Actos Académicos y Oficiales

  • Despedida a los alumnos del quinto año de la Escuela de Derecho

Resumen

Abstract

Presentación

El día 19 de octubre de 1956 tuvo lugar en el Aula Magna de la Escuela de Derecho de Santiago el acto solemne de despedida a los alumnos del Quinto año de los estudios.

 

La ceremonia fue presidida por el señor Decano don Darío Benavente Gorroño y a ella asistieron numerosos profesores, alumnos de todos los cursos y publico.

 

En primer lugar hizo use de la palabra el señor Decano don Darío Benavente G.

 

En representación de los alumnos del Quinto año hizo use de la palabra-el señor Luis Ortiz Quiroga.

 

A continuación el Presidente del Centro de Estudiantes de Derecho don Guido Macchiavello hizo use de la palabra para manifestar que los estudiantes del ultimo año de Derecho habían querido restablecer una antigua tradición universitaria y, en una elección, habían designado al 'Mejor Compañero del Curso', habiendo sido agraciado con esta honrosa distinción el alumno don Alfredo Gutiérrez Samohod, a quien haría entrega en esta ceremonia, del diploma correspondiente, el señor Decano de la Facultad don Darío Benavente G.

 

Finalmente use de la palabra don Alfredo Gutiérrez para agradecer esta distinción.

 

Publicamos a continuación los respectivos discursos.

 

A los alumnos que terminan los estudios de Derecho

Ustedes han llegado al termino de una de las tantas jornadas de la vida, y los ideales que han albergado en sus espíritus durante largos años están próximos a verse convertidos en una feliz realidad. En poco tiempo más se habrán de enfrentar definitivamente con la vida profesional, encauzando sus existencias por la senda del Derecho, ya sea como jueces o abogados, ya sea como funcionarios, ya sea impartiendo enseñanzas en nuestra casa de estudios. Reactualizando una digna tradición, hemos venido a darles la despedida, y, al hacerlo, sentimientos encontrados se cruzan en nuestro espíritu. Por un lado, sentimos la nostalgia de verlos partir. Ustedes han convivido con nosotros durante cinco años, y nos hallamos unidos con todos por vínculos de afecto y amistad que quisiéramos conservar y cultivar por mucho tiempo. Por otra parte, una gran esperanza nos alienta: en vuestras personalidades hay mucho de nosotros mismos, pues ustedes son los llamados a realizar lo que nosotros sonamos y no logramos alcanzar, porque el profesor ve siempre en el alumno la proyección de su espíritu y se apresta a compartir sus triunfos como propios. Finalmente, una inmensa alegría nos embarga, pues nos sentimos copartícipes de vuestras jornadas, colaboradores de una obra grande, forjadores de personalidades que están llamados a regir los destinos de nuestra Patria, y esto nos llena de legitimo orgullo por cuanto vemos que nuestro esfuerzo no ha sido estéril. Y, en este momento, en que ustedes se alejan de nuestras aulas, yo deseo, en mi carácter de abogado, profesor y Decano, que algo conoce del mundo del Derecho, mantener un breve diálogo con los que han sido nuestros alumnos; limitándome a recordarles algo de lo ya dicho por vuestros profesores a través de cinco años de estudios. No olviden jamás que la nuestra; más que una profesión y un medio de vida, es, por encima de todo, una cultura, y un apostolado, que se alzan sobre el cimiento de la rectitud de la conciencia. La honradez, la veracidad, el desinterés y el desvelo por la justicia, son las virtudes fundamentales que debe cultivar un hombre de derecho, para estar a la altura de la seriedad y de la trascendencia de la función pública que esta llamado a cumplir: Y para tener éxito en una misión como, esta, es necesario estar siempre asistido de fe y entusiasmo. Ustedes deben sentir por nuestro trabajo, un -fervor irresistible, que los impulse a la acción sin omitir sacrificios ni esperar recompensas, sin buscar la faina ni el halago, sino la tranquilidad de la conciencia por el imperio de la justicia: Además, deben sentirse todos solidarios de una misma causa, copartícipe de una obra trascendente, porque todos los hombres de 'derecho estamos empeñados en una misma cruzada, construyendo' la arquitectura del gran edificio que hará posible una forma de vida libre y digna para todos, en que podamos desarrollar en plenitud nuestra personalidad. Los caminos que ustedes habrán de seguir en la vida, serán diferentes, pero todos se orientan a un mismo fin. Para aquellos de ustedes que se dediquen a la judicatura, yo deseo recordarles que, su cometido -dar a cada uno lo que es suyo- se confunde con la, idea misma de justicia, y que su misión es la más elevada en el campo. del, Derecho. Como dijera el eminente profesor, don J. Eduardo Couture: 'de la dignidad personal del juez depende la dignidad del Derecho, puesto que el es una partícula de substancia humana que vive y se mueve dentro del Derecho: si el tiene dignidad y jerarquía espiritual; el. Derecho también la tendrá; pero si cede ante sus debilidades, el ordenamiento jurídico se resiente en su última y definitiva revelación'. Para los que ejerzan la profesión de Abogado, quiero recordarles que ella 'es una ardua fatiga, puesta al servicio de la justicia'. La misión del Abogado no consiste en la venta de sus conocimientos por un precio llamado honorarios, sino en la lucha diaria por la actuación de la justicia en las relaciones humanas. Esta misión no tiene equivalente pecuniario y, por ello, la remuneración que se paga no es el precio de la paz que se procura, sino solo el de las necesidades de quien se consagra a esta noble forma de vida. Para aquellos de ustedes que sean funcionarios, desearía que siempre tuvieran presente que los hombres de derecho deben ser los tenaces enemigos de las demasías que atentan contra la estructura del edificio social: influencias Políticas, preferencias nepotistas, intervenciones sectarias, abusos y arbitrariedades, y que de nuestra dedicación a las funciones públicas dependerá la estabilidad y permanencia de nuestro régimen democrático. Finalmente, para los que tengan vocación por la enseñanza universitaria, quiero recordarles que los Profesores estamos llamados a sembrar la semilla de la, justicia en la inteligencia de, la juventud, y que nuestra misión es un sacerdocio cuya única recompensa es la satisfacción de nuestro espíritu. En este momento en que ustedes abandonan las aulas universitarias, hemos venido a despedirlos y a expresarles nuestras esperanzas. Os deseamos el mayor de los éxitos, para felicidad vuestra y de todos nosotros. En manos de ustedes queda la responsabilidad de nuestros destinos. Os hemos acompañado hasta este instante. Desde este casa os veremos caminar por la vida con mirada generosa y -benévola. La sociedad del futuro será la que vosotros, seáis capaces de construir. El porvenir del Derecho esta en vuestras manos,

Despedida de los alumnos del quinto año de Derecho

Tiempo hacia que en nuestra Escuela, se había omitido: el despedir al último curso. Rota la tradición durante 26 años consecutivos, honroso resulta para el quinto año de derecho del año 1956, ser elegido para restablecerla en forma tan solemne y afectuosa. Cinco años de diaria convivencia han transcurrido -con la perplejidad del rayo. ¡Si sólo ayer hacíamos una larga cola para matricularnos en 'el ansiado primer año! en aquel entonces, los provincianos andábamos totalmente desorientados. Nuestro flamante mejor compañero, venia llegando de Arica, y el que os habla, penosamente había logrado desembarcar sus bártulos, venido desde Rancagua, en una vieja residencial de la calle Albión. Los primeros días éramos varios los que disimulábamos nuestra soledad, tras un diario, abierto durante. Los recreos. Los hombres mirábamos con curiosidad no disimulada a las niñas, y estas castamente de soslayo, a los tímidos varones . . . Fueron ellas las primeras en forjar un clan. El instinto gregario en la mujer, parece ser mucho más fuerte que en el hombre: Pocas semanas después) y siguiendo su ejemplo, empezamos a conversar, primero de las clases y pruebas; luego, de lo que se nos venia a la cabeza. Estaba empezando a germinar la confianza mutua, base primera de todo intento de amistad perdurable . . . Y así nos tomo el engranaje de las semanas y de los meses, para llegar al fin del primer año sin siquiera darnos cuenta. Terminado que fue el último examen, los peces de la pileta del patio tuvieron un extraño compañero que los lleno de pavor. Se trataba de una curiosa tradición que nuestro curso adopto entonces, y que no Habría de abandonar hasta hoy día, consistente en lanzar al agua aquel que obtuviere en los exámenes el máximo de coloradas. A lo largo de estos años, la frecuencia de las zambullidas ha sido tal, que nadie mas indicado que las carpas de la pileta, para atestiguar la calidad del curso en cuyo nombre os estoy hablando. En los años venideros, la Camaradería ha ido incrementándose, hasta el' extremo de afirmar con intima convicción que este curso nuestro es el más unido de cuantos han pasado por la Escuela. Y para demostrarlo, algunos detalles: en el año 1953, algunos de nosotros fundamos el GULM, sigla que significa Grupo Universitario de Lobos de Mar. Todos los martes, religiosamente nos reuníamos al borde de la pileta, el Tesorero, que aún no rinde cuenta de su gestión; pasaba el sombrero, y, el primer martes de cada mes festejábamos a Neptuno, libando en su honor. ¡Dulces veladas aquellas que sirvieron para forjar y cimentar amistades tan sólidas! Las niñas, por su parte, que hasta el momerito no habían intervenido, organizaron con gran propaganda un Comité Pro-Viaje de Estudios, el cual no tardo en decretar una larga serie de festejos, los cuales hasta hoy día se prolongan. Recuerdo el temeroso respeto con que tratábamos a don Amadeo para convencerlo de que no nos apagase la luz en las fiestas, llegada determinada hora. En ellas, más de algún idilio se ha gestado o deshecho . . . Y todo esto ha ido transcurriendo tan pausadamente que ni siquiera nos hemos percatado de que el tiempo ha ido avanzando. Y esta hermosísima jornada, la mas laboriosa y trascendente de nuestra vida, habrá terminado, si la Providencia lo permite, en unas pocas semanas mas. Ya no nos espera, compañeros, otro año de estudios. No más matrículas, ni elección de Profesores. No más exigencias perentorias de levantarse al alba; para llegar antes del primer timbrazo que inicia el nuevo día de clase.

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Y al lado nuestro, en estos años de diaria convivencia: los Maestros. Siempre prestos a dar su consejo, entregando todo lo que su intelecto y corazón podía ofrecernos. Y entre ellos, en forma muy especial, descuellan algunos cuyo espíritu brilla desde lo Alto, respirando Eternidad don Gabriel Amunátegui, don Enrique Rossel, don Francisco Jorquera, valiosísimos elementos de nuestra Facultad, brillantes representantes de sus respectivas Cátedras, buenos amigos nuestros, Maestros en plenitud, capaces de establecer vínculos con sus alumnos, que iban más allá de la simple exposición magistral. Sin duda que, así considerada, la docencia se nos presenta como una de las carreras mas nobles y trascendentes a que puede aspirar un ser humano. Cuando miro retrospectivamente los años compartidos en nuestras aulas, me sobrecojo solo de pensar en el hecho de que alguno de los profesores no pudiera aquilatar en. su justo valor la inmensa responsabilidad que recae en sus hombros al tener en sus manos la formación de un adolescente. ¡Y cuán difícil es hoy día llegar a conocer el corazón del adolescente! Soy un, convencido, de que nunca en la Historia, el muchacho ha tenido mayores posibilidades de despliegue personal y esparcimiento; Pero paralelamente, tanta plenitud a inagotable capacidad de obrar empujan hacia el agotamiento y la saciedad. Es increíble señores, el talento que necesita la juventud contemporánea para, evitar que con demasiada prontitud se estrangule el periodo más hermoso de su existencia. Es tremenda la desorientación en que vive. Se adoptan filosofías extrañas a la mentalidad del muchacho, por snobismo o por lo que fuere; se habla de cosas que no se entienden, y mientras menos claro sea el concepto, más profundo se le considera. La arrogancia y la vanidad han desterrado el espíritu generoso, indispensable en el adolescente. Los espíritus jóvenes aparecen paradojalmente envejecidos y escépticos. Se tiene vergüenza de ser joven, se adoptan actitudes ajenas a una voluntad rebelde. Mentalidad rebelde integrada por fuerzas rebeldes que nunca deben dejar de brotar; que deben vivir, crear cada vez más. y mejor. Renunciar a ellas, como desea el tradicionalismo, es decir, ¡Alto! a la vida misma; es exclamar ¡No! a los ideales de la juventud. En una atmósfera sofocante como esta, fácil es comprender, la significativa labor del Maestro. Es el y no otro, el encargado de orientar sabiamente este exceso de entusiasmo, la mayoría de veces malgastado sin provecho efectivo. Suya es la obligación de enseñarle a conocer el derecho, suyo es el deber de hacerle germinar sentimientos, como el jardinero mágico hace brotar plantas de la tierra fértil. Por eso el profesor no puede ser un mecánico repetidor de programas, sino un animador de inquietudes múltiples, un factor catalizador en la vocación. La simple tarea de memorización de Código no basta. El verdadero Maestro, antes de conminar, educa despertando las capacidades con el ejemplo; enseñando a hacer, haciendo; a pensar, pensando; a amar, amando.. Gran parte de nuestros maestros han vibrado con estas ideas. $u enseñanza ha trascendido la explicación de la simple o complicada norma jurídica y, muchas veces, sin pretenderlo, los caracteres de su propia personalidad han bastado para moldear nuestro espíritu a su semejanza. Señor Decano, señores profesores: nuestro curso se siente orgulloso de poder lanzarse al futuro con la seguridad y prestancia que vosotros habéis podido inculcarnos. Reconocidos por vuestra enseñanza, no pretendemos otra cosa que lograr desarrollar integralmente nuestras personalidades guiados por vuestro ejemplo. Las clases han terminado definitivamente para nosotros; la danza terrible de las bolitas rojas y negras se esta extinguiendo lentamente y aún en el corazón de estos viejos compañeros escépticos, hay un dejo sútil y aún incomprendido de honda nostalgia.

Agradecimiento por la elección del mejor compañero del curso

Es grande la bondad que se aloja en vuestros corazones y grande es, también, la generosidad que aflora en vuestro espíritu. Ello me coloca frente a duro trance, ya que vengo a agradecer con palabras lo que ustedes han demostrado con hechos. Frente 'a la magnitud de ellos mis recursos podrán parecer forzados, o bien, un producto retórico antes que la expresión de mis verdaderos sentimientos. Cinco años han transcurrido ya, desde que, en una mañana de marzo, franqueando las puertas de este edificio, pase a formar parte de lo que hoy somos todos nosotros, estudiantes de Derecho. Era, en aquel entonces, un alumno más que llegaba a esta Escuela, plena el alma de ilusiones y alegrías juveniles. Pero, había, Además, otra circunstancia. Allá, lejos, quedaban mis padres y mis amigos y todo aquello que había sido hasta entonces, una parte principal de mi vida. Comenzaba pues, a realizar mis anhelos, acosado por el secreto temor y la creciente inquietud de saber si lograría encontrar lo que reemplazaría a aquellos lejanos y queridos compañeros y recuerdos. Heme aquí, ahora, cinco años después, que el temor y la ansiedad nuevamente me asaltan, pero ya no como en aquella oportunidad, sino, porque ustedes me han dado tanto, se han prodigado tan sin medida, que no se si seré capaz de decir lo que vuestro gesto ha significado para mi. Me han elegido como el mejor compañero del curso. Es demasiado; ya he recibido de todos y cada uno de ustedes más de lo que debía. Los he tenido a mi lado, alentándome en la decisión, apoyándome en la flaqueza y acompañándome en el dolor. Era suficiente con eso, pues ya sabia yo de vuestra amistad y contaba con ella. Si les he dado algo, fue porque encontré en ustedes el espíritu abierto y la mano franca, porque son ustedes compañeros, quienes han llegado hasta mi, cada vez que los he necesitado. No se si pueda presumir de lo mismo. Creo que en muchas ocasiones falte a mis deberes de compañero, y, sin embargo, haciendo ustedes caso omiso de ello y, fundándose en quizás que obscura y lejana acción que pueda yo haber realizado, acordaron concederme ese galardón. Siempre he creído que la amistad es desprendimiento, que es un constante darse, sin desear retribución y que, paradojalmente, en ese continuo desgaste va involucrada la fuerza de su propio renacer. ¡Que emoción y que alegría, la de aquel, que como yo, en este caso, recibe el sentimiento sincero de sus semejantes! Mi espíritu esta jubiloso porque fue elegido como deposito de vuestra amistad. Agradezco pues, esta decisión por lo que ella representa, por su fondo de afecto y por lo que ahora significa y ha de significar para mi, en el futuro. Señor Decano: recibo este honor solo en cuanto represento a todos y cada uno de mis compañeros y en tanto reflejo sus virtudes y no mis propios meritos. Que esta tradición hoy revivida se mantega por largos años y sea un distintivo de orgullo para todos los estudiantes de Derecho. Que estos actos demuestren a todos, que en nuestra Facultad hay un espíritu vivo y alerta, que en nuestros corazones tiene cabida la emoción y que, entre los maestros y los aprendices de nuestra vapuleada profesión, el compañerismo y la amistad tienen su verdadera dimensión y sentido. Gracias Señor Decano por el hermoso Diploma con que me obsequiáis. Gracias por el bello recuerdo de esta sesión. Gracias mis Maestros, por la comprensión, por la dedicación y por el esfuerzo desplegados en vuestra labor. Gracias por el ejemplo que habéis constituido para mi. Gracias, gracias compañeros por haberme brindado con vuestra amistad.