Artículo

  • Clase inaugural de la cátedra de Legislación del Trabajo de la Universidad de Buenos Aires

Resumen

-

Abstract

-

Señor Interventor en la Universidad de Buenos Aires; Señor Interventor en la Facultad de Derecho; Señores ministros; Señores profesores; Señores :

Quiero agradecer, muy particularmente, al señor Interventor en la Facultad de Derecho, sus amables palabras, esas palabras cordiales y laudatorias que él ha pronunciado aquí, sobre todo porque provienen de un fino espíritu y de un hombre que, con su labor científica, está, realizando en la actualidad, un verdadero aporte a la cultura Argentina. Y este agradecimiento no se refiere a las palabras pronunciadas para mí, porque yo las entiendo más bien dirigidas a la generación a la que pertenezco, y de la cual él mismo forma parte; a esa generación que se inicia en los comienzos mismos de la revisión de lo que podríamos llamar bases conceptuales y realizables del individualismo, que proporcionó los fundamentos para la organización política, jurídica, social y económica de los pueblos.

Llego a esta casa, señores, en instantes en que el mundo se debate en una profunda y violenta crisis, cuyos signos visibles lo constituyen la inestabilidad y la inseguridad.

Y aunque esto que voy a agregar parezca paradojal, es notorio también que el hombre persigue con afán, de tal modo, lograr la armonía social, para poder cumplir su destino sin desdicha.

Vengo con gran emoción a esta vieja casa, que acaso en las líneas expresivas de una arquitectura particularísima, quiera significar a los profesores y a los alumnos que, en estos días quemantes, de evolución y de transformación permanentes, nunca debemos olvidar; ni unos ni otros, aquellos principios inmutables e inmortales por los que, hombres, mujeres y niños, alcanzaron, alguna vez, en el mundo su felicidad.

Por eso puedo decir que, en este instante, agrego una nueva emoción a mi vida: la de volver a la vieja casa y la de pertenecer a ella, a esta casa donde todos aprendemos, profesores y alumnos, los profesores, a adentrarse en el alma misma de los alumnos para recoger sus aspiraciones, sus inquietudes, su profundo anhelo de ser; deseo éste que anima a todas las generaciones que a través de su vida van construyendo la civilización en su marcha infinita; y los alumnos, aprenden las normas del derecho —superficiales o profundas, históricas o coetáneas— que, nunca debemos olvidarlo, han buscado a través de los siglos, como lo hacen actualmente, y lo harán, sin duda, en el futuro, lograr la armonía social que permita a los hombres vivir en paz y en perfecta convivencia.

Señores: acaso por la premura con que debí organizar esta clase inaugural —después de la cual pediré licencia hasta que cumpla con las funciones de gobierno— elegí al azar este tema. Nada me pareció mejor que un tema genérico: 'El Derecho del Trabajo en Argentina', y éste, por su extensión, debería comprender en un desarrollo adecuado, como es natural, la integridad de la materia. Desde luego —como también es natural— no es ese mi propósito, sino reseñar a grandes rasgos las nociones que identifican al derecho del trabajo, las líneas definitorias del mismo, posiblemente sus fuentes, y, en un trazo fugaz, el panorama actual del derecho del trabajo en Argentina.

Todos nosotros debemos comprender —por otra parte lo sabemos— que la vida misma; la literatura universal, entendiendo por ella la que expresa las pasiones, los sentimientos, las rebeldías, las luchas; las más inspiradas páginas de la ciencia, son las que trasuntan la cuestión social. Nadie ignora tampoco la evolución ininterrumpida que ha experimentado la sociedad a lo largo de su trayectoria, en los órdenes: político, social, económico y jurídico. Y en este instante, en que la humanidad vive una profunda crisis, es visible también que este nuevo orden jurídico constituido por el derecho del trabajo, no ha sido sino el producto de profundas conmociones sociales que tienen su nacimiento en las mismas geniales creaciones del hombre destinadas a acelerar el proceso de la producción.

Y de esas conmociones y de esas transformaciones, es que nace el derecho del trabajo. Por eso, por su permanente evolución en el curso del siglo pasado y en lo que va del presente, adoptó los nombres más diversos: Legislación Industrial y Obrera, Legislación del Trabajo, Derecho Laboral, Derecho Obrero, Derecho Social y el de Derecho del Trabajo, que es el que cuenta con mayor opinión, lo cual se justifica por las razones que daré después.

¿Cuál es el contenido del Derecho del Trabajo? El contenido del derecho del trabajo es la justicia social. Por éso es que, desbordan las líneas clásicas, y llega a la formación y a la aparición de nuevas figuras jurídicas. Ejemplo típico de ello, lo constituye el contrato de trabajo.

Pero esta justicia social, que algunos consideran despectivamente, no es un concepto nuevo en la historia de la humanidad. Tal ha sido el afán de los hombres por lograr el equilibrio social que ya en la época griega se hablaba de ello. Quiero traer aquí un recuerdo que es ilustrativo y que enseña mucho en diversos aspectos. Aristóteles sostenía lo siguiente:

       'No puede ponerse en duda que el Estado está, naturalmente sobre la familia y sobre cada individuo, porque el todo es necesariamente superior a la parte. Lo que prueba claramente la necesidad natural del Estado y su superioridad sobre el individuo, es que si no se admitiera resultaría que podía el individuo, entonces, bastarse a sí mismo, aislado así del todo como del resto de las partes. Pero aquél que no puede vivir en sociedad y que en medio de su independencia no tiene necesidades, no puede ser nunca miembro del Estado: es un bruto o un Dios'.

       'La naturaleza arrastra, pues, instintivamente, a todos los hombres, a la asociación política. El primero que la instituyó hizo un inmenso servicio, porque el hombre, que, cuando ha alcanzado toda la perfección posible, es el primero de los animales, es el último, cuando vive sin leyes y sin justicia. En efecto, nada hay más monstruoso que la injusticia armada. El hombre ha recibido de la naturaleza las armas de la sabiduría y de la virtud, que debe emplear sobre todo para combatir las malas pasiones. Sin virtud es el ser más perverso y más feroz, porque sólo siente los arrebatos brutales del amor y del hambre. La justicia es una necesidad social, porque el derecho es la regla de vida para la asociación política, y la decisión de lo justo es lo que constituye el derecho'.

Como Vds. pueden observar, el concepto de la justicia social que contiene típicamente el Derecho del Trabajo, no es nuevo. Ya a pesar también de que se puede decir de él que no tiene una precisión terminológica suficiente en el orden de las ciencias, es evidente que eso lo que el hombre quiere, lo que debe configurar la doctrina y dar la ley positiva.

Algunos autores —y tomo como ejemplo para ésto a uno, aunque podría tomar cualquier otro de la disciplina del Derecho del Trabajo: me refiero al notable profesor Barassi— ha sostenido que nunca la definición debe ser una premisa; por el contrario, la definición debiera ser una conclusión. Y se incorporó ese principio a la enseñanza a fines del siglo XIX y a principios del presente. Pero prefiero seguir en ésto las líneas platónicas contenidas en los Diálogos e incluso, en lo que a la precisión terminológica se refiere en materia de ciencias, lo sustentado por los escolásticos. Antes de abordar un tema es menester establecer el concepto del mismo. Y así lo haré; hasta por razones de brevedad.

La brevedad en el tiempo no me permite un desarrollo integral, en la extensión que la materia exigiría por su importancia y por su trascendencia, ni en la profundidad que también sería menester para realizar un verdadero examen exhaustivo de la misma.

¿Qué es el Derecho del Trabajo? Para explicar qué es el Derecho del Trabajo me parece oportuno determinar primero lo que se entiende por trabajo.

El trabajo, según los conceptos últimos de los economistas, adquiere una valoración, una trascendencia y una importancia tal que llega a constituir la esencia misma de la producción.

No quiero referirme al concepto antiguo del trabajo, por el cual éste constituía un deber para ganarse el sustento, sino a un concepto más evolucionado por el cual el trabajo es un deber social que sirve a la vez de instrumento de progreso y de bienestar ciudadano.

Según la definición de los economistas, el trabajo estaría constituido por la energía material, por la energía espiritual, dirigida a crear y a transformar la riqueza. Y esa creación, y esa transformación de la riqueza realizada directa e indirectamente, es lo que lleva el nombre de 'trabajo económico'.

Pero no ha sido siempre así. No siempre  se ha valorado el trabajo de la misma manera y no siempre se lo ha estimado y apreciado con la misma dignidad.

Es conocido, lo sabemos todos, que en Grecia —por ejemplo— el trabajo era considerado como una tarea innoble y lo era hasta cuando se intentaba con él una expresión artística. Y una de las cosas que se le atribuye, como un profundo error, a Aristóteles, es esa apreciación, al decir —voy a dar los párrafos completos de ello— que:

'La propiedad no es más que un instrumento de la existencia, la riqueza una porción de instrumentos, y el esclavo una propiedad viva, sólo que el operario, en tanto que instrumento, es el primero de todos. Si cada instrumento pudiese, en virtud de una orden recibida, ó, si se quiere, adivinada, trabajar por sí mismo, como las estatuas de Dédalo, ó los trípodes de Vulcano, que se iban solos a las reuniones de los dioses, si las lanzaderas tejiesen por sí mismas; si el arco tocase solo la cítara, los empresarios prescindirían de los operarios, los señores de los esclavos'.

Tal era la opinión que se tenía del trabajo en la época griega.

Esa idea es la misma que se mantiene también en la época romana, aunque ellos consideraban denigrante, no al trabajo en sí mismo, sino a los fines lucrativos perseguidos.

Solamente con la aparición del cristianismo, es cuando se estima la dignidad del trabajo. Y ya en la Edad Media, está considerado no sólo como un deber simple, sino también como un deber social, como un deber religioso.

Pero la esclavitud, que es la base casi esencial de la producción, no cambia, sino que se transforma a través de la aparición de la máquina y de los elementos técnicos superiores. La máquina, que fue descubierta para la liberación del hombre, sirve por el contrario los signos más crudos de la explotación. Y aún hoy, ese concepto de la dignidad, no ha penetrado enteramente en el espíritu del ser humano.

Las teorías que se forjan, después de la aparición del maquinismo, acerca del trabajo, derivadas de la concepción del salario, son tremendas y podría decirse, que constituyen la fundamentación de la explotación del hombre por el hombre.

Una de las pocas que en la actualidad resultan antipáticas en la fisiocracia, por ejemplo, a pesar de haber sido realmente la creadora de la ciencia de la Economía, la constituye la estimación que sobre el trabajo y sobre el salario tenía esa escuela. Dupont de Nemours se funda en la libre concurrencia para obtener el mejor precio. Resultado de esa apreciación era el mantener a los económicamente débiles sometidos a la ley del más fuerte.

Quesnay, en sus 'Obras Económicas y Filosóficas' sostiene que el precio de los salarios y, por consiguiente, los goces que pueden procurarse los asalariados, son fijados y reducidos a la tasa más baja por la extrema competencia que ellos se hacen entre sí.

Y Turgot, en sus 'Reflexiones sobre la formación y la distribución de las riquezas', afirma que en toda clase de trabajo debe suceder —y sucede en efecto— que el obrero se limita a proveerse de lo que le es necesario para vivir. Y en estos conceptos como en el de 'trabajo mercancía' de Smith, del mismo modo que en la ley de fondo de salarios, de Malthus y de Stuart Smill, así como en la ley de salario natural, de Ricardo, campean dos conceptos que han servido de base para la explotación del hombre: la libertad para contratar y el trabajo equiparado a una mercancía.

Y no adelantan nada las teorías económicas posteriores. Ni la utilitaria de Marshall, que fué una derivación de la psicológica de Jevons, ni otras coetáneas, dan otra cosa que una explicación substancial y científica, diríamos así, de esa cruda, explotación . Pero los economistas fueron superados por los hechos, y todos ellos llegan a comprender que el trabajo es la base del derecho de propiedad y el asalariado uno de los elementos más esenciales de la producción. Por esa misma razón, es que se estima, y ello está incorporado a la mente y el corazón de todos los pueblos del mundo, que no cumple el empresario todos sus deberes con sólo pagar el salario. Es necesario, además, que cumpla con todas las disposiciones dictadas por el Estado, que acude a la protección de los económicamente débiles en la defensa del cuerpo social.

Únicamente deseo destacar que entre los sostenedores de esas doctrinas clásicas, hay uno, Adam Smith, que dijo una de las grandes verdades al afirmar que la riqueza de las naciones la constituye el trabajo, pero fue precisamente él, quien a la vez, cometió el profundo error de equiparar el trabajo a una mercancía.

Ya hemos dado, en sus líneas generales y esquemáticas —como no podía ser de otro modo— el concepto y la definición del trabajo.

Ahora vamos a dar la definición del Derecho.

No vamos a preceder a esa definición de un análisis, ni la vamos a hacer seguir de un análisis, porque ello es propio de otra disciplina jurídica. Adoptamos una definición, sin creer que ella sea la mejor, pero vamos a adoptarla porque ella torna innecesaria la diferenciación entre derecho natural y derecho positivo. Es la definición de Bonnecase. Bonnecase sostiene que el Derecho es el conjunto de normas de conducta exterior que, consagradas o no por la ley, sirven en un tiempo y en un modo dados a los fines de la realización de la armonía social.

Con ello, tenemos ya dadas las definiciones que corresponden a los dos términos de la expresión: ¿Qué es entonces el Derecho del Trabajo?

Si Vds. leen a los tratadistas, no van a encontrar uniformidad, y no la van a encontrar porque, el derecho del trabajo es el producto de una transformación permanente, porque es un derecho en gestación, en formación, que necesitará, consolidarse al través de los siglos y porque para ello es necesario tipificar las normas que son esenciales, lo que, por ahora, parece poco probable.

En un artículo que se publicó en la 'Revista del Derecho del Trabajo', que dirige el eminente profesor Deveali, he leído una clasificación de definiciones, bastante acertada, que corresponde a un profesor de la Universidad del Litoral. Ella no tiene precisión científica, pero sirve magníficamente los fines de una comprensión total del problema.

Ese trabajo a que me refiero, clasifica las definiciones en cuatro grupos:

El primero de ellos está conformado por las definiciones que tienen en cuenta solamente uno de los sujetos de la relación: la clase trabajadora, por ejemplo.

En el segundo grupo se dan definiciones que tienen en cuenta la finalidad del Derecho, vale decir, las instituciones utilizadas para la corporeidad del Derecho.

El tercero de esos grupos nuclea las que se fundan en las emergentes del contrato del trabajo.

Y el cuarto, contiene las que consideran el objeto, esto es, las relaciones del trabajo.

De las definiciones del primer grupo tomaremos una al azar, por ejemplo, de Balella, quien dice que 'el derecho del Trabajo lo constituye el que protege a la clase trabajadora'. Esa definición contiene un profundo error, porque caracteriza al Derecho del Trabajo, como derecho de clase; y eso no es así. El derecho del trabajo no es un derecho de clase, porque los distintos conglomerados sociales buscan el equilibrio social por la armonización de los dos factores: capital y trabajo; y esta disciplina, estudiada en la Facultad de Derecho de Buenos Aires, no puede dar normas que configuren un derecho de clase inexistente.

El segundo grupo de esas definiciones es el que tiene en cuenta la finalidad. De ellas podría darse como ejemplo la de García Oviedo, que dice que el 'Derecho del Trabajo lo constituyen las instituciones protectoras de los trabajadores'. Tampoco es posible admitirla. Acaso pudo tener alguna acogida esa definición.

Es evidente que la explotación del hombre por el hombre, es decir, la igualdad de derechos frente a la desigualdad en el hecho, forjó la necesidad de crear una superioridad jurídica que permitiera equilibrar la desigualdad en el hecho.

Pero evidentemente no es completa porque sólo tiene en cuenta uno de los elementos de los que son esenciales.

El tercero de los grupos, es el adoptado en general, por los tratadistas italianos, salvo algunos como Borsi y Pergolesi, etc. Lo adopta Barassi, fundándolo en la teoría contractual, al decir que se considera como Derecho del Trabajo 'las relaciones jurídicas emergentes del contrato del trabajo'. Error profundo, porque el derecho del trabajo no comprende solamente el contrato del trabajo sino muchas otras instituciones que no son, propiamente dicho, derivadas del contrato del trabajo, entre ellas la seguridad social.

Y el cuarto grupo, el germanista, es el que tiene como base la relación del trabajo. Ella tiene en cuenta, en realidad, todos los elementos definitorios del Derecho del Trabajo.

Se da en ese mismo artículo a que he aludido precedentemente, una definición. Pero es evidente que todas esas definiciones en perpetua elaboración, no contienen acaso total y absolutamente los elementos típicos y esenciales. En consecuencia, no se pueden adoptar sin previo examen.

Por mi parte, mucho antes que la autonomía total: la docente, la doctrinaria, la científica y la jurídica, estuviera perfeccionada, había dado una interpretación, una más, que creo completa y ajustada a la situación del derecho en la actualidad, tal como lo comprendí cuando hice ese trabajo para la Facultad de Derecho y tal como la veo ahora en la realidad de los hechos. Decía que 'el Derecho del Trabajo nace como un 'hecho' ó 'fenómeno social' y 'está constituido por un conjunto de 'normas coercitivas', ó lo que es lo mismo, por una 'conjunción de normas éticas' impuestas por las costumbres, las necesidades sociales, las ideas y doctrinas económicas, sociales y políticas actuantes, ó las leyes, siempre que las 'mismas puedan tener una sanción del poder público, con destino a la protección del sujeto del 'trabajo económico', mediante la regulación de las relaciones de las clases y estamentos entre sí y con el Estado, en defensa del cuerpo social'.

Es visible, y ésto corresponde analizarlo a otro, no a mí mismo, que esta definición comprende todos los elementos que constituyen la relación del trabajo, que es el objeto del derecho del mismo.

Ya hemos dado íntegramente la definición del Derecho del Trabajo, comprendido en ella el objeto resultante de los hechos, de la doctrina y de la ley positiva.

Ahora me referiré, un poco sintéticamente, como es natural, a las fuentes.

Estas que se dan así en gruesos trazos, podrían ser objeto, cada una, de clases especiales, tal la importancia que reviste la materia.

En cuanto a las fuentes del Derecho del Trabajo, hay distintas hipótesis. Los tratadistas más modernos las han dividido en fuentes reales y formales.

En mi concepto, no puede todavía, en el estado actual de la ciencia, establecerse una diferenciación precisa. En consecuencia, conviene dar las fuentes agrupadas, sin una clasificación.

He dicho en ese mismo trabajo que 'es indiscutible que, como sostiene Gallart Folch, 'los fundamentos doctrinales del Derecho del Trabajo, no se pueden confundir con los que sirven de base a las otras ramas jurídicas'. Como es también que el espíritu animador de este derecho nuevo, fuertemente socializador, contrasta con el de las ramas jurídicas clásicas de concepción y realización individualista. Y aunque esa caracterización se extiende a otra esfera técnica: las fuentes del derecho; no existe, en mi sentir, una inasimilación precisa y absoluta con respecto a las fuentes clásicas del derecho civil. El proceso social crea nuevas fuentes de derecho, pero no ciega las existentes. Más aún: crea nuevos derechos. Sigue un sendero orgánico, amplía sus necesidades y lo revoluciona todo; vitalizando al transformar. Modifica así el derecho clásico y forja ramas particulares y específicas.

Debemos entender como fuentes del Derecho del Trabajo: las costumbres, en primer término; las necesidades sociales, en segundo lugar; las ideas y las doctrinas económicas, sociales y políticas, luego; y las leyes, por último.

Las costumbres; porque son las formas aparentes del derecho positivo, que ha sido sin duda, el derecho consuetudinario. El hecho ha creado el derecho, y sigue llevándolo a la superficie social.

Las necesidades sociales; porque esta fuente del derecho nuevo aparece indiferenciada del seno mismo de la costumbre, y porque acaso la reemplace en el desenvolvimiento posterior del derecho.

Las ideas y doctrinas económicas, sociales y políticas; porque resulta ya incontrovertible la influencia ejercida por las ideas y doctrinas en la marcha de la sociedad. El pensamiento de economistas, sociólogos, juristas y políticos, ha movilizado y transformado el mundo social concretando nuevas fórmulas de organización económica y política, extraídas de la observación de los hechos que se han sucedido en los caminos de la historia para satisfacer el profundo anhelo de justicia social colectiva.

Y la ley, dentro de la conocida fórmula integral del doctor Bunge porque sería 'la norma jurídica, traducida en el lenguaje hablado, presentada con caracteres escritos, impuesta o consentida por el poder público y aceptada —se podría decir 'y tolerada'— por la mayoría o por la totalidad del pueblo.

Hemos dado en esta brevísima y extremosa síntesis, lo que podría ser el concepto, y lo que es definitorio, del derecho del trabajo, así como también de sus fuentes.

Seguiré la exposición con un trazo muy breve, del panorama que ofrece el Derecho del Trabajo en Argentina.

Es posible, desde luego, que, como actor en los últimos acontecimientos, no puede todavía realizar con la suficiente serenidad de juicio una prudente y serena exégesis de los hechos y de las leyes del presente. Debido a eso, me voy a limitar a realizar esa tarea rápidamente, a grandes y fugaces rasgos.

Es muy posible que algunos pensaran que, en esta clase, me iba a apartar de lo que es técnico y propio de la Facultad: enseñar el Derecho, para acudir a las fuentes mismas de mi pasión humana; pero yo no puedo hacerlo, no debo hacerlo, no tengo el derecho de hacerlo.

No es necesario que hagamos una recopilación histórica; pero sí es menester fijar en pocas palabras el sentido de las cosas, para comprenderlo, porque, como bien se dice 'uno sabe tanto como recuerda'. Del nacimiento del 'maquinismo' surgen dos hechos: la gran industria y el proletariado moderno. Ese proceso, que se inicia en las postrimerías del siglo XVIII, se traslada a nuestro país en cuanto nace y comienza a desarrollarse nuestra industria. Es muy natural que así suceda, por que son los procesos trasplantados que siguen a los diversos hechos de la civilización.

Así como la vieja Europa, en nuestro país tampoco los poderes públicos se ocuparon de la clase trabajadora y en lugar de aplicar normas de derecho, reprimieron los hechos con la fuerza.

Conviene que en esta oportunidad señalemos  —y ello debe tenerse bien presente— que el estadista que entre nosotros inicia el proceso de la protección de los económicamente débiles, proyectando el primer Código de Trabajo conocido en la historia del país, fue el doctor Joaquín V. González.

Dicho proyecto no obtuvo sanción, lo cual no puede extrañarnos. Lo importante es la fundamentación que dicho proyecto tenía. Decía el doctor González:

'Observan las personas no informadas sobre la totalidad de la literatura jurídica, relativa a la cuestión obrera, que es mejor y más práctica dictar leyes aisladas, parciales o separadas, sobre los diferentes puntos que aquella abraza; y tal criterio tiene, en efecto, una apariencia de fundamento, sí se fija sólo la atención en la forma en que se han venido obteniendo en todos los países las leyes vigentes en la materia'.

'Pero ocurre en éstos una verdadera confusión o aberración de juicio y a la vez una falta de visión sobre el conjunto de la historia contemporánea de la legislación obrera. Es indudable, que todas las partes de este organismo legal, si ha de tener una sanción uniforme en una forma determinada de justicia; si se refieren a un solo objetivo, que es la armonía permanente entre dos factores esenciales del trabajo del hombre —la mano de obra— y el capital, si tiene como sujeto la misma persona de derecho, la que trabaja y da existencia a la riqueza privada y pública, no pueden vivir y desarrollarse separadamente y deben formar un conjunto, una sola ley, un Código ó como se quiera denominar'.

Pero no se dictó el Código de Trabajo. Del mismo modo no se dictaron los numerosísimos proyectos que luego siguieron.

La responsabilidad corresponde a los pocos que pudieron y no quisieron y no, desde luego, a los muchos que quisieron y no pudieron.

El derecho positivo, desde que se inicia el industrialismo argentino, hasta 1944 —y nos basta ir a la legislación para comprobarlo— era escaso, totalmente insuficiente, para cubrir las necesidades de la clase trabajadora.

Es muy importante la influencia que ejercen los acontecimientos sobre los gobernantes, quienes, a menudo, creen que guían, pero lo que sucede en realidad muchas veces es que ellos son gobernados por los acontecimientos. Es muy terrible el ímpetu de las masas sufrientes y adoloridas y la presión que ellas ejercen no puede ser resistida por ningún gobernante de la tierra. El hecho argentino, lo demuestra con toda claridad.

¿Qué era lo que inspiraba a nuestra legislación? Y qué es lo que la inspira actualmente? Todavía nuestra legislación esta inspirada por los conceptos individualistas de la Revolución Francesa. Así es como practicamos el fetichismo de la ley estable, aunque ella sea completamente anticuada y no responda a las necesidades del desenvolvimiento social y a los avances de la técnica. Mantenemos algunos principios inalterables, aunque sean anticuados: nuestro Código Civil afirma la libertad de contratar, la autonomía de la voluntad, la igualdad de las partes, el libre consentimiento.

Y se ha dicho, por parte de todos los tratadistas del mundo, que cómo puede sostenerse la libertad de contratar, si una de las partes está económicamente subordinada a la otra y debe necesariamente concurrir a la realización del contrato so pena de miseria, de penuria y de necesidad.

Pero todo eso ha sido superado, y como los acontecimientos son superiores a las determinaciones de los hombres, las masas argentinas hicieron a un lado nuestro Código Civil, que en otros aspectos es un monumento jurídico que honra a Argentina, pero en estos, solamente, al pasado argentino. El pueblo ha prescindido del Código Civil y ha creado su propio derecho: el derecho del trabajo.

Formulo una profunda división entre las dos etapas de corporeidad —diremos— del derecho del trabajo en la República: una, del nacimiento del industrialismo hasta 1944 y otra, de 1944 en adelante. Antes las leyes eran tan escasas que, basta el examen comparativo con todas las legislaciones del mundo, para comprender que Argentina era el país mas atrasado en materia de leyes del trabajo hasta 1944, y es lo contrario, de 1944 en adelante. Antes el movimiento obrero fué perseguido y luego tolerado; ahora, protegido.

No clasifico con pasión. Enuncio objetivamente a los hechos, bastando un simple examen comparativo para comprobarlo. No son palabras; son hechos: objetivos, grandes, inadvertidles con claridad, que pueden concretarse y que pueden señalarse para que todos aprendamos que no podemos olvidar los reclamos de las masas populares.

Existía en todos los espíritus argentinos, como existía en el espíritu de todos los hombres del mundo, una doctrina completa. Teníamos en nuestra mente, la autonomía del Derecho del Trabajo. Y acá, en esta Facultad y en las otras Facultades de la República, lo hemos aprendido así: el derecho del trabajo es un derecho autónomo. Pero autónomo doctrinariamente, docentemente, porque esa autonomía doctrinaria y docente no era una autonomía jurídica, ya que faltaba la ley positiva; y el derecho del trabajo, para complementar su autonomía, tiene que serlo en todos los sentidos: doctrinariamente, en la docencia y en la legislación.

Pero es que, si se aprecia el fenómeno con sentido filosófico, nosotros podemos observar un hecho. Ya lo ha dicho Ortega y Gasset: 'Todo el siglo pasado lo constituyó para los hombres la concepción de las cocas'. Y este siglo, por el contrario, está organizado sobre la base de la misma realidad. Y ese realismo ha conformado un movimiento político, económico, jurídico, social, cultural.

Por ello es que antes de 1944 se forjó íntegramente una doctrina docente, que no tenía la complementación de leyes positivas aún cuando se hubieren formulado muchos proyectos que no tuvieron sanción de los poderes públicos. Luego de 1944, aparecen muchísimas leyes que integran total y absolutamente la autonomía del Derecho del Trabajo.

Y, además, de esas leyes positivas que surgen por el impulso de las masas argentinas, se organizan por el Estado los objetivos del Derecho del Trabajo. La Nación tiene sus objetivos que no están realizados plenamente en la ley positiva, pero aquélla ha dictado, una parte, normal suficientes para satisfacerlos.

Constituye objetivo de la Nación en el Decreto del Trabajo, para el logro de la armonía social, el derecho de trabajar, el derecho a una retribución justa, el derecho a la capacitación, el derecho a condiciones dignas de trabajo, el derecho a la preservación de la salud, el derecho al bienestar, el derecho a la seguridad social, el derecho a la protección de la familia, el derecho al mejoramiento económico, el derecho a la defensa de los derechos profesionales. En una palabra, todos los derechos emergentes del deber social de trabajar que tienen todos los habitantes del país.

Para finalizar esta brevísima charla en esta clase inaugural, que por desgracia, no voy a poder hacerla seguir inmediatamente de otras, aunque eso constituiría un verdadero placer para mí, quiero leer tres o cuatro lineas que he preparado con tal objeto:

En un libro mío dije que 'toda la protección de la riqueza colectiva, su distribución y consumo, han originado las más vastas y gigantescas doctrinas económicas'.

'El hombre ha forzado su imaginación en la estructuración de programas tendientes a dar bases equitativas que satisfagan los anhelos más fervorosos en el orden espiritual y material. Desde el fondo de la Historia trabajan el espíritu de los seres humanos: costumbres, dogmas, prejuicios e ideas que reducen el equilibrio de los conglomerados sociales al chocar con las concepciones más evolucionadas'.

'Esto ocurre porque no se quieren comprender ó armonizar aspectos prefulgentes del fenómeno social: el carácter, física y psíquicamente sociable del mismo; su diferente condición física, intelectual y moral; sus creencias, la obligación y el derecho al trabajo; y finalmente, su derecho natural a un 'mínimo vital'.

La declaración de los derechos de los trabajadores importa el reconocimiento doctrinario formulado por el Estado acerca de lo que es esencial en la vida humana.

Tengamos la esperanza de que el hombre de Argentina comprenda la importancia de ésto y configure a través de una legislación eficiente, todo cuanto satisfaga el concepto por el cual todos los seres humanos, por el hecho de nacer, tienen el derecho de vivir con dignidad.

Nada más.