Artículo

  • Desde Cruce y Sully a la Asamblea consultiva de Estrasburgo

Resumen

Abstract

Por el Profesor Marcel Sibert, Director del Instituto de Altos Estudios Internacionales de la Universidad de Paris, Profesor de la Facultad de Derecho de la misma Universidad y del Instituto de Derecho Internacional.

(Articulo escrito especialmente para los Anales de la Facultad)

Poco tiempo antes de la publicación de la obra 'De Jure Belli ac Pacis', y mientras que Grocio la terminaba en 1624, aparecía en París en 1623, escrito por un francés, Emeric Cruce, un pequeño libro de 226 páginas y un corto prefacio. El paso que Grocio no supo realizar en la vía de un orden mundial súper estatal, lo dió este francés cuyo nombre fue durante mucho tiempo desconocido. En efecto, el título del libro llevaba esta simple mención: 'El nuevo Cyne o discurso de Estado representando las ocasiones y medios de establecer una paz general y la libertad de comercio para todo el mundo'; en seguida, el opúsculo dedicado 'a los monarcas y príncipes soberanos de este tiempo ', se limitaba a hacer resaltar la indicación siguiente: 'E. M. Cr. Par., en París, casa Jacques Villery, en el Palacio, sobre el pórtico real'; venía en fin la fecha M. D. C. XXIII y las palabras 'con privilegio del Rey'. Solo será en 1890, en que gracias a las investigaciones del sabio Profesor belga, señor Nys, aparecerá, el verdadero nombre del autor. Nacido en París en 1590, murió en 1ó48, en ese mismo año en que los tratados de Westfalia pusieron fin a la guerra de 30 años.

Animado por una visión liberal estimaba que las diversas potencies y nacionalidades no debían tender a destruirse por la guerra, sino, más bien, a intercambiar pacíficamente sus productos a fin de promover el desarrollo del comercio internacional; este apóstol, precursor anticipado del liberalismo económico, recomienda que se emprenda el establecimiento de una vasta red de canales y de trabajos marítimos. Si bien no entrevió la posibilidad que debía ofrecer mucho más tarde el Canal de Suez, sin embargo, recomienda para favorecer el negocio internacional con la Manchuria y las Indias, recortar el camino entre el Mar Caspio y el Mar Maiour cortando un y pequeño espacio de tierra desde el Tana que cae en los pantanos Meotid y el Ponto-Euxino hasta el Volga que desemboca en el Mar Caspio' ; pues, dice e1, estos dos ríos se acercan en algunos lugares muchísimo el uno del otro. Que tales vías artificiales o naturales de navegación deban someterse a una especie de internacionalización, ello no ofrece la menor duda a Cruce; nos agrega, después de esta visión profética sobre el porvenir reservado a los canales internacionales: 'Que placer sería ver a los hombres ir de una parte a otra libremente y comunicarse juntos sin ningún escrúpulo de país, de ceremonias o de otros impedimentos semejantes, como si la tierra fuera, como debe serlo, una ciudad común para todos'.

El libre negocio supone que se separe de sus rutas marítimas el riesgo, terrible en la época de crucé, de la piratería. Con esta finalidad nuestro francés preconiza un acuerdo entre los monarcas que emplearían todo su poder para exterminar a los ladrones. 'Sin embargo', agrega no sin candor este humanitario, 'yo sería de opinión de tentar previamente el camino de la dulzura y de ofrecerles alguna honesta remuneración'.

Habiendo tenido Así la visión lejana de una policía internacional de los mares, crucépasa a la organización entre naciones de la Paz universal. Como base de esta organización coloca una asamblea en la que todos los monarcas y repúblicas soberanas tendrían perpetuamente sus embajadores. Esta asamblea permanentes debería tener por competencia solucionar por la 'sentencia', las diferencias entre las naciones. Esta decisión, obligatoria y definitiva, puesto que Crucé la llama una 'sentencia', no intervendría sino después que la Asamblea hubiera oído a las partes en un, debate contradictorio. El Papa tendría la presidencia de este impresionante tribunal llamado a sentenciar por la pluralidad de los votos y cuyos miembros jurarían considerar inviolable lo que el ordenara. Más previsor que lo que será 300 años mas tarde el Pacto de la Sociedad de las Naciones, el proyecto de Cruce no temía anunciar que la Asamblea perseguiría por las armas a aquellos que intentaran oponerse a sus órdenes.

Merece subrayarse la similitud entre el Nuevo Cyne y esta parte de las Memorias de Maximiliano de Béthune, duque de Sully (1559-1641), que debía finalmente pasar a la posteridad bajo la forma de un Capítulo XXX y ultimo en el que el Superintendente de Finanzas de Enrique IV expone el Gran Proyecto que atribuye a este Rey.

La historia de esta publicación es curiosa. Es hacia 1611 que el gran tesorero de Enrique IV comienza a redactar sus Memorias o Economías Reales del Estado. Hacia 1617 esta obra estaba terminada en su forma primitiva. En 1843 la Biblioteca Nacional adquirió el manuscrito que contiene ya seis o siete referencias aloque ha sido llamado 'el gran proyecto'. sólo fue entre 1620 y 1635 que se preparo la única edición que debiera imprimirse; hay en ella importantes cambios en relación con la versión primitiva, y apareció, la primera parte en 1638, la segunda, en 1662.

El Gran Proyecto que Sully atribuía así a Enrique IV (para darle mas mérito y autoridad) es un plan de doble aspecto:

1º Se exponen consideraciones de pura política, algunas de las cuales dan testimonio de una extraña intuición del porvenir; es así que el autor prevé que la Suiza se mantendrá en sus tradiciones republicanas, de las cuales ella jamás se ha separado, que la Italia deberá ser libertada del extranjero (lo que se producirá dos siglos más tarde), que el Ducado de Saboya será transformado en monarquía (transformación que el porvenir debió operar), que el Papa llegaría a ser Príncipe secular, lo que fue confirmado en los acuerdos de Letrán después del período 1870-1929 por la creación de la Ciudad del Vaticano; que la Rusia debería desarrollarse mas legítimamente en Asia que en Europa (lo que ha silo siempre el fin que se ha propuesto la política británica antes de la ultima guerra y al que han tendido, con golpes mas o menos graves, el régimen del Báltico y también el de los Estrechos). En ultimo lugar el desmembramiento del Imperio de los Hausburgos (que realizara 1919) y la expulsión de Europa de los turcos (hoy confinados en suelo europeo en el estrecho territorio entre Constantinopla y el Maritza), todas estas predicciones constituyen los rasgos más sobresalientes del Gran Proyecto.

2.° Al lado de esta especie de testamento político, el Gran Proyecto pretende iniciar la construcción de un sistema político europeo en el que toda la Europa estaría dirigida y gobernada como una cola familia. Con este fin, y para cimentar la unión entre las partes de un todo, el Gran Proyecto preveía un Consejo General de la Europa, o Senado europeo, encargado de deliberar sobre todos los intereses, de suavizar las diferencias, y de solucionar todos los asuntos civiles, políticos y religiosos de la Europa en el interior de ella misma o con sus vecinos. Este Senado, que sería permanente, estaría compuesto de un cierto numero de comisarios, ministros o plenipotenciarios, a razón de cuatro de cada una de las potencies firmantes: el Emperador, el Papa, los Reyes de Francia, de España, de Inglaterra, de Dinamarca, de Suecia, de Lombardia, de Polonia y la República de Venecia. 'Las otras replicas y potencias inferiores' no tendrían derecho sino a ubicar dos delegados. Así esta distinción, que no preveía la regla futura de la igualdad jurídica de los Estados, se fundaba en la discriminación política (y natural) de las potencies en grandes potencies y (para observar el lenguaje de la diplomacia actual) en potencies con intereses limitados. Los 70 miembros del Senado ideado por el Gran Proyecto debían ser nuevamente designados cada tres altos, condición poco inteligible por cuanto la fuente de su designación no residía en la elección popular sino el nombramiento por el Príncipe.

El lugar de sesiones de este Consejo, ya sea que fuera fijo o que el Consejo cambiara de sede, estaba previsto en una de las ciudades, siguientes teniendo en cuenta su posición mas central en Europa: Metz, Luxemburgo, Nancy, Colonia, Maguncia, Treveris, Francfort, Wurtzbourg, Heidelberg, Spira, Estraburgo, Basilea y Besancon.

Independientemente de este Consejo General, el Gran Proyecto pensaba que sería oportuno crear otros consejos en un plano inferior, y cuyas decisiones pudieran ser apeladas ante el Consejo General. Una interpretación del breve pasaje del Gran Proyecto en el que se habla de estos consejos subordinados, permite creer que habrían debido tener en su competencia los intereses particulares propios a los 'diferentes distritos'; pare considerar esta interpretación como cierta se recuerda que Sully había tenido ya, a lo menos en el estado embrionario, la idea de una organización a la vez continental y regional de la Europa.

Después de la guerra de 30 altos y de sus horrores, cuando la paz fue restablecida por los Tratados de Westfalia, tantos pensamientos generosos no pasaron todos a un Pacto Solemne que pretendía, reglamentar, en el honor, la justicia, el respeto del derecho internacional, las relaciones internacionales, como lo anunciara mucho mas tarde el Pacto de las Sociedad de las Naciones. Sin embargo; la semilla depositada en el mundo por Victoria, Gentilis, Grocio; Cruce, Sully, llego a hacer proclamar por los diplomáticos reunidos en Munster y Osnabruck, este principio esencial que por sobre los intereses divergentes y los conflictos armados de los pueblos, una gran ley de solidaridad los abarca a todos: A la cabeza en efecto, de los dos Tratados firmados en las dos ciudades que acabamos de evocar, se lee todavía esta declaración que merece recordarse aquí:

'Pax ita sincere serioque servetur et colatur, ut utraque pars alterius utilitatem, honorem ac commodum proutraque pars alterius utilitatem, honorem ac commodun promoveet, omnique ex parte, fida vicinitas et securs studiorum pacis atque amicitiae cultura reviscant ac reflorescant... '

Hermosa máxima que frente a la Asamblea Consultiva de Estraburgo, en este ultimo verano de 1949, el Comité de los Ministros ha quizás perdido de vista cuando a las recomendaciones de la asamblea solo supo oponer negativas o dilaciones.