Artículo

  • El principio orgánico-biológico en economía I

Resumen

Abstract

I

Desde muy antiguo ha existido la tendencia a considerar la sociedad como un verdadero individuo organizado que tiene, no sólo vida sino que, asimismo, conciencia propia. Esta idea adoptada por filósofos tales como Platón y Aristóteles; expresada por San Pablo y Marco Aurelio (1), llega aun a incrustarse en la poesía de todos los tiempos que la canta como la cantara Shakespeare en su 'Troilo y Cressida': ' . . . Mientras el brazo armado combate en el exterior, la cabeza prudente se defiende en el interior, porque todos los miembros de una sociedad, pequeños y grandes, cada uno en su tanto, deben obrar de acuerdo y concurrir a la armonía general común... He ahí por qué el cielo divide la constitución del hombre en diversas funciones; cuyos esfuerzos convergen por un movimiento continuo a un mismo resultado y a un fin único: la subordinación. .. Hay en el alma de un pueblo una fuerza misteriosa, de la cual la historia no ha osado nunca ocuparse y cuya acción sobrehumana no pueden explicar la ni la palabra ni la pluma'. Esta uniformidad de concepciones no es casual sino que corresponde a la universalidad del fenómeno de la asociación que-como dice Nicolaï -'es tan antiguo como el mundo, y aun se puede decir que más antiguo, pues el mundo y hasta la materia le deben su existencia: no existiría la materia si los electrones inmateriales, en estado libre, no se hubieran organizado en asociaciones atómicas y luego moleculares; y si éstas, a su vez, no se hubieran reunido en aglomeraciones especiales no existirían ni astros, ni cuerpos de ninguna especie. Naturalmente, tampoco existirían organismos propiamente dichos, los cuales se deben, también, a una asociación específica de moléculas voluminosas, para lo cual no se dan las necesarias condiciones sino durante un cortó período de la vida planetaria; en dicho período, ciertas asociaciones atómicas hubieron de crecer desmesuradamente hasta formar complejos que, por sus consiguientes disociaciones y neoformaciones continuas, hubieron de provocar el aspecto de la vida y vinieron, por su parte, más tarde, a asociarse en células, órganos y organismos individuales. De este modo, la sociedad o sea la asociación de organismos individuales - aparece ya desde sus comienzos como la continuación de un proceso y principio omnipotente y fundamental. Pues hasta los mismos que niegan a la sociedad el atributo de organismo, no podrían desconocer que cada organismo es una asociación de órganos y moléculas' (2).

El Renacimiento con su euforia individualista hizo sumergirse esta concepción que no vino a reaparecer en las grandes corrientes del pensamiento humano sino muchos siglos más tarde cuando Augusto Comte la proyectara con su filosofía positivista que vino a desgarrar las tinieblas de una vana y vacía metafísica: 'El conjunto de la nueva filosofía hace resaltar el estrecho vínculo que enlaza a cada hombre con todos los demás, en una multitud de aspectos diversos, de tal modo que convierte en involuntariamente familiar el sentimiento íntimo de la solidaridad social extendida a todos los tiempos y a todos los lugares' (3). Tras Comte avanza Herbert Spencer y con él brota el primer sistema verdadero de sociología cósmica que hace de la sociedad humana el último término de la evolución de todo el universo: el producto más alto y complejo de la acción de las leyes universales.

La teoría spenceriana de la evolución se basa en la generalización y aplicación de los principios físicos de la indestructibilidad de la materia, la persistencia de la fuerza de la dirección y del ritmo del movimiento, la integración de la materia y la diferenciación de la forma. De estos principios deduce, después, la persistencia de las relaciones entre la fuerza y la ley, por la cual todo movimiento obra sobre la línea de la mínima resistencia o sobre la línea de la más grande atracción o sobre la resultante de estos dos componentes. Esta ley es aplicable a todos los movimientos cósmicos, psíquicos y sociales, porque la evolución es Una, aunque en su fenomenalidad presente formas diversas según el campo en que se manifieste.

La evolución se desenvuelve siempre con paso gradual desde la simplicidad de los órganos y de las funciones a su complejidad, desde la homogeneidad a la heterogeneidad, desde la difusión hasta la concentración. De la evolución inorgánica se pasa a la evolución orgánica, y de ésta a la superorgánica que comprende formas de desarrollo orgánico superior especial (sociedad).

Los factores de los fenómenos sociales son individuales y naturales, o sea, intrínsecos y extrínsecos: los extrínsecos están constituidos por el clima, por la superficie, por la flora y por la fauna; los intrínsecos, por los caracteres físicos, por los sentimientos y por la inteligencia. Existen, también, series de factores derivados, puestos en acción por la misma evolución social, y éstos son: cambio de clima, de flora, de fauna, crecimiento de densidad y de masa del agregado, influencia recíproca de las diversas sociedades, acumulación de productos superorgánicos (lenguaje, ciencia, ley, estética). Estos últimos factores, aunque derivados, a menudo llegan a superar la influencia de los factores orgánicos e inorgánicos, hasta hacer posible una evolución más completa y más rápida, aún en medio de ambientes desfavorables. En cuanto a los factores externos, puede decirse que, si son favorables, determinan el progreso en los estados más primitivos de la civilización, sometidos casi exclusivamente a influencias de tal género. En cuanto a los factores internos, el estado de la ciencia nos ofrece poquísimos datos: puede tenerse un concepto aproximado del hombre primitivo estudiando los actuales bárbaros que, en cierto modo, parecen reproducirle. Las emociones están sujetas a las mismas leyes de la evolución intelectual, que es una adaptación de las relaciones internas a las externas, que se extiende gradualmente en el espacio y en el tiempo, que se vuelve cada vez más especial y compleja, y que tiene sus elementos cada vez más coordinados y completamente integrados. El grado de desarrollo mental es el grado de representación en los estados de la conciencia.

La sociología de Spencer, partiendo de estas nociones sobre los individuos y circunstancias físicas y sociales, trata de explicar los fenómenos que resultan de su acción combinada y que, según la complejidad, son: a) familia; b) política; c) eclesiástica; d) ética, y e) ceremonial. Estas son las estructuras y funciones que coordinan y tienden a formar la estructura industrial, que es la más completa y la más alta, hacia la cual marcha la sociedad civil. Existen, después, desarrollos asociados que ayudan a la evolución social, como el lenguaje, el progreso de las inteligencias, la, modificación de los sentimientos, la estética. Por último, se debe considerar la dependencia recíproca de las funciones, de la estructura y de los productos en su conjunto. De esto se deriva que es la permanencia de las relaciones entre las partes componentes lo que constituye la individualidad de un todo, en cuanto se distingue por la individualidad de cada una de las partes. Por lo tanto, debe mirarse la sociedad como una entidad, porque, si bien constituida de unidades discretas, el agregado es concreto, conservando por siglos una semejanza general de reordenación sobre el área ocupada: en este carácter se funda la idea de sociedad, del que no forman parte, sin embargo, los grupos mudables.

Si las relaciones constantes entre sus partes hacen de la sociedad una entidad, surge la cuestión de si tales relaciones serán análogas a las de otra entidad. La única semejanza entre la sociedad y otra cosa debe consistir en el paralelismo del principio en la ordenación de los componentes. Y esta otra cosa es el organismo biológico que, por su estructura y funciones, presenta muchas analogías con la estructura y las funciones de la sociedad: a) crecimiento de dimensión y de estructura; b) diferenciación de funciones; c) independencia de la unidad del todo; y d) integridad del todo, aun después de la muerte de alguna unidad.

Para apreciar en su justo valor la sociología de Spencer, que no expresa sino 'que la sociedad debe considerarse como producto de un crecimiento orgánico y que se la debe estudiar según los métodos generales que se han acreditado en el estudio de la vida' (4), no debe confundírsela con ciertas ingenuas analogías elaboradas por algunos autores que no han servido sino para desacreditar y poner en ridículo la analogía entre la sociedad y un organismo (5).

II

La concepción biológica de la sociedad encontró, desde luego, eco entre los economistas y es así cómo, ya en 1883, Menger decía: 'Podemos observar en los organismos naturales una casi impenetrable complejidad de detalles, y particularmente, una gran multiplicidad de partes u órganos individuales. Toda esta multiplicidad sirve, sin embargo, para la conservación, desarrollo y propagación del organismo considerado como un todo. Cada parte tiene su función propia que cumplir con respecto a ese fin único, y cualquiera perturbación en el cumplimiento de esa función causa, en proporción a la intensidad de ella o a la importancia del órgano afectado, una perturbación mas o menos intensa, en el cumplimiento de las respectivas funciones de las partes restantes o del organismo total; a la inversa, toda perturbación en las interrelaciones entre las partes y el todo reacciona igualmente sobre el estado y conducta de los órganos individuales. El funcionamiento y desarrollo normales de un organismo considerado como un todo se encuentran condicionados por el funcionamiento y desarrollo de cada una de sus partes; el de esas partes está condicionado por su unión en un todo superior a ellas y el de cada órgano individual por el de los órganos restantes ... Es obvio que existe una cierta analogía entre la naturaleza y el funcionamiento regulares de los organismos naturales y aquellos otros de estructura social' (6).

En 1889 aparece en Francia una nueva escuela económica, el Solidarismo, cuyas raíces ideológicas parten desde el concepto biológico de la sociedad. 'Si me pedís que defina, a mi vez, -decía Carlos Gide- esta Escuela Nueva, lo mismo que las anteriores, con una sola palabra, yo diría que es la Escuela de la Solidaridad... La Solidaridad no es como la libertad, la igualdad, ni siquiera como la fraternidad, una palabra sonora o un puro ideal; la Solidaridad es un hecho, uno de los hechos mejor establecidos por la ciencia y por la historia, el descubrimiento más considerable de nuestro tiempo' (7). Pero junto con constatar la Solidaridad, o sea, la dependencia mutua entre los diversos organismos individuales que forman el cuerpo social, esta Escuela trata de corregirla, ya que, como anota León Bourgeois, 'la solidaridad existe de hecho, pero sus resultados no están de acuerdo con la Justicia. Para realizar la Justicia, el hombre debe observar las leyes de la solidaridad; después de haberlas comprobado debe servirse de ella para modificar sus efectos en beneficio de la Justicia... Solidaridad-hecho; Solidaridad-Deber; no confundamos jamás la una con la otra: son dos términos contrarios. Mas, era necesario comprobar la primera para darse cuenta de la necesidad moral de la segunda' (8). Esta dependencia mutua es tan evidente y precisa, son tan claros los vínculos que entre los hombres crea, que bien puede dársele fuerza jurídica y sostener que entre todos los miembros de una sociedad humana existe un cuasi-contrato que impone las obligaciones y engendra los derechos propios y característicos de aquella figura legal.

III

El Solidarismo se sirve de la concepción biológica de la sociedad para construir una doctrina de Economía Social; Ernesto Wagemann la circunscribe a la actividad económica y la utiliza para determinar la naturaleza de las relaciones que existen entre los fenómenos con que se manifiesta dicha actividad. En las líneas que siguen trataremos de sintetizar el pensamiento del autor antes citado empleando, en lo posible, sus propias palabras.

El sistema económico tiene un carácter esencialmente dinámico. El crecimiento de la población, los progresos técnicos, las alteraciones de los gustos o de las modas, la conquista o pérdida de mercados extranjeros, etc., son suficientes para introducir, en un sistema capitalista nacional, cambios tan generales como capaces de crear un entrecruzamiento o trabazón de fuerzas, extremadamente complejo y enmarañado. Todos los procesos económicos se suceden en series infinitas de alteraciones. Precios, ventas y capitales varían de mes a mes, de semana en semana;, en verdad varían cada día y cada hora. La producción y la actividad económica sólo pueden considerarse constantes en relación a breves períodos. Las actividades económicas se encuentran interconectadas de las maneras más infinitamente variadas. El cambio de bienes, servicios, propiedad de la tierra, acciones, gravámenes, bienes producidos y consumidos, trabajo intelectual y manual, forman parte de una inestable sucesión y con un sistema de conexiones en constante variación. La dilucidación del proceso de 'diosmosis' que, así, se verifica entre los varios factores de una comunidad económica se hace aún más difícil por el hecho de interponerse la moneda como intermediario en todos los actos de cambio. La moneda, a su vez, cambia de aspecto como el camaleón: asume la apariencia de entradas y gastos, préstamos a corto o largo plazo, inversiones o depósitos, costos de producción, salarios e intereses, y, además, de eso, origina reacciones que, hasta cierto punto, son enteramente independientes del proceso natural de los cambios. Dentro de esta trabazón de fuerzas, todos los elementos económicos se encuentran ligados entre sí como los hilos de una red; de aquí que, si en un punto cualesquiera se produce una tensión, ésta se propaga y afecta a todos los otros elementos. En tal sistema no puede constatarse jamás la preeminencia fundamental de un elemento sobre los otros sino que se trata de determinaciones recíprocas que eliminan toda posibilidad de llegar a descubrir relaciones causales y que, por el contrario, imponen la noción de relaciones funcionales. Pero esta afirmación nada tiene que ver, en principio, con el sentido matemático de dichas relaciones funcionales, ya que la relación funcional matemática es cuantitativamente precisa. No puede decirse otro tanto respecto a la interdependencia que existe entre los fenómenos económicos que nunca se dejan conducir y reducir, como cosas vivas que son, a fórmulas matemáticas estrictas. Por otra parte, la relación funcional matemática existe desde el momento en que dos cantidades varían correlativamente, según una ley fija. Ahora bien, en la economía, que forma un todo orgánico, se trata de un verdadero tejido de tales conexiones que precisamente por su diversidad infinita nunca son susceptibles de expresión matemática.

Para abarcar el conjunto de las relaciones funcionales que se producen en la actividad económica, Wagemann parte del principio orgánico-biológico que envuelve la hipótesis fundamental que la economía es un organismo vivo que tiene de común con los seres vivientes de los reinos animal y vegetal la estrecha correlación de todas sus partes, resultantes de la colaboración íntima, de la interconexión de todas sus funciones. A ésto se agrega una peculiaridad que podría denominarse automatismo del movimiento; ésta se manifiesta, en primer término, en un juego dinámico que es algo substancialmente distinto de un mecanismo, al cual sólo se asemeja por el hecho de la interconexión dinámica, pero no por la esencia de dicha interconexión. Desarrollo, tendencia, duración e intensidad del juego dinámico del organismo ostentan el carácter de un ritmo más o menos libre, en contraposición al movimiento estrictamente acompasado de la máquina. La autonomía del movimiento orgánico de la economía la advertimos, sobre todo, en la manera como refleja los estímulos e influencias exteriores, a saber: en forma de una libre elaboración de dichas influencias que, solamente, actúan como 'estímulos'. Ahora bien, estos estímulos o excitaciones nada tienen de común con las causas físicas que se supone iguales a sus efectos. El fenómeno de la excitación puede, más bien, expresarse diciendo que, a grandes causas, pequeños efectos e inversamente. Por lo que atañe a la naturaleza y a la intensidad del movimiento, es del todo indiferente el estímulo exterior. Para ilustrar esta idea con un ejemplo tomado de la biología diremos que así como los nervios de la retina no responden a las excitaciones sino por sensaciones luminosas, así también todo fenómeno que determine un movimiento del sistema económico no podrá provocar sino reacciones fundadas en la estructura misma de ese sistema. De acuerdo con lo anteriormente dicho, el principio orgánico-biológico de Wagemann comprende las siguientes dos hipótesis:

A) Todos los elementos o partes de la economía se hallan ligados por una estrecha relación funcional: forman un sistema cerrado que está sometido a leyes propias; y

B) Las influencias exteriores - ya provengan de esferas no económicas, ya se originen en otros organismos económicos - actúan como estímulos que suscitan movimientos autónomos en el organismo económico observado.

Finalmente, observemos que, para Wagemann, el principio orgánico-biológico no representa, por ahora, sino una hipótesis que estima particularmente fecunda para el trabajo práctico y cuya verdad intrínseca no llegará a demostrarse sino por la práctica misma.

IV

Wagemann sirviéndose del principio orgánico-biológico, elabora su teoría funcional de la ciencia del ritmo económico, que tiene por objeto analizar las determinaciones recíprocas de las variaciones económicas. Partiendo de ese mismo principio, ampliándolo y prolongándolo, podemos llegar nosotros a sentar las bases fundamentales en que debe reposar toda intervención del Estado en materia económica (9).

Desde el momento en que la economía de un país debe considerarse como un organismo vivo en que todas las partes se encuentran correlacionadas en una gigantesca trabazón de fuerzas y en que éstas son funciones las unas de las otras, de tal manera que toda tensión que afecte a un elemento económico va a afectar a los otros bajo la forma de un estímulo cuya propagación estará condicionada por la estructura del sistema, podemos concluir que la intervención del Estado no puede efectuarse, prescindiéndose de las repercusiones y reacciones que la intervención en un elemento, y en razón de las conexiones funcionales, va a tener o determinar en los otros que, junto con él, forman el organismo económico nacional.

El antiguo intervencionismo, basado en el erróneo concepto de relaciones económicas causales, debe sustituirse por una economía dirigida-organizada, orientada o planificada, pues no hacemos cuestión de nombres sino de conceptos- que descanse en el principio de la interconexión de las fuerzas económicas que es el único que puede proporcionarnos una imagen exacta del complicadísimo juego dinámico de la economía.

Según la teoría de las relaciones causales, en todo movimiento económico puede constatarse la preeminencia fundamental de un elemento al cual puede, en consecuencia, atribuírsele el carácter de causa. Así, por ejemplo, Dietze y Moore creen que los movimientos rítmicos de la economía tienen como causa la abundancia o escasez de las cosechas; Liefman la encuentra en los progresos de la técnica; Sombart y Cassel, en la expansión industrial, etc. De esta concepción particular acerca de la naturaleza de las relaciones que ligan a los fenómenos económicos entre sí, se deduce, en el campo normativo, el intervencionismo que para cada problema tiene una solución de especie, pues dentro de la idea de causalidad se involucra, asimismo, la de que modificándose, la causa se modifique, también, el efecto. Con motivo de la aplicación de este criterio, la intervención del Estado, por regla general, se traduce en una serie de medidas inconexas, contradictorias y, a menudo, perjudiciales. Tal política es tan absurda como lo seria la conducta del médico especialista en enfermedades del corazón que recetara a su paciente un medicamento sin entrar a averiguar las condiciones generales de su organismo, a fin de saber si la medicina que le prescribe va a ir o no a lesionar el correcto funcionamiento del hígado, los nervios o los riñones.

Nosotros, que conocemos el carácter funcional de las relaciones que se tejen entre los diversos elementos de la actividad económica, no podemos aceptar una política que descanse sobre un concepto distinto de aquél que consideramos como verdadero sino que creemos que la intervención del Estado debe realizarse por un conjunto de medidas que abarquen la totalidad del organismo económico con las relaciones funcionales que ligan a sus elementos. Así, por ejemplo, toda intervención que se intente en los problemas relativos al empleo de la mano de obra industrial- y dejemos bien en claro que en lugar de este elemento de observación podríamos tomar el de los precios, los salarios, las tasas de los intereses, el comercio exterior o la formación de capitales, pero que como entre todos ellos existen relaciones funcionales la elección de uno u otro no importa pudiéramos decir así sino un desplazamiento del sistema de ordenadas- no puede realizarse sin tomar en cuenta los elementos que se encuentran en relación funcional con dicho empleo, como son: la renta nacional, los capitales, la renta neta de la agricultura, el comercio exterior, la industria de la construcción y los stocks. Así, v. gr., pudiera, a primera vista, creerse que la renta nacional es, en un alto grado, función del empleo de la mano de obra, e inversamente, y que la explicación de las relaciones que unen a estos dos elementos conduciría a una tautología o círculo vicioso, pero un examen dinámico del fenómeno nos permite constatar múltiples y complicadas relaciones, debido a que entre ambos se interponen otros factores que modifican o perturban el circuito que va desde el mercado del trabajo al mercado de las mercaderías; además, debemos recordar y considerar que una variación de la renta o de la mano de obra en un punto puede provocar cambios de carácter económico en otros puntos. Todas estas relaciones son las que deben contemplarse en una política económica que esté de acuerdo con la verdadera naturaleza del juego de las fuerzas económicas: es ésto mismo lo que en otra oportunidad hemos querido expresar al decir que 'la economía dirigida pretende actuar sobre la economía nacional con un criterio de conjunto, considerando los intereses particulares en función del interés general, trazando las amplias directivas de un cuadro general de organización económica en que cada una de las medidas sea armónica con las otras y en que todas ellas se dirijan hacia un único fin, respondan a una sola y única finalidad' (10).

Resumiendo todo lo anteriormente dicho podemos formular nuestra tesis en los siguientes términos: si se acepta la intervención del Estado en materia económica, ésta intervención no puede revestir otra forma que la de una economía dirigida entendiendo por tal un sistema o conjunto de medidas que contemplen la integridad del organismo económico y reconozcan la naturaleza funcional de sus relaciones.

Bibliografía

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FOUILLEE, ALFREDO: 'La ciencia social contemporánea'. Traducción, prólogo y notas de Adolfo Posada, Madrid.

GIDE, CHARLES: 'L'Ecóle Nouvelle', en 'Quatre Ecoles d'Economie Sociale', Ginebra-París, 1890.

GIDE y RIST: 'Historia de las Doctrinas Económicas'. Traducción de C. Martínez Peñalver. Madrid, 1927.

GONNARD, RENÉ: 'Histoire des Doctrines Economiques'. Paris, 1930.

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NICOLAI, GEORG: 'Fundamentos reales de la Sociología'. Santiago de Chile, Editorial Ercilla, 1936.

SPENCER, HERBERT: 'Principes de Sociología '. Traducción de Cazelles y Gerschel. Paris, 1910.

SQUILACE, FAUSTO: 'Diccionario de Sociología'. Barcelona.

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WAGEMANN, ERNESTOS 'Economic Rhythm'. Traducción de D. H. Blelloch. McGraw-Hill Book Company. New York, Londres, 1930.

WAGEMANN, ERNESTO: 'Estructura y ritmo de la Economía Mundial'. Traducción de Manuel Sánchez Sarto. Editorial Labor. Barcelona, 1933.

__________ Notas

 1

«Porque, lo mismo que tenemos diversos miembros dentro de un solo cuerpo y que todos esos miembros no cumplen la misma función, así nosotros los hombres, aunque muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, y cada uno en particular miembros los unos de los otros» (San Pablo, epístola a los romanos, Cap. XII, vers. 4 y 5 ). 'La misma relación de unión que tiene entre sí los miembros del cuerpo, los seres racionales, bien que separados los unos de los otros, la tienen también entre sí, porque están hechos para cooperar a una obra común'( Marco  Aurelio, VII,13).

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 2

Georg Nicolai - Fundamentos reales de la Sociología. Santiago de Chile, Edit. Ercilla, 1936, págs. 97 y 98.

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 3

Augusto Comte -  «Discours sur l'esprit positif»

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 4

GEORG NICOLAI.-Ob. Cit., Pág. 129.

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 5

Por ejemplo, Schaeffle en «Estructura y Vida del Cuerpo Social», y Lilienfeld, en «Ideas sobre la Sociología del Futuros»

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 6

MENGER.- «Untersuchungen uber die Methode der Sozialwissenschaften», Pág. 139. Citado por Wagemann en Economic Rhythm», nota l,.Pág. 11.

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 7

CARLOS GIDE.-' L'Escole Nouvelle», en ' Quatre Ecoles d'Economie Sociales». Ginebra, 1890.

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 8

LEON BOURGEOIS.-«Philosophie de la Solidarité' , París, 1902, Págs. 13 y 17.

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 9

No vamos a discutir, aquí, la conveniencia o inconveniencia de dicha intervención sino que partiremos del hecho real y concreto de su existencia, franca o disfrazada, en todas los países y trataremos de dilucidar cuál es la forma que ella debe revestir.

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 10

ALBERTO BALTRA.-«La Economía Dirigidas. Santiago de Chile, 1936, Pág. 10

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