevas condiciones originadas por la racionalización. El progreso técnico y la racionalización practicada con fines económico-individualistas han originado sin embargo, en nuestra época, un desequilibrio constante en los países de avanzado industrialismo, desequilibrio que encuentra su expresión cuantitativa en el número permanente de desocupados, en esa cuota que no logra ser absorbida ni aún en los momentos de mayor prosperidad.

Los enemigos de esta innovación-posición absurda porque sólo momentáneamente es posible impedir que el proceso racionalizador se realice-olvidan que es sólo la racionalización llevada a efecto con fines económicos sociales la que, según los teóricos de la nueva tendencia, puede significar la aparición de una nueva etapa en la vida económico-social. Olvidan, además, que no se puede pretender que la racionalización ponga término a los trastornos periódicos de la vida económica, mientras consista en una serie de procesos aislados. No podrían evitarse las crisis en Chile, por ejemplo, por medio de una racionalización de nuestra economía nacional. La estabilidad de su devenir depende en parte tan considerable de factores extraños a nuestra propia realidad económica, que nuestras crisis son siempre simples repercusiones de fenómenos acaecidos fuera de nuestro país y, por consiguiente, imposibles de controlar desde Chile. Habría que racionalizar los mercados internacionales del salitre y del cobre, para evitar los múltiples trastornos que a nuestra economía nacional originan sus alteraciones.

Sólo se puede pensar en la racionalización como un medio de poner término a las crisis, o por lo menos de reducir en forma apreciable las desviaciones (reacciones y depresiones), demasiado pronunciadas de la curva del devenir de la vida económica, si se logra realizar la racionalización de la economía universal, gracias a la cooperación de las economías Racionales racionalizadas. La última crisis sorprendió a la Humanidad, por desgracia, sin que se hubiera conseguido organizar la vida económica internacional sobre la base de una cooperación efectiva entre las diversas economías nacionales. Apareció por el contrario, en momentos de desenfrenada competencia entre los pueblos.

En una serie de dos conferencias sobre racionalización, que dimos en la Universidad de Concepción en 1930 y que fueron publicadas al año siguiente en la Revista «Atenea», analizamos y desarrollamos el concepto de racionalización. Ahora sólo hemos querido situar el problema en el momento económico actual para referirnos; en seguida, a los principales puntos de vista que M. Jean Hinous expone en su obra «La Querelle de la Rationalisation». El autor resume la manera cómo ha reaccionado el pensamiento económico francés ante las tendencias racionalizadoras venidas del exterior y ante el aparente fracaso de la racionalización como procedimiento para evitar o atenuar las crisis.

Hay autores socialistas-M. Jules Moch y M. León Blum, particularmente-para los cuales la racionalización constituye un

progreso porque acelera la evolución del capitalismo hacia el régimen de producción socializada. Para M. Charles Spinasse, diputado socialista y actual Ministro de Economía Nacional, que hizo especialmente un viaje a los Estados Unidos con el fin de estudiar objetivamente la racionalización norteamericana, la economía racionalizada presenta todos los caracteres de una econonila colectivizada. La racionalización sería una especie de puente entre la vieja economía individualista y la nueva economía colectivista. Gracias a su acción el mundo pasaría, en su movimiento desde el capitalismo hacia el socialismo, por un sistema de transición que evitarla la catástrofe final del régimen capitalista predicha por Marx.

M. André Philip, por su parte, estima que el socialismo tiene una tarea formidable que realizar ante la racionalización. En primer lugar, cree necesario llevar a la práctica una renovación ética, o sea, una restauración de los valores espirituales dentro del socialismo. Juzga además necesario defender, contra la denominación patronal, las libertades existentes y proceder a organizar técnicamente las industrias, ensayando la substitución del interés individual del obrero por el interés colectivo. Pero, sobre todo, el socialismo debe ser capas de dar a la clase obrera un ideal de vida. Hay que oponer al materialismo burgués un idealismo que exalte la personalidad humana.

«El socialismo persigue la apropiación colectiva de producto neto en nombre del derecho de cada individuo al mínimum de bienestar indispensable para vivir una vida moral e inteligente.

El socialismo no es sólo, como creta Marx, una doctrina económica; es sobre todo un ideal moral que trata de regenerar al individuo y a la sociedad.» (Pág. 78).

Rechaza los aspectos de la, racionalización norteamericana que se le presentan como contrarios al desarrollo espiritual del trabajador por que lo subordinan en forma deprimente. En particular, considera peligrosa la racionalización en cuanto significa una especie de mística que exalta la producción de bienes, haciendo de ella el valor social supremo, y en cuanto tiende a prestigiar a los empresarios, presentándolos como benefactores de la Humanidad.

M. H. Dubreuil, obrero que ha hecho un viaje a América enviado por la C. G. T., se nos presenta como un admirador de la tendencia norteamericana. Considera que la civilización Vende hacia el socialismo en tal forma que esta doctrina llegará necesariamente a imponerse. Se pronuncia a favor de la racionalización, la cual no es, según él, un medio de explotación del obrero sino una técnica puesta a su servicio. Defiende con calor la substitución, cada vez más frecuente y más intensa, del trabajo manual del hombre por los procedimientos de producción mecánica, por lo que se ha dado en llamar maquinismo. Dubreuil ve en el maquinismo, e igualmente en los demás procesos racionalizadores, la senda que conduce a la emancipación de los trabajadores. El espíritu de servicio y de cooperación, que son la base del movimiento racionalizador, sirven igualmente de fundamento al socialismo.

Para los sindicalistas, que consideran necesario reformar conjuntamente con la economía el régimen político, la racionalización conduce al socialismo y, al mismo tiempo, a la reforma del Estado.

Así M. André Fourgeaud opina que, para realizar el vasto plan económico que la racionalización integral de la economía implica, hay que crear el Estado técnico, capaz de dominar las fuerzas del capitalismo y de asumir la dirección y orientación de la vida económica.

M. Sammy Beracha, por su parte, cree que la racionalización es en la actualidad, por lo menos parcialmente, la causa de los males económicos que aquejan a la sociedad. Pero este juicio lo formula, con relación a los procesos particulares de racionalización. La racionalización integral dará, a la inversa, la solución a todos los problemas. Pero sólo el Estado técnico será capaz de llevar con éxito a la práctica un plan semejante. La dirección de las fuerzas económicas, ahora en manos de la plutocracia, debe pasar a ser atribución de los sindicatos, de las federaciones de sindicatos y del Estado. Hay que socializar el poder directivo de la economía y organizar las relaciones entre la propiedad y el trabajo de modo que la propiedad no pueda convertirse en abuso. (Pág. 118). En una palabra quiere, por procedimientos revolucionarios, instaurar un régimen en que el poder económico haya sido socializado, pero no así los medios de producción.

Otros pensadores, a la inversa, creen que la racionalización es un procedimiento para renovar el régimen capitalista.

Según ellos, la técnica de la racionalización y los móviles que la animan, no constituyen un procedimiento que conduzca a una socialización o colectivización de la vida económica; sirven, por el contrario, para dar mayor resistencia a la economía capitalista en su lucha contra las fuerzas revolucionarias que tratan de disgregarla, a fin de dar origen a la nueva economía colectivista. El viejo capitalismo individualista, bajo la influencia de los métodos racionalizadores, evoluciona para transformarse y dar origen al neocapitalismo; al realizarse fines sociales que miran al bienestar colectivo, no haría otra cosa que adaptarse al momento histórico actual a fin de sobrevivir. En una época en que la libre concurrencia y la libertad económica parecen haberse hecho imposibles, el capitalismo se deshace de los postulados económicos clásicos, que constituyeron su profesión de fe, para restaurar, por medio de los procedimientos racionalizadores, el orden económico y asegurar así su propia supervivencia.

Otros autores insisten en el carácter francamente individualista de algunos procedimientos racionalizadores, como acontece con el sistema Taylor, por ejemplo. Pero conviene tener presente que, al lado del procedimiento rigurosamente individualista de Taylor, hay otros, como la fórmula de Enrique Ford, por ejemplo, que caben dentro de los postulados neocapitalistas.

Estos autores llaman la atención sobre ciertos caracteres de la racionalización de la economía alemana. Insisten en la oposición entre sus métodos y la tendencia genuinamente socialista. Observan particularmente la considerable reducción que el valor de la mano de obra ha sufrido dentro de los elementos que constituyen el precio de costo, gracias a los progresos de la producción mecánica.

M. Jean Hinous agrega después de algunas consideraciones relativas a la actitud del catolicismo social ante el movimiento racionalizador.

Desde el campo literario, escritores que se interesan por el aspecto humano general de los grandes problemas económicos, como Georges Duhamel y Gina Lombroso, se pronuncian en contra de la civilización industrial y ven, en el desarrollo del maquinismo, un factor contrario a los valores espirituales de la vida, que constituyen el fundamento esencial de la civilización.

El grupo de economistas norteamericanos partidarios de la tecnocracia, cuyas tendencias han encontrado eco en el pensamiento económico francés, sostiene que el desarrollo constante de las máquinas y de la tecnología conduce fatalmente a la destrucción del sistema capitalista.

En efecto, el sistema capitalista reposa sobre los conceptos de libre concurrencia y afán del lucro. El equilibrio se alcanza por el libre juego de la oferta y de la demanda, que determina los precios. Toda variación en los precios altera el monto de las utilidades, el cual, a su vez, reacciona sobre la oferta, que, aumenta o disminuye según sea el monto de la utilidad.

La utilidad o el beneficio constituye el elemento regulador del sistema capitalista. El capitalismo funciona sin dificultad mientras la oferta no alcanza al nivel de la demanda. Superado éste, el equilibrio se rompe. La ruptura del equilibrio significa la iniciación de una crisis.

Ahora bien, el maquinismo tiende a eliminar la escasez, fundamento del capitalismo, y a reemplazarla por la abundancia.

Los procedimientos empleados hasta hoy para obtener la absorción por el mercado de los excesos de producción, han resultado meros paliativos. La racionalización contribuye a agravar las dificultades que el maquinismo pone al capitalismo. Nos encontramos entonces ante un aumento de la producción, fenómeno que viene acompañado por la disminución del empleo de la mano de obra, que se traduce en cesantía y descenso de la capacidad de compra.

No hay que hacerse ilusiones sobre la apertura de nuevos mercados; con ello sólo se conseguirá momentáneamente restablecer el equilibrio. La utilidad, el beneficio, tiende a desaparecer por exceso de oferta.

La disminución del número de horas de trabajo, la distribución de éste entre todos los obreros, el desarrollo de un vasto plan de obras públicas, etc., son los procedimientos hasta ahora empleados para disminuir la cesantía. Ninguno de ellos en particular ni todos ellos en conjunto resuelven el problema.

Los tecnócratas creen que la solución de la antinomia entre el capitalismo y la abundancia de bienes, incompatibles con sus fundamentos, se encuentra en la organización de un Gobierno técnico, que asuma la dirección de la vida económica. Habrá salarios uniformes y elevados: certificados válidos durante un año. Así nadie puede economizar. La propiedad privada subsiste, pero nadie puede obtener rentas no ganadas. Este cambio radical se debe a que, en el futuro, habrá que vivir en función de la abundancia y no en función de la escasez.

Para concluir, el autor nos da a conocer los puntos de vista de M. Jacques Duboin. Este autor afirma que no quiero caer en el error de construir una ciudad ideal; se propone únicamente señalar por qué caminos la sociedad capitalista podrá salvarse de desaparecer brutalmente.

La máquina libera al hombre del trabajo. Toda sociedad debe estar orgullosa del número de sus cesantes: son los liberados del trabajo que antes se llamaban rentistas. Contra esta realidad no se puede luchar.

Hay que adaptarse a ella, procurando rentas a los sin trabajo.

El Estado debe abstenerse de ser comerciante o industrial, si los particulares se revelan capaces de ejercer con éxito la industria y el comercio. Si los capitalistas no son capaces de hacer surgir sus empresas, el Estado debe abstenerse de acudir en su auxilio. Cada vez que, como consecuencia del progreso técnico la utilidad desaparezca en una rama de la industria necesaria a la vida económica nacional, el Estado debe hacerse cargo de ella.

El Estado debe además ocuparse del bienestar de los cesantes al cual atenderá por medio de un impuesto a las utilidades.

Habrá dos categorías de individuos: los que trabajan y los que no trabajan. La fijación de una edad de retiro obligatorio permitiría regular la distribución de los hombres en ambas categorías.

M. Hinous se siente seducido por los puntos de vista de M. Jacques Duboin. Considera que abren perspectivas nuevas y que tienen un carácter realista de que carecen otros ensayos análogos. El rigor del razonamiento y el realismo de las conclusiones lo impresionan favorablemente. Encuentra en ellos una mezcla de audacia y de sentido práctico que los hacen particularmente atrayentes.

Tal es el cuadro, reducido a mero bosquejo, de la manera cómo el pensamiento francés ha reaccionado ante el problema de la realización, tal como M. Jean Hinous nos lo presenta.

Nosotros no participamos de la fe del autor en la esquemática fórmula en que M. Jacques Duboin condensa sus puntos de vista sobre la manera como, sin violencia, pueden las sociedades humanas realizar un proceso evolutivo hacia formas indeterminadas de organización futura. Esta fórmula ofrece, a nuestro juicio, graves dificultades financieras. Coincidimos sin embargo con M. Duboin cuando afirma que es ocioso imaginar la organización futura de la sociedad. Lo más que el hombre puede pretender es desarrollar un plan de acción para solucionar las dificultades presentes. Moviéndonos en el sentido indicado, construiremos la ciudad del porvenir.

La realidad económica «es» en un momento dado; «deviene» en el fluir del tiempo. El desequilibrio actual engendrará el equilibrio de mañana, así como el equilibrio del pasado dio origen a las tendencias caóticas de la economía contemporánea. Ha sido error común entre los grandes pensadores imaginar una realidad económica estable o en mutación hacia un estado de inmutabilidad futura, meta que pone término al proceso evolutivo. Consideremos, por el contario, que es de la esencia de las sociedades humanas su perenne mutabilidad. Y los factores que influyen en un momento dado del tiempo en el proceso evolutivo son de tal naturaleza que, en general, no puede preverlos, por lo menos en su totalidad, la generación anterior.

Debemos, en consecuencia, limitarnos a tratar de señalar los caminos que conducen al nuevo equilibrio. Debemos, esforzarnos por abrir rutas exploradoras que nos permitan movernos hacia la realidad en gestación, anticipar o preparar su advenimiento. Todo camino que parezca adecuado debe seguirse, incluso los que M. Duboin considera meros paliativos para el mal.

Sin embargo, preciso es reconocer que la representación de la sociedad futura, tal como violentamente la desee un fuerte grupo social, es el más poderoso elemento transformador de la sociedad. Tal es el rol que el marxismo juega en nuestro tiempo, aún por medio de las reacciones que provoca.

La disparidad de opiniones entre los autores que M. Jean Hinous estudia se debe a dos causas:

a) A que dichos autores parten de conceptos diversos de racionalización, conceptos que varían según, la extensión, intensidad y finalidad del proceso racionalizador, cuya representación ha servido de base para formar el concepto; y

b) A que cada autor considera, el problema desde los puntos do vista propios, de la escuela económico social a que se encuentra afiliado, puntos de vista cuya validez no discute.

Colocándonos por encima de las doctrinas en lucha, no es difícil inferir cuál es la manera como, en general, el pensamiento francés aprecia el problema de la racionalización. Las sociedades humanas pasan por un período crítico. Cambios considerables, determinados principalmente por el progreso técnico, se han originado. Es posible que, en un futuro no lejano, se operen transformaciones aún más hondas. Unos ven acercarse el colectivismo; otros, una nueva fase del capitalismo. En todo caso, los procesos racionalizadores se generalizan y adquieren, de día en día, mayor intensidad y coordinación. Marchamos, querámoslo o nó, hacia la economía racionalizada.

No lo olvidemos. La realidad económica es, en un momento del tiempo, demasiado compleja para que el espíritu pueda abarcar sus múltiples aspectos. ¡Qué lejos estamos de los tiempos en que los economistas clásicos la concibieron con clásica simplicidad! Su complejidad crece cuando se la concibe como un proceso. Y llega a su complejidad máxima, cuando se pretende imaginarla en sus vinculaciones con el resto de la realidad social, también en constante evolución. A lo cual conviene agregar que descubrimientos no previstos pueden introducir tales cambios que originen, en futuro más o menos próximo, nuevos problemas o hagan desaparecer los existentes. La concepción de la sociedad futura no tiene otro valor actual que el de servir, después de encarnarse y convertirse en ansia humana de mejoramiento colectivo, de estímulo que hace reaccionar al cuerpo social, el cual crea así la realidad del porvenir.

Para concluir, diremos que M. Jean Hinous ha hecho obra útil presentándonos un cuadro sistemático de las inquietudes del pensamiento francés contemporáneo sobre un problema cuya solución teórica se encuentra íntimamente vinculada a nuestra concepción de la vida económica y su solución objetiva, a la cuestión social.

ENRIQUE L. MARSHALL.

 

HOMENAJE AL PROFESOR GUERRA EN EL«BOLETIN DEL SEMINARIO DE DERECHO PUBLICO EN LA ESCUELA DE CIENCIAS JURÍDICAS Y SOCIALES DE

El Seminario de Derecho Público de la Universidad de Chile,   rinde con este número especial de su Boletín un sentido homenaje a la memoria del ilustre maestro que honró por dilatados años dos cátedras de la Escuela de Ciencias Jurídicas de Santiago; don J.   Guillermo Guerra.

Se publican en este número unas páginas inéditas del querido    profesor Introducción al estudio del Derecho que son como lo dice el señor Aníbal Bascuñan; probablemente, un intento inacabado o abandonado, de dotar con un compendio a la signatura de «Introducción al Estudio del Derecho». Ellas se publican para señalar rasgos característicos de la ideología de don J. Guillermo Guerra en el campo de la Filosofía y Sociología Jurídicas.

A continuación se presenta al señor Guerra en su actuación más interesante de internacionalista, al reimprimir «El Doctor Zeballos y el Imperialismo Argentinos».

«El Pacifismo en América se titula el artículo del señor Guerra, publicado en seguida, y como réplica a uno del señor Joaquín Edwards Bello sobre «El Pacifismo Argentino»., dado a luz en 1924.

El señor J. Schneider Labbé hace un recuerdo cariñoso del profesor Guerra como maestro y publicista. Dice: «Fué su espíritu una antorcha llameante que debía devolverle al fungo su potencia luminosa (1). Hijo del cálido y abrasador desierto del norte, de antepasados mineros de Copiapó, heredó de esa tierra el vigor elemental de la naturaleza, reflejando en los rasgos severos de su carácter, la austeridad de la pampa y las aristas cortantes de las rocas y masas granificas de Los Andes. Descendiente directo de Jotabeche, del célebre J. Joaquín Vallejos, por la línea materna, de él recibió la vena anecdótica y chispeante de su sano escepticismo y el visor batallador de la tierra de Chañarcillo, de los Matta y de los Gallo».

Termina el señor Schneider: «Si hubiese claudicado a su dignidad de maestro y de publicista eminente, merodeando asambleas y favores palaciegos, habría ocupado la rectoría de la Universidad, el más alto honor que en nuestro país puede dispensarse a una mentalidad, a un sólido historiador y a un educador esclarecido. Chileno de viejo cuño, descendiente altivo de antepasados de Copiapó, tenia esa fe orgullosa y ese temple del romano y del conquistador español en el valor de su esfuerzo y de su capacidad. Surgió en la vida por sus méritos, convencido que su obra de maestro y publicista, le aseguraría un sitial de prestigio permanente ante la posteridad».

El señor Julio Escudero, Ayudante de Derecho Internacional Público, publica unos Apuntes para una bibliografía de Guerra, de cuyas tareas al decir de él mismo, estuvo cerca lo bastante en los últimos años. Se reproduce, finalmente, el discurso pronunciado por el señor Ricardo Montaner Bello, al despedir los restos del malogrado maestro, a nombre de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Chile.

«Señores:

La impresión profunda que en estos momentos domina mi espíritu, la veo también reflejada en el semblante de todos vosotros: es una impresión indefinible de estupor y de sorpresa, de dolor y desaliento. ¡Cómo ha sucedido este golpe que arrebata para siempre a las necesidades intelectuales y morales del país a un hombre cuya existencia era tan útil y tan ejemplar para la comunidad de todos nosotros! Rodeamos aquí su cuerpo inerte y parece que estamos soñando en el ahogo de una pesadilla. Y todavía el doloroso espectáculo de sus últimos momentos, añade un nuevo color al cuadro trágico de su muerte, conmoviendo hasta las más hondas fibras de nuestro corazón.

Yo vengo, señores, a despedir a Guillermo Guerra a nombre de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad y a hacer públicos los sentimientos de pesar de todos sus compañeros que lo consideraban un gran profesor, un gran catedrático y un sabio en los ramos que enseñaba, Filosofía del Derecho y Derecho Internacional Público. Más de treinta años tuvo cátedra en la Universidad, por lo que puede decirse que dedicó su vida por entero al honroso magisterio de la enseñanza en su parte más alta como es la enseñanza del Derecho y de su Filosofía.

Los libros de diverso carácter que dio a la publicidad, unos de historia, otros de controversia internacional y otros de doctrina política y constitucional, llevan las pruebas de su ciencia, de su capacidad de observación, y de la fuerza de su talento. Son libros que habrán de vivir muchos y muchos años, como libros matrices de estudio y de consulta. Intelectualmente hablando, Guillermo Guerra era un hombre completo y uno de los más grandes valores de nuestra vida jurídica nacional: su nombre había traspasado las fronteras del país, y era tenido afuera como jurista que no sólo prestigiaba el nombre de su patria, sino también toda la hermandad latino americana.

La Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales sabe, pues, todo lo que pierde con la muerte del profesor Guillermo Guerra y se inclina reverente y conmovida delante de su ataúd.

Permitidme, ahora, a mí, señores, que exprese mis sentimientos personales en estos momentos solemnes de la despedida. Yo amaba y estimaba mucho a este hombre: una franca y leal amistad nos ligaba desde la niñez, jamás cortada ni enfriada por diferencia de parecer. Durante veinticinco años vivimos en trato diario en las salas de la Universidad de Chile, como profesores del ramo de Derecho de Gentes y este continuo contacto llegó a formar entre nosotros un verdadero espíritu común.

Yo conocí la otra mitad de su alma que no conoce el público y puedo dar testimonio de que su estructura moral valía tanto y acaso más que su estructura intelectual. Su rasgo distintivo fué la rectitud de su carácter, inclinado siempre a hacer el bien y nunca el mala nadie; fué tolerante, paciente y benévolo: más de una vez lo vi ejecutar acciones generosas que no quería que se supieran y cuyo secreto yo lo seguiré guardando. El aspecto a veces rudo de su conducta nacía del sentimiento profundo de su responsabilidad y del cumplimiento de sus deberes, pero jamás tenía por origen una mala intención ni el propósito agresivo de ofender.

Guillermo Guerra amaba la libertad sobre todas las cosas de la tierra; pero la amaba contrapesando los derechos y los deberes de cada cual, sin supeditación de unos sobre otros y haciendo que la libertad fuera el tributo igual de todos los hombres. Guillermo Guerra fué un patriota de gran corazón y estuvo siempre atento con ojo avizor mirando por los alrededores internacionales para salir espontáneamente en defensa, de los derechos de Chile cuando los creyó conculcados o desconocidos. Las obras y artículos que escribió sobre esta materia son capítulos fundamentales de doctrinas internacionales y merece por ello el recuerdo y la gratitud de sus conciudadanos.

Ahora su noble espíritu descansa en paz, libre de los afanes de este mundo y devuelto al seno de la Providencia que lo creó. Sus trabajos pasarán a manos de otros, que los continuarán y acaso perfeccionarán, según las nuevas circunstancia, siguiendo la cadena del progreso humano, y al darle mi despedida quedo con el consuelo de que su nombre vivirá perpetuamente en la historia intelectual de Chile.

A. G. M.

REVISTA DE REVISTAS

«REVUE INTER NATIONALE DE DROIT PENAL».- 133 Année.- N.° 1.- 1.er Trimestre, 1936.- París, Ed. Librairie Marchal et Billard.

La edición correspondiente al Primer Trimestre del presente año de la revista que publica la «Association Internationale de Droit Pénal», bajo la dirección de Mrs. Roux, Hugueny y Donnedieu de Vabres, contiene el siguiente sumario:

1) Conseil de Direction (Groupe Bulgare (págs. 5 y 6). Extracto de la sesión realizada por la Asociación patrocinante de la revista, bajo la presidencia de Carton de Wiart, con el objeto de rendir la cuenta de las actividades de la sociedad y ejercicio financiero del año 1935, su participación en el Congreso de Atenas del presente año, y finalmente, de la nueva Constitución del Grupo Búlgaro correspondiente.

2) Le probléme de l'enfance coupable, aparece desarrollando por M. Henri Urtin, en las páginas 7 a 25, desde el punto de vista de los principios filosóficos, sociológicos y psicológicos, y de la situación penitenciaria, tribunales para menores, etc. Reseñándose, luego, los esfuerzos sostenidos por Jean Deppierraz y Alice Arnold, en Suiza, y por el sistema belga «pavillonnaire», en pro de la reforma del Derecho Penal aplicable a los menores delincuentes.

3) «Le terrorisme», articulo desarrollado por Quintiliano Saldaña, profesor de la Universidad de Madrid y Director de la Escuela de Criminología, en las páginas 26 a 37, define el terrorismo desde el punto de vista criminológico, lo estudia en su método, hace la diferencia del crimen político y el crimen terrorista, examina la penalidad del crimen político y la represión internacional del terrorismo, para concluir que esta clase de delito es un método criminal caracterizado por la, comisión de actos destinados a producir un estado de alarma o terror, y por el empleo de medios capaces de causar una situación de peligro general o común (explosivos, tóxicos, microbios, etc.). Se refiere, en seguida, a un proyecto de convenio preparado por el Comité de Juristas de Ginebra sobre este delito y a las resoluciones acordadas en las Conferencias de Bruselas, París y Madrid en los años 1930, 1932 y 1933, respectivamente. Concluye que «en defecto de una represión nacional del terrorismo, o por delegación internacional, obra de una Convención, la persecución del terrorismo debe ser confiada a una Corte Permanente de Justicia Internacional».

4) Le XIe. Congrés Internacional Pénal et Pénitentiaire de Berlín.- M. Bouzart, profesor de la Universidad de Rennes, en las páginas 38 a 87, se ocupa del Congreso Penal y Penitenciario celebrado del 18 al 24 de Agosto de 1935 en la ciudad de Berlín. Reunido bajo la presidencia del Dr. Erwin Bumke, Presidente de la Corte Suprema del Reich, comenta los problemas dilucidados en las cuatro secciones en que se dividió: Legislación, Administración, Prevención e infancia. La Sección legislación, presidida por Pella, analizó los problemas de la competencia del juez del crimen en la ejecución de las penas y sobre las medidas recomendables para abreviar los procesos. Las discusiones de la Sección Administración, presidida por Sanford Latea, Director de la Oficina federal de Prisiones de Washington, giraron alrededor de los métodos aplicados en la ejecución de las penas, educación de los criminales, etc. La Sección Prevención, presidida por el Dr.Ernst Delaquis, antiguo Jefe de Policía del Departamento Federal Suizo, colocó en el tapete la discutida y espinosa cuestión de la aplicación de la esterilización y de las diferentes formas que ésta reviste, y la conveniencia de legislar sobre la interdicción de los condenados por delitos relacionados con el ejercicio de las profesiones. Finalmente, en la Sección Infancia, cuyos debates presidió el profesor italiano Ugo Conti Sinibaldi, las discusiones se circunscribieron al gran problema de la protección de la juventud contra los peligros del contagio moral de los delincuentes.

5) La tipologie juridique des délinquants dangereux.- El Dr. Demetre I. Karanikas, profesor agregado de Derecho Penal de la Universidad de Atenas, analiza en las páginas 88 a 101, la cuestión de las medidas de seguridad destinadas a prevenir el peligro de la criminalidad. Estudia las diversas clasificaciones que se han hecho de los criminales peligrosos, desde Lombroso a nuestros días, y los métodos que el legislador ha seguido para catalogar como peligroso a un sujeto: sistema de los motivos del crimen (proyecto italiano de Ferri y anteproyectos griegos de 1924 y 1933) y sistema de los tipos legislativos de criminales peligrosos (nuevo proyecto de Código Penal francés de 1934). Concluyendo por aconsejar el método de formar los dos tipos dinámicos de los super-peligrosos y de los cuasi- peligrosos, subdividiéndolos en los grupos tradicionales.

«REVUE ECONOMIQUE INTER NATIONALE». Publicación del «Institut Econo mique International'.-. París.-Bruselas.- La Edición corres pondiente a Enero de 1936 contiene el siguiente sumario:

1) La crise de la agricultura et la politique agricole en France: Bertrand Nogaro, Profesor de la Universidad de París, se ocupa, en las páginas 8 a 47, de estudiar, a base estadística, la producción agrícola francesa después de la guerra; la evolución de los precios y su actual base; y la protección aduanera y organización de los grandes mercados agrícolas franceses de trigo, vinos, etc.

2) Giovanni Nicotra, de Italia, en el articulo. «Crise agrícola et crédit agricole» (págs. 50 a 75), hace un análisis de la crisis agrícola de post-guerra, de su gravedad y universalidad, reseñando, asimismo, las diversas medidas adoptadas en los distintos países para conjurarla.

Se detiene especialmente en las del Gobierno italiano en el dominio del crédito agrícola (decretos leyes reales de 15 de Mayo de 1931, 22 de Julio de 1932 y 8 de Julio de 1933 y creación del «Ente Nazionale Risi», destinado a coordinar la producción y comercio de exportación del arroz.

3) «Les sanctions économiques contre l'Italie» (págs. 77 a 107). A. Mertens, de Bélgica, expone el problema de las sanciones decididas contra Italia, en cumplimiento del articulo 16 del Pacto de la Sociedad de las Naciones y, especialmente, sobre el tráfico de armas, sus relacionen financieras y el comercio de importación y exportación; explica la actitud de los países no integrantes de la S. D. N. ante las sanciones y la reacción de Italia contra los embargos y demás medidas coercitivas.

4) Jens Jessen, profesor del Colegio de Altos Estudios Comerciales de Berlín, estudia en el trabajo «Les relations commerciales entre l'Amerique Latine et l'Allemagne», (págs. 109 a 128), las modificaciones sufridas por la estructura económica de nuestra América, los interesen que en ella tienen loa países extranjeros (Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania, Francia, Bélgica, Suiza, etc.), y la posición de Alemania en los mercados americanos.

5) «La Banque de France. Ses grandes caracteristiques actuelles».-Charles Corcelle, Dr., en Ciencias Económicas y Políticas de Francia, da a conocer en este trabajo (págs. 129 a 164) la estructura jurídica del Banco de Francia, sus funcionen económicas de Banco Emisor, Banco del Estado, de particulares y bancos, y sus actividades monetarias.

«LE DROIT PUBLICROMAIN, por Th. Mommsen, trad. P. Fr. Girard. Colección: Manuel des Antiquités romaines por Th. Mommsen y J. Marquardt. Tome I ;- Nueva Edición.

Se acostumbra en estas páginas sobre bibliografía, comentar obras modernas pero, para la ciencia del Derecho Público Romano, las obras de Th. Mommsen, a pesar de pertenecer al último cuarto del siglo pasado, revisten para profesores y alumnos una importancia capital, que no decrece en interés.

Muchos son los autores que en estos últimos años, han considerado «Le Droit Public Romain», como la obra de conjunto más acabada del Derecho Público Romano.

Bástanos recordar las opiniones vertidas en este sentido por Emile Jobbé Duval, profesor de la Facultad de Derecho de París, en su trabajo «La legis actio» y las referencias que P. de Francisci, profesor de la Universidad de Roma, hace en su curso sobre «Organización de los tribunales en el Imperio Romano».

Como la obra de Mommsen, es demasiado extensa (ocho tomos) sólo la comentaremos desde el punto de vista de la Organización de los Tribunales de Justicia, que es un aspecto fundamental, prescindiendo de materias, que en otra ocasión analizaremos en detalle.

A. Giffard, dice en la introducción a su libro «Lecon sur la procédure civil romaine». Bibliothéque de la salle de travail de Droit Romain. París, 1936. «La importancia de la clasificación de los tribunales, que ha hecho Mommsen es mayor para el estudio de las instituciones procésales, que para cualquier otro aspecto de la historia del Derecho Romano», pero no es Mommsen propiamente el que convierte en expresión gráfica sus propias ideas, es E. Petit Dorit Romane, París, 1920, que con su método didáctico logró simplificar y, si se quiere, vulgarizar estos conceptos, acerca de la organización de los Tribunales en Roma.

Vistos estos conceptos generales nos corresponde comentar el Tomo I de esta obra.

Comprende una introducción general, acerca de los orígenes y evolución de los Tribunales Romanos (pág. 1-30), demostrando como en la primera época, el Estado ofrece sus Tribunales a los particulares para solucionarles, principalmente, sus cuestiones de carácter penal (pág. 86-133), y como después los impone en forma definitiva a los penales, dejando un amplio margen de libertad en los asuntos civiles (págs. 156-174). Es necesario advertir, que en este punto Mommsen ha sido refutado por Willems («Le Droit Public Romain», Lovaina, 1912). Willems sostiene que la primera intervención obligatoria de los Tribunales fué establecida para los asuntos civiles, principalmente para las cuestiones que dicen relación con el derecho de propiedad.

Siempre dentro de la introducción, entramos al estudio de la jurisdicción criminal (págs. 185-192) y de la jusrisdicción civil (págs. 212-218), estableciendo reglas de competencia en cuanto a la cuantía, la materia, el fuero y el territorio.

Al analizar el tomo IV de esta obra examinaremos esas reglas.

G. CAÑÓN F.

 

__________ Notas

(1)

El señor Guerra murió trágicamente en el incendio ocurrido en Valparaíso en la madrugada del día 17 de Febrero de 1938. volver