Artículo

  • Los derechos naturales de Chile sobre La Antártica, considerados desde su aspecto científico

Resumen

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Abstract

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Conferencia pronunciada en la Escuela de Derecho de Santiago, bajo los auspicios del Instituto de Altos Estudios Internacionales.

La Antártica Americana, ubicada en la prolongación del extremo Sur del Continente Sudamericano está constituida por un casquete que abarca más o menos un cuadrante del círculo antártico, el que a su vez contiene los inmensos y helados territorios que rodean al Polo Sur.

Según Risopatrón se puede designar con el nombre de Antártica Americana a la parte de las tierras Antárticas encerradas entre los meridianos extremos de la Americana Meridional, vale decir, desde el grupo de las islas Sándwich del Sur en la Latitud 55° Long. 26º W hasta la isla Pedro I en la Lat. 70º S. Long. 90º W.

La Antártica Americana, comprendería así las islas Georgia del Sur, el archipiélago Sándwich del Sur y las Orcadas del Sur, el grupo de las Sándwich del Sur y todas las tierras Antárticas comprendido entre los meridianos antes mencionados, con los archipiélagos adyacentes de Joinville, Palmer, Biscoe, etc. Estas tierras no han sido aún debidamente exploradas, conociéndose por ahora la tierra de Grahan, que es la que más avanza hacia el Norte en los meridianos próximos a la Tierra del Fuego.

Estas tierras antárticas son de carácter montañoso y sus costas tanto al Oriente como al Poniente, son quebradas y circundadas de islas, canales y fiordos.

A este respecto se ha hecho notar la repartición antípo­dica de los mares y continentes en la superficie de la tierra, es decir, donde existe un continente, en la antípoda existe un océano y viceversa.

Atendiendo a esta particularidad es que en los polos se verifica la misma ley, pues mientras el Polo Norte está constituido por mares, el Polo Sur lo está por altas tierras continentales.

El conocido geógrafo Reiter ha sentado la teoría de que así como en la América del Norte, la cordillera que bordea su costa occidental recurre hacia el Este y después de pasar por las Antillas se inclina al Sur para prolongarse en se­guida cerca de la costa de la América del Sur, así también la Cordillera de los Andes, en su extremo Sur, dobla hacia el este para continuar en forma submarina a través de las Islas de los Estados, las Malvinas, el Banco de Burdwood, las Georgias del Sur, Orcadas y Shetlands Sur.

El célebre explorador Nordenskjold recuerda el he­cho de que en Georgia del Sur la expedición sueca descubrió­ fósiles que identificaron esas montañas con las de Tierra del Fuego.

Esta continuidad orográfica establecida por Reiter esta reafirmada por la similitud geofísica que se dice es sorprendente entre la Tierra de Palmer y la Tierra del Fuego. Nordenskjold aún llega más lejos y sostiene que la Patagonia Americana tendría un aspecto geofísico muy similar al de las tierras antárticas, al extremo de que ambas por la morfología de sus montañas podrían confundirse si la Pa­tagonia tuviera las nieves eternas de su congénere (1).

En el campo de la geología es donde se da amplia razón a la tesis de que las tierras polares forman parte integrante de América del Sur.

La parte del Polo Austral es una desviación de nues­tro continente. El examen geológico ha revelado que el suelo de la tierra de Graham responde a la formación de este con­tinente, ofreciendo señaladas analogías y el geólogo vienés Suess ha denominado las estribaciones montañosas que se observan en esa tierra como 'Antarctandes' por conside­rarlas una prolongación de nuestra cordillera de los Andes.

Para una perfecta identificación entre las tierras antárticas y las del extremo Sur de Chile  y Argentina, como que las primeras son una prolongación de las últimas, fal­tará sólo el examen de restos fósiles para que en su estudio respectivo nos traiga la comprobación que una misma vida animal y vegetal ha habitado ambos continentes.

La geología sostiene que en uno de los períodos de la Edad de la Tierra (cenozoico o cuaternario) un gran hundimiento habría hecho desaparecer de la superficie del océano una inmensa extensión de tierra que unía precisamente a la Tierra del Fuego con la Antártica; esto ocurriría, según la tabla para correlacionar períodos geológicos con espacios de tiempo, hace alrededor de 30 millones de años; en tal caso los bancos Burdwood y Erebus y los archipiélagos de Georgias del Sur, Sándwich del Sur, Orcadas del Sur  y Shetlands del Sur, no serían sino las cumbres de las montañas de estas tierras que ese cataclismo hundió a grandes profundidades, entre dos y cuatro mil metros.

De aquí emerge una nueva y singular similitud que es ese contraste formidable de la Cordillera de los Andes, que sobre todo en la región Magallánica y Tierra del Fuego pre­senta altos picos y cumbres de mil a dos mil metros inme­diatos a profundidades en el mar de centenares y también miles de metros. En la Antártica y archipiélagos que la ro­dean se presenta el mismo fenómeno.

El parecido, y más que eso, el parentesco y muy próximo, que existe entre el territorio chileno y la Antártica tiene ­en sus nieves y hielos la razón tal vez más fundamental y convincente.

En nuestras montañas y alturas nevadas y en nuestros ventisqueros; en los hielos continentales y en las nieves pe­nitentes, se ha observado como el territorio chileno es en rea­lidad una prolongación de las tierras Antárticas.

El efecto, los fenómenos glaciales de Chile presentan dos características sobresalientes a saber:

a) Tienen morfología propia y podría decirse exclusiva en el mundo, como son las nieves penitentes y los hielos con­tinentales; y

b) Chile puede considerarse como un país dotado de una influencia glacial única si se le consideran sus ventisqueros y otros fenómenos glaciales permanentes que se mantienen y viven, por así decirse, en latitudes extraordinariamente bajas. A modo de ilustración nos referiremos a las nieves pe­nitentes, extraño fenómeno característico y peculiar de las altas regiones de los Andes chilenos y argentinos y que has­ta hace poco era casi desconocido por los hombres de cien­cia; y que geólogos argentinos denunciaban como fenómeno que ocurría en la mitad de los Andes del lado de ese país, cuando en realidad es común para las altas cumbres de am­bos países.

(Véase: “A study of the nieve penitente of the Chilean Andes', por Humberto Barrera, pág. 589).

El fenómeno de la nieve penitente es la mas bella e in­teresante forma como la nieve puede presentarse al ojo del observador de las altas montañas. Ha causado la más gran­de admiración de alpinistas y exploradores, y su aspecto, pintoresco y sorprendente a la vista del viajero, constituye una de las más bellas atracciones de nuestra cordillera.

La nieve penitente se presenta a considerable elevación sobre el nivel del mar ( entre 2,000 y 2,500 metros), y gene­ralmente aparece como un cuerpo de ejército en formación compuesto por estatuas de nieve correctamente alineadas y que diseminan sus blancas túnicas en trechos más o menos grandes.

El hecho de su blancura y apariencia de  encapuchados impresionó a los primeros exploradores que descubrieron el fenómeno recordando las clásicas figuras tan conocidas en la procesión de Semana Santa y que los fieles y el público en general, conocen con el nombre de penitentes. De ahí el nom­bre de 'nieves penitentes'.

I. Hielos antárticos

El hielo polar es de dos clases:

1.= Hielo terrestre, formado en tierra, que es el que da origen a los iceberg. 2.= Hielo marino, formado en el mar que da origen al 'packice', que es hielo delgado que al dividirse forma el 'drift-ice '.

El hielo de tierra está generalmente surcado por numerosas y profundas grietas, a veces hasta más de un metro de ancho. Lagunas de agua se encuentran a menudo en los de­pósitos del mar Glacial del Norte. En el antártico son mucho menos frecuentes.

Nordenskjold sostiene que en las tierras antárticas se encuentra más hielo que en las árticas.

Generalmente el hielo toma una forma ondulada; que­brada a semejanza de nuestras nieves penitentes de la Cordillera de los Andes.

Hielo rojo o de color chocolate cansado por algas micros­cópicas. (Protococus nivelas de Darwin).

II. Aurora austral

A pesar que los truenos y relámpagos no ocurren con frecuencia en la antártica, la atmósfera suele saturarse de electricidad, fenómeno tal vez causado por granitos secos de nieve, levantados por el viento.

La aurora austral es uno de los fenómenos más busca­dos por los navegantes de las aguas antárticas.

Varios observadores en diferentes fechas han observa­do la aurora austral; a saber: Biscoe dice haberla observa­do el 2-IV-1831. En 1839 Juan Balleny en el 'Elsa Scott ' pudo observar la aurora durante muchas noches. Ella no tiene, ni con mucho, la importancia de la boreal. Esta apa­ga con su luz las estrellas de 3.ª magnitud, y hace que los objetos produzcan sombra, la luz de austral no eclipsa la luz de las estrellas mas pequeñas.

La atmósfera es también puente de unión entre la An­tártica y Sudamérica y esta ligazón es de la más alta importancia en lo que se refiere a nuestro país, porque influye en forma muy principal en el régimen meteorológico de Chile, provocando las alteraciones bien conocidas de los malos tiem­pos y temporales australes y que se propagan hasta la zona central de nuestro territorio. Influencia importante también deriva de la invasión de grandes masas de aire frío en nuestros regímenes originando en determinativo poderoso en las características generales de nuestro clima.

Los meteorólogos actuales, entre ellos, los reputados bien conocidos en el mundo de ciencia Dres. Mossmal, Kitson y Simpson, este último técnico en meteorología de la expedición Scott, en sus teorías novísimas, han establecido que la zona del Polo Sur está cubierta por un considerable centro de alta presión, permanente e inamovible que reina sobre sus mesetas y montabas. Concéntrico a ella se ubica­ría un anillo de bajas presiones aisladas entre sí, que también se asienta en las altas costas antárticas. De este anillo se desprenden las grandes masas de aire helado del Este, ba­jando de las altas costas hasta el mar, en forma análoga como en la Groenlandia, obedeciendo a la gravedad y se encon­traría con los vientos permanentes del W., que reina, entre las latitudes 40º y 60º, ocasionando así el choque de corrien­tes aéreas de diferentes temperaturas (entre 5 a 6º C.) y de opuesta dirección que originarían las depresiones o centros ciclónicos de carácter giratorio.

En esta forma la Antártica, con sus masas de aire, in­forma de manera muy principal y determinante las características de nuestros regímenes atmosféricos, las alteracio­nes del tiempo, con sus temporales y malos tiempos y final­mente, particulariza nuestro clima a lo largo de todas nues­tras costas hasta templar nuestras temperaturas subtropica­les de la parte Norte del país.

Es importante señalar que estas teorías están listas a recibir su debida confirmación, mediante las observaciones meteorológicas verificadas por los meteorólogos de la expe­dición Byrd y las mismas que se realizaron en nuestro te­rritorio por las diversas estaciones de la Oficina Meteorológica de Chile.

A modo de ilustración, creemos conveniente resaltar aquí que el clima Antártico es de una crudeza excepcional: las bajas temperaturas, la frecuencia de las tempestades y la fuerza extraordinaria del viento hacen de la comarca la región más inhospitalaria de la tierra. Los inviernos antárticos son tan rigurosos como los de la Siberia occidental y los veranos tan frios como los obser­vados cerca del Polo Norte. Los veranos inclementes cons­tituyen la característica del clima antártico.

En el Observatorio de Bahía Scotia, en la isla Laurie, en las islas Orcadas del Sur, se ha registrado en una observación permanente de dos años, o sea durante 1'7,520 horas, 100 horas de sol, lo que equivale al ínfimo porcentaje, de casi el 1/2 %.

Con estas referencias es fácil imaginar las dificultades y riesgos de todo género que rodean y emergen al paso del marino y del explorador al abandonar las zonas australes para remontarse en las regiones antárticas.

A los horribles temporales que soplan con fuerza única y casi permanente, y  que provocan un mar agitado por olas gigantescas, se unen las neblinas que ciegan a los tripulantes cuando no son las temibles blizzard de efectos aún más ce­gadores y que producen desconcierto aún en los más ave­zados navegantes.

A lo anterior se agregan los icebergs antárticos, hasta de 100 metros de altura y de 1 a 40 millas marinas de largo, en figura de enormes cubos de lados iguales y verticales, los cuales navegan produciendo uno de los riesgos más graves para los barcos, pues el choque con uno de ellos en esos ma­res cerrados por las nieblas o blizzards es inminente y sus resultados pueden ocasionar la terrible tragedia de averiar­los seriamente o hundirlos en un cuadro de tempestad que aleja las posibilidades de salvar aún las propias vidas.

II PARTE

Los fundamentos anteriores, todos de orden científico y que hemos someramente enunciado en la I Parte, constitu­yen los elementos relacionadores que nos conducen a avan­zar la declaración que la Antártica Americana es seguramen­te la prolongación del extremo más austral de la América del Sur.

Las características de la naturaleza que antes hemos es­tablecido adquieren aún mayor consistencia si nos detene­mos a analizarlas y compararlas con las de la Cordillera de los Andes, cuyo macizo en forma vertebral no sólo le da, oro­gráficamente, singular relieve principalmente en las Repúblicas de Chile y Argentina sino que regula a gran parte de este Continente en sus aspectos geofísicos, Hidrográficos, la­custres y glaciológicos. De tales aspectos se derivan, a su vez, elementos correlacionadores fundamentales en la vida de todo orden para el continente en el Hemisferio Sur, como son los determinantes climatéricos que en expresión genérica podríamos enunciarlos como los agentes meteorológicos y oceanográficos.

La República de Chile presenta, sobre el gran parentes­co ya establecido entre el extremo más austral de la América del Sur y la Antártica dos condiciones relevantes que hacen que en realidad esta última se considere en el terreno cien­tífico, en tan íntima relación, como que es la prolongación de la Tierra del Fuego chilena; ellas son:

a) Su mayor proximidad geográfica que es superior a la de la República Argentina y de cualquier otro país del con­tinente y que fácilmente es apreciable en la carta marina de la Oficina Hidrográfica del Almirantazgo denominada 'South Polar Chart'. En dicha carta el Cabo de Hornos ­dista de la costa más cercarna  del Grupo Shetlands del Sur, 500 millas marinas;

b) La manifiesta influencia antártica sobre Chile refle­jada en sus fenómenos glaciales que se remontan a muy bajas latitudes y que repercuten además en su clima y fenó­menos meteorológicos del país en general.

Estos fenómenos glaciales, como el ventisquero de San Rafael, ubicado en Lat. 46°-40’, constituyen por su magnitud y su ubicación tan relativamente próxima al trópico, una excepción en el mundo, de suerte que se ajusta a la plena realidad si decimos que Chile con todo su extremo austral hasta la  península de Taitao, es una prolongación de la An­tártica.

Además, en circunstancias geológicas anormales, como ocurrió en el terremoto que asoló a Valparaíso, principalmente, y otras ciudades de la República, grandes e inmensos icebergs de hasta 600 ( ?) pies de altura llegaban por el Atlántico hasta cerca del paralela 39°; sus paredes eran ver­ticales, de color blanco ligeramente azulado, sin nieve fresca encima y aparecían como recientemente arrancados (2).

Podemos, pues, después de haber enumerado los facto­res más importantes, establecer que Chile tiene innegables derechos naturales sobre ciertas tierras Antárticas, ya que todos los análisis derivados de ciencia nos dan seguridades que una es prolongación de la otra.

Nos serviría de ilustración saber a continuación los paí­ses que han explorado la Antártica.

En realidad, todos los países europeos que a través de los tiempos han dispuesto de exploradores han ocupado par­te de su tiempo y el de los expedicionarios en explorar y des­cubrir con verdadero tesón las regiones Antárticas.

Inglaterra, Alemania, Estados Unidos, Bélgica, Norue­ga, Escocia, se destacan, desde principios del Siglo XVII, en forma escalonada, explorando el Océano Antártico. Aun­que el célebre corsario Drake en 1578, parece ser el primero que, arrastrado por los frecuentes temporales del Norte, pu­do establecer que las tierras Americanas terminaban en latitud 56° S.; en 1598 el piloto Dirk Cherritz se dice que vió en lat. 64° una costa nevada y montañosa que se supone sean las altas mesetas del archipiélago que hoy lleva su nombre al W. de la Tierra de Danco.

A continuación, desde el conocido Captain Cook de la Real Marina Británica en 1773 hasta el famoso explorador norteamericano, Almirante Richard E. Byrd, la Antártica Americana ha recibido de tiempo en tiempo la visita de exploradores acompañados de hombres de ciencia que han llegado a esas tierras inhospitalarias en el noble afán de des­cubrir este nuevo continente helado que por sus caracterís­ticas del clima tan extremadamente duras al hombre y a la vida en general se encerraba hasta hace poco en el misterio.

Debemos, pues, mencionar a los principales exploradore­s: Palmer, Wedell, Biscoe, D'Urville, Wilkes, Ross, Larson, Nordenskjold, Bruce, Charcot, Scott, Shackleton y Byrd, y sus abnegados colaboradores en el descubrimiento escalona­do y por parcialidades de la Antártica que, aunque todavía no está terminado en algunos aspectos bien interesantes de la topografía e hidrografía, nos permite con todo, asegurar que la Antártica es un continente que tiene en reducidas par­tes una vegetación de lo más pobre y raquítica a base de al­gunas algas, líquenes y musgos.

Sin embargo, los restos fósiles encontrados revelan que en el período jurásico existía una variada y abundante vegetación vinculada con la Araucaria brasilera y la fagus de América.

Informaciones contemporáneas de principios de este si­glo coinciden con las obtenidas por los hombres de ciencia de las expediciones del Almirante Byrd. Es efectiva la existen­cia de grandes yacimientos carboníferos. Se trata de carbones pobres, expresa el distinguido Almirante, pero en todo caso en tan grandes cantidades que constituyen las reservas del mundo de este combustible.

Se considera también que existen grandes reservas de numerosos minerales y además metales valiosos como el Ti­tanium y abunda el cuarzo, que es indicio seguro del oro, y se estima que no debe abandonarse la idea de encontrar yacimientos petroliféros.

Las últimas informaciones oficiales proporcionadas por el Almirante Byrd a las Cámaras Legislativas de los Estados Unidos de Norte América, dice que sus investigadores cientifícos en mineralogía han encontrado 147 diferentes mi­nerales, de cuya explotación práctica no puede aventurarse a opinar, por desconocer la abundancia que tales yacimien­tos puedan contener, como también desconoce las dificulta­des materiales que presenta el suelo y demás características antárticas.

El Almirante Byrd, por encargo expreso de su Gobier­no, en su reciente expedición, procuró obtener la línea de la costa que enfrenta al Océano Pacífico y según sus infor­maciones, avanzó bastante, venciendo las dificultades del pack-ice, desde el mar de Ross en Little América, hacia Oriente, tal vez hasta el meridiano 120 W.

A modo de información creemos importante consignar en este trabajo que Chile a medida de sus escasos medios ha llegado hasta la Antártica, para fines de pesos en la indus­tria privada (3) y también oficialmente en 1916, cuando la escampavía nacional 'Yelcho' salvó a los acompañantes del explorador Shackleton.

Esta expedición británica al mando de Ernest Shacklede­ton que había intentado atravesar las tierras antártica pasando por el Polo Austral, se encontró en el mar de Weddel completamente bloqueado por los hielos a fines de Julio en Lat. 669° y con temperatura de 464ºC. bajo cero. El buque 'Endurance' fue destruído por los hielos, y después de terribles peripecias y fatigas lograron llegar sus tripulantes a la isla de los Elefantes el 15 de Abril de 1916.

Shackleton decidió zarpar con cinco hombres en busca de auxilio a Georgia del Sur, a 750º de distancia, cosideran­do los víveres muy escasos al extremo de beneficiar los pe­rros de los equipos de los trineos salvados en el naufragio. Quedaron 21 tripulantes aguardando la salvación que les traería Sir Shacldeton.

El esforzado explorador tardó 16 días en llegar a Geor­gia del Sur, donde consiguió en la estación ballenera un bar­co de 80 toneladas con el cual hizo varias tentativas de sal­var a los suyos, contando con el apoyo del Gobierno uruguayo, pero sin resultado, hasta que la 'Yelcho' zarpó de Punta Arenas el 23 de Agosto llevando al explorador a su bor­do y al mando del Piloto Pardo. El día 30, después de navegar entre grandes mantos de neblina y témpanos enormes de hielo, se avistaron las costas de la isla Elefantes, donde fueron encontrados en buena salud, no obstante sus muchas penurias, los 21 expedicionarios que dejara su Jefe.

La República de Chile con lo anterior, incuestionablemente no sólo realizó una acción de salvaje que habla en favor de sus grandes sentimientos de humanidad y solidaridad internacional, sino que creyó cumplir con un sagrado deber, al poner buques y hombres de la Armada de Chile al mando del marino también chileno, Piloto Pardo, al servicio de un arriesgado salvamento de esforzados exploradores que corrían inminente peligro de sus vidas en los temibles, helados y desconocidos mares y tierras Antárticos que corresponden al territorio chileno o que son vecinos a él (4).

Una larga exposición y varios documentos que obran en nuestros antecedentes, nos autorizan para reseñar aquí úni­camente cuales son los países que se  han creído con derecho sobre la Antártica, apoyándose en la acción de sus explo­radores en el terreno de los descubrimientos de sus tierras, y sus otras investigaciones científicas. Saldría de las márgenes del presente trabajo, entrar a hacer una reseña his­tórica que no gravitaría tampoco en ningún plano útil al objeto perseguido en esta exposición.

Estos países, en su mayoría europeos, han efectuado 'denuncias' de carácter muy intrascendentes, por decirlo así, ya que el paso de expediciones o el funcionamiento de es­taciones balleneras que eventualmente actúan en la Antártica no originan una ocupación tal como se entiende desde el punto de vista del Derecho Internacional.

En el mapa puede verse una distribución de los casquetes entre los países que han establecido sus derechos even­tuales sobre la Antártica. Como podrá apreciarse, Gran Bretaña abarca un muy grande porcentaje, siguiéndolo a continuación Noruega y Francia.

Puede observarse, además, que entre los 90° y 150° de longitud Oeste, se mantiene un enorme casquete de 70° de abertura meridiana que es precisamente aquel que más han investigado los exploradores norteamericanos bajo la admi­rable organización, dirección y mando del Almirante Byrd, quien, con grandes conocimientos de la zona y un coraje y perseverancia que lo colocan como el primer explorador del mundo, en tres expediciones va desentrañando todos los ya­cimientos naturales, recursos y condiciones generales y par­ticulares de la Antártica entre las bases de Little América y la del Este ubicada en Bahía Margueritte.

Otros países que alegan pretensiones sobre las Tierras Antárticas

Alemania.- Reclama para sí una fracción de tierra ubicada al Sur de la Tierra de Coast, limitada por campos de hielo y comprendida más o menos entre 6-17 E y G-5° W. Esta región fué explorada por el Capitán Aviador Alfredo Ritsch, durante el verano 1938-39, y que según informaciones, alcanza una superficie algo mayor que la de la provincia de Buenos Aires

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Japón.- Este país también aspira a dominios en la An­tártica si nos atenemos a las informaciones de prensa no han mucho aparecidas. La Sociedad Japonesa de Exploraciones Antárticas habría solicitado del Gobierno que proclamase la soberanía nipona sobre tierras observadas por una Expedi­ción que destacó este Imperio en 1912.

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EE.UU. de N. A.- En el gráfico puede apreciarse a simple vista cual sería el casquete sobre el cual aparecerían las pretensiones norteamericanas; aunque versiones no con­firmadas oficialmente indican que el Almirante Byrd ha­bría aconsejado comprender también en la zona de influen­cia de la doctrina Monroe, el sector ubicado entre los meri­dianos 20 y 155 Oeste, con lo cual se invadirían ciertas regio­nes cuya posesión alega Gran Bretaña.

SOBERANÍA DE LAS TIERRAS ANTÁRTICAS Según Cap. de Fraga Teodoro Caillet Bois (en retiro).

Actividad Año Observaciones

Industria Ballenera. Compañía Argentina de Pesca.

1904

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Orden Gobierno Británico estableció soberanía sobre un extenso sector con el nombre de Dependencias de las Falkland. (Tierra Graham, el mar de Weddell y la cadena de las Antillas Antárticas, incluso las Orcadas) (con un error abarcando la Patagonia).

1908

En lo relativo a Tierra de Graham, esta pretensión Británica, es injusta, pues fueron Belgas, Suecas y Francesas las expediciones que realizaron allí verdadera labor científica.

15 años más tarde, una 2ª orden creó un nuevo sector británico Dependencia Ross de Nueva Zelandia.

1923

Este sector abarca con mayor justicia todo el mar de Ross con más justicia que en el caso anterior, ya que allí se realizaron expediciones grandes como las de las de Scott y Shackleton (con rivalidades como las de Admussen y una japonesa).

Conferencia Imperial en que se mencionaron vastas áreas a las que el Gobierno Británico tendría derecho por descubrimiento.

1926

Esas tierras son: Coats, Enderby, Kemp, Queen Mary, Wilkes, King George V y Oates.

Australia, imitando a su Metrópoli se adjudicó un sector nada menos que 115° (dC - 160° - 45° E.).

1933

Este sector abarca la Tierra de Adélie descubierta por Dumont Turville y que Francia reclama desde 1924.

Noruega, Sector de 63° entre las Tierras de Coats y Enderby (18° W

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Queda el saldo de  70° del Pacífico entre los de Pallandy de Ross.

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(1)

Agrega que también existe, fuera de la cadena de montañas la formación arenosa. Dice: «si imagináramos la Patagonia hundida 200 metros y cubierta por el hielo, presentaría caracteres muy semejantes alas regiones polares». volver

(2)

Memorias del 20 viejo de Lansen con el 'Antartic' y el viaje (190) de yalour con el 'Uruguay', volver

(3)

Charcot en el 'Pourquoi pas' encontró en 1908-10 balleneros en la Isla De­cepción. En sus Memoria recuerda el buque fábrica de la Compañía Ballenera  Ma­gallanes que operaba es la región: 'Gobernador Borres', de 3000 tons. y se complace en significar sus agradecimientos por 30 tons. de carbón que le proporcionaron los chi­lenos en I. Decepción Rough, otro explorador francés también reconoce la estancia ballenera en la Antártica en 1926. volver

(4)

Queda pues de manifiesto que Chile y sus habitantes, desde  muchos años han tenido y desplegado un interés efectivo en la parte del Nuevo Continente que le corres­ponde y que las derechos naturales que ya hemos visto le conceden en forma irrefu­table. Volver