Artículo

  • La Escuela de Derecho de Valparaíso

Resumen

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Abstract

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La 'Escuela de Derecho' de Valparaíso fue creada por Decreto Supremo de fecha 18 de Mayo de 1911, firmado por S. E. el Presidente de la República, don Ramón Barros Luco y refrendado por el señor Aníbal Letelier, como Ministro de Instrucción Pública. La dictación de este decreto vino a consagrar y a legitimar un episodio que, en ese entonces, había encendido los ánimos y apasionado a los espíritus. El tiempo transcurrido ha hecho que, hoy en día, miremos ese suceso como la culminación de una lucha romántica. Fueron sus primeros profesores, abogados de nota de Valparaíso, como los señores: Antonio Varas, Rafael Luis Barahona, Oscar Feliú Hurtado, Ezequiel Camus Valdés, Aurelio Cruzat Ortega, Víctor Bobillier, Carlos Rudolph, Eduardo Barredo Condell, Francisco Araya Bennett, Adolfo Infante, Miguel Arenas Aguirre, etc., etc. La mayor parte de ellos, aunque han transpuesto el Umbral, son recordados con respeto y veneración. Del Cuerpo Docente, con que se inició la Escuela bajo la denominación de 'Curso Fiscal de Leyes' para diferenciarlo del Curso Universitario de los S. S. C. C., aún dicta su Cátedra don Ezequiel Camus Valdés, en la asignatura de Derecho Romano. En los Archivos que se han podido conservar, aparecen las nóminas de sus primeros alumnos. En un comienzo, fueron pocos. Sin embargo, la matrícula fue aumentando gradualmente hasta alcanzar un nivel de 100 alumnos que es el número habitual de estudiantes de Derecho en esta Escuela. Desde 1911 a 1928, la Escuela funcionó como un agregado del Liceo N.° 1 de Hombres de Valparaíso que le dió generosa hospitalidad. La dirección estuvo durante todo ese período a cargo del Rector del mismo establecimiento. Sin embargo, espontáneamente, se constituyó el Consejo de Profesores como una corporación que daba sus inspiraciones al Rector y que proveía a la integración o renovación de los mismos catedráticos. Falto de exterioridades, el Curso Fiscal llevó una existencia recatada, circunscrita a la enseñanza de los programas de sus diversas asignaturas. La situación de hecho, de estimados huéspedes del Liceo, si bien amparó a la Escuela, le impuso un carácter tímido de que, poco a poco, a través de unos 15 años de vida autónoma, se ha ido despojando. En 1928, en virtud del Decreto N.° 1,970, del 31 de Mayo del mismo año, el Curso Fiscal de Leyes se transformó en la 'Escuela de Ciencias Jurídicas y Sociales' de Valparaíso. Fue como la llegada a la pubertad. Así lo comprendió don Aníbal Cruzat Ortega, que se dió a la loable empresa de atribuirle a la Escuela autonomía, independencia, existencia propia, al conjuro de la forma puesta al servicio de una voluntad firme y de una visión magnífica. La institución tenía alma y carecía de cuerpo. Una modesta y vetusta casa, contigua al Liceo, sirvió a las mil maravillas al propósito. Han transcurrido los años y tanto el señor Cruzat como sus sucesores, parchando aquí, reparando allá, han logrado infundirle al edificio un carácter que impresiona a sus visitantes y que da la sensación de un algo imponderable pero grato . . . Los sucesores del señor Cruzat, se dieron infatigablemente a la tarea de consolidar su obra. Fué Luis Vicuña Suárez, quien con su entusiasmo y brío y con esa luminosidad y brillo de su espíritu, que era la característica de su personalidad y temperamento, infundió a la Escuela sus modalidades y el Ansia Universitaria. Los que le sucedimos, no hemos hecho otra cosa que procurar mantener viva la llama y tratar de realizar sus concepciones de alto vuelo. Una biblioteca que contaba con unos 500 volúmenes, es, hoy en día, un tesoro que cuenta con mas de 6.000 volúmenes, de material escogido y moderno. Funcionan en la Escuela dos Seminarios que realizan una obra callada pero eficaz; este año se creo un nuevo Seminario que por circunstancias de orden material no ha podido aún realizar obra alguna. Insensiblemente, se ha llegado. a tocar el punto que, exagerando la nota, llamaríamos neurálgico: el local, pese a su carácter, se ha hecho insuficiente, es incómodo y, como la ropa estrecha, dificulta el desenvolvimiento normal de la institución, la estropea y la limita. Sin embargo, cada coca a su tiempo; adquirida y cimentada una verdadera personalidad, se asoma, gracias a la comprensión y grandeza de visión del señor Rector de la Universidad y de los H. Decanos de la Facultad, una nueva etapa que no sólo significa el engrandecimiento de la Escuela si no que una penetración a fondo de la acción de las disciplinas máximas del espíritu. No nos interesa hacer un recuento de los esfuerzos y luchas del pasado cuando la perspectiva es bella y grandiosa. No tiene objeto recordar los afanes personales para obtener leyes y medios para alcanzar la finalidad que se persigue, bien que interesa y es indispensable recordar la obra de ciudadanos como Vasco Valdebenito, Gustavo Rivera, Francisco Palma, Pedro Poklepovic, Manuel Muñoz Cornejo, Enrique Eleodoro Guzmán y tantos más, que han prestado una colaboración tan directa como eficaz. Carlos Mori, con su conocido amor por su tierra, es quien más nos alienta y nos ayuda en la empresa de alcanzar la forma concreta a cuyo arbitrio, no sólo la Escuela de Derecho, si no que la Universidad de Chile, 'sentará sus reales' definitivamente en este puerto, ciudad generosa, amable, de apariencia desaliñada a indiferente, pero con un vivo sentido de la realidad y celosa de su progreso. Los planos de un edificio monumental para la Universidad de Chile en Valparaíso están confeccionados; son la obra inteligente y artística del profesor Marchetti. Una impresión de ella se puede captar contemplando la 'maquette'. Se calcula que el costo de la obra es del orden de los 9 millones de pesos. Ocupará una manzana de la ciudad, en un paraje verdaderamente espectacular. . . El edificio ofrece tres cuerpos. El principal, será la sede de la Escuela de Derecho y es obvio que contará con todos los elementos a instalaciones propios a un establecimiento de esta índole. Un segundo cuerpo, será la sede de los cursos universitarios de temporada y en que se albergará la obra de extensión universitaria y que será como el núcleo luminoso de la Universidad; un tercer cuerpo, esta destinado a la Escuela de Servicio Social. El Aula Magna, con capacidad para 600 personas, constituirá el joyel en que se presentará al publico porteño, amante de la cultura, la expresión de las inquietudes espirituales y se divulgará el amor a la ciencia. Se ha procurado llevar al alumnado a una situación de confort y agrado, más que eso, darle los medios y el ambiente necesario para infundir y acrecentar en nuestros jóvenes ese afán de solidaridad y de alegría, que les proporcione el goce de vivir juntos y de luchar por el perfeccionamiento propio y por el engrandecimiento colectivo. El Profesor Marchetti ha logrado concebir un plan verdaderamente admirable y cuando él haya visto materializada y realizada su concepción arquitectónica, cuando maestros y alumnos, cavilen y enseñen los unos, y trabajen y brillen los otros, como en una colmena afanosa, incansable e incontenible, nos detendremos a pensar que es lo que queda por hacer, cual es la nueva tarea que habrá que emprender, con el ánimo alegre y optimista, con la sensación de haber estado obrando bajo la mirada sonriente de Dios...