Crónicas

  • Discurso pronunciado por don GUSTAVO CID CELIS, en el Aula Magna de la Escuela de Derecho de; Santiago, el 22 de Octubre de 1942, al recibir el premio de mejor licenciado de 1941

Resumen

Abstract

SEÑOR DECANO, SEÑORES PROFESORES, SEÑORAS Y SEÑORES:

Me ha correspondido la honrosa distinción de ser favorecido con el Premio al mejor Licenciado de esta Facultad durante el año 1941, distinción que todavía aparece mas honrosa, si se considera que ella fué otorgada por la unanimidad de los ilustres profesores de esta Escuela, y en cumplimiento de un acuerdo del Honorable Consejo de la Universidad de Chile.

Don Carlos Vergara Bravo, con la autoridad que le proporciona su doble carácter de Profesor de Derecho del Trabajo y de Introducción al Estudio del Derecho en esta Facultad, y de hablar a nombre de ella, nos ha explicado en conceptos luminosos, meditados y profundos el significado cultural y la trascendencia pedagógica de esta reunión, especialmente en cuanto sirve para realzar la misión de defensa de la cultura jurídica y de los derechos permanentes del espíritu y la personalidad humana, que constituye el papel fundamental de la Universidad en los tiempos contemporáneos. En lo que a mi respecta, le agradezco en la forma emocionada y sincera sus palabras de reconocimiento y estímulo por la labor que me cupo desarrollar bajo el alero cariñoso de esta casa del derecho.

El sentido espiritual de esta reunión universitaria, que resalta aún mas ante el panorama trágico que vive el mundo, pareciera que fuera inspirado por las figuras tutelares de los egregios maestros del pasado, que sembraron en estas aulas una semilla que los dignos profesores de hoy han hecho fructificar. El espíritu inmortal de aquellos eminentes juristas, que enaltecieron y dignificaron con sus enseñanzas este plantel, parece que reviviera al calor de las lecciones y las directivas siempre sabias y justicieras de los maestros de hoy.

Aprecio en toda su alta significación el premio que se me ha discernido, y comprendo de sobra que ningún merecimiento de mi parte podría llegar a justificarlo, que no fuera el reconocimiento público y democrático de esta Facultad Universitaria; pare cualquiera de sus alumnos que sepa entregarse con cariño y tesón al estudio a investigación de las disciplines jurídicas que aquí se cultivan.

Pero al mismo tiempo, me doy cuenta que descansa sobre mi una inmensa responsabilidad: la Escuela me ha destacado como uno de sus alumnos más aventajados, y con ello he contraído un compromiso sagrado, en el sentido de encuadrar todos mis actos en el ejercicio de la noble profesión que aquí se me enseñó, dentro de las severas normas de 6-tica profesional y de discipline intelectual, en cuyo culto esta Facultad emplea el aspecto más dignificador de su labor docente. Que Dios me prodigue su ayuda para hacer cumplido honor a este compromiso, ya que en 61 va vinculado el prestigio inmaculado de esta Escuela Universitaria, que con la institución de estímulos como los que hoy se han conferido a algunos alumnos, cumple con el deber de alentarlos para que en una lucha igualitaria y noble, sin otro antecedente que los merecimientos que hayan demostrado, puedan llegar a obtener el preciado galardón que premia sus desvelos y sacrificios.

No dudéis, señores profesores, de la sinceridad de las palabras con que os agradezco la distinción con que me habéis honrado, y os aseguro que en el futuro de mi vida, pondré cuanto esté de mi parte, empleando en ellos todas las fuerzas de mi espíritu, al servicio de los excelsos ideales de honradez, justicia y corrección que vosotros inculcáis en vuestras enseñanzas.