Crónicas

  • Discurso pronunciado por el Profesor Sr. CARLOS VERGARA BRAVO, en el Aula Magna de la Escuela de Derecho, el 22 de Octubre de 1942, en el acto de entrega de premios

Resumen

Abstract

Como es uso y costumbre, reúnese esta vez la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Chile, en solemne sesión, para dar debido cumplimiento a la disposición testamentaria del conocido hombre público, señor Marcial Martínez Cuadros, y al acuerdo del Consejo de Instrucción adoptado en el mes de Octubre del año 1925 a proposición del entonces y actual Decano de la Facultad, señor Arturo Alessandri Rodríguez.

Constata la Historia, que en épocas y lugares diversos, hombres de espíritu elevado han deseado que continúe después de sus días la protección que dispensaron a las ciencias, las Tetras y las artes. De este modo, se han sobrevivido y adquirido una especie de inmortalidad, porque los beneficiarios de tan alto y desinteresado estímulo, recordaran siempre, en el ejercicio de la muy noble cualidad moral que es la gratitud, el nombre de aquellos que han contribuído a dar luz y a facilitar el desbrozamiento de los caminos del saber. La vida misma otórgales este galardón justo y, de generación en generación, perpetua la memoria de estos claros a ilustres varones, figuras vivas de la historia y de las tradiciones patrias, que siguen viviendo en nuestros recuerdos, y, a manera de luminarias encendidas en lo más alto de las montanas, alumbran con los destellos de la excelsitud de sus espíritus, nuestras existencias confusas, a veces obscuras a fuer de inquietas, y siempre zozobrantes en el tempestuoso oleaje de las convulsiones humanas que amenazan, como en época alguna sucediera, con la destrucción y el aniquilamiento aún de las más recias personalidades morales.

La Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, llevando a efecto la voluntad del señor Martínez de instituir un premio anual que se dé por turnos trienales sucesivos a la mejor obra original científica, literaria o artística, que se publique o ejecute por chilenos, ha acordado otorgar el 'Premio Marcial Martínez' al Seminario de Derecho Privado, por la obra, de cerca de mil páginas, titulada 'Derecho del Trabajo', publicada bajo la dirección del Director señor Luis Barriga Errázuriz y del Secretario de dicho Seminario señor Alfredo Gaete Berríos, 'estudio completo, metódico y bien documentado de esta nueva disciplina jurídica', formado por los excelentes trabajos individuales de los señores Juan Tapia, Héctor Humeres, Ismael Edwards, Jorge Edwards, Aída Belmar, Carlos Ruiz y Bruno Bertoni.

Asimismo, la Facultad, realizando el noble propósito contenido en el citado acuerdo del Consejo de Instrucción Publica, ha discernido el 'Premio al mejor alumno' que ha terminado sus estudios en el año anterior a la fecha del Concurso, esto es, que ha recibido el Diploma de Licenciado en el año 1941, al señor Gustavo Cid Celis, joven de clara inteligencia, de rara contracción al trabajo, que ha descollado entre sus compañeros de estudios que nunca fracasaron en ningún examen, que nunca obtuvieron note inferior al 60%; de los puntos que constituyen la note más alta, que merecieron recomendación especial en las pruebas respectivas y que han observado una conducta intachable y una moralidad reconocida: ha merecido ser designado el más sobresaliente entre los más distinguidos. 

II

Con este acto público y con el discernimiento de estos premios, la Facultad realiza una de las funciones que competen a la Universidad. Importante, sin duda, pues en todo tiempo y lugar el desarrollo de las ciencias, el estímulo de los estudios y el progreso pedagógico, han sido funciones intrínsecas de estos planteles.

Pero, ni estas actividades, ni sumadas a ellas las que corresponden a la formación profesional y al engrandecimiento de la propia institución universitaria, son, ni pueden ser, menos hoy que antes, las principales finalidades de estos grandes organismos nacionales.

Más allá de la investigación científica, del cultivo de las letras y del perfeccionamiento de las artes; más allá de la difusión de los conocimientos, de la formación profesional y del adelanto pedagógico; más allá de su contribución al desarrollo de la técnica y al desenvolvimiento de la civilización; más allá, de todo esto, hay algo transcendental que constituye la función humana de la Universidad', la realización de su 'vocación humana' : es el cultivo del espíritu, la investigación de la personalidad humana y de sus valores permanentes, el perfeccionamiento del hombre, la difusión de la cultura y las graves e inquietantes preocupaciones de la moralidad, de la justicia y de la paz. Por esto, la Universidad no es solamente lo que hasta aquí ha sido; es también el organismo, que encarna y representa la cultura, que organiza y orienta el pensamiento hacia finalidades humanas y que esboza los sistemas que realicen la armonía social. Pero, es, además, como lo he dicho en otra ocasión, el más vigoroso poder espiritual meramente humane, el organismo superior que interpreta al Hombre, a la Sociedad y al Universo. 

¿Cumple la Universidad este rol humano transcendental?.

¿Puede decirse que la Universidad sea efectivamente, el primer factor de la cultura, poder forjador de almas, que templa el carácter y engrandece la personalidad a inspira una vida virtuosa y heroica?.

¿Ha comprendido la Universidad que su rol no es el del triunfador, sino el de quien orienta, da las armas y señala los medios; pues, a ella no le corresponden los éxitos?.

¿La Universidad y los Universitarios se han posesionado que el espíritu no es la inteligencia, y que el cultivo del espíritu es la base de toda cultura? ¿Qué la cultura significa, en frase de Justo Prieto, 'uso de los conocimientos y orientación racional de la vida según una crítica y una valoración de la vida misma, por el discernimiento de sus valores fundamentales parciales', y que implica