[Esterilización ]

Las ideas eugenésicas no datan ciertamente de ayer, y si consideramos que el Código de Manu prohibía las uniónes con familias afectas a determinadas taras y que las más antiguas leyes hebraicas cuidaban de evitar el matrimonio consanguíneo y con epilépticos, leprosos, alcohólicos y tuberculosos, nos convenceremos una vez más de que nada nuevo hay bajo el sol. Nadie ignora los medios sumarios y expeditos que, siguiendo las indicaciones de Licurgo, empleaba Esparta para eliminar los recién nacidos débiles o defectuosos, incapaces de llenar los fines bélicos que eran entonces preocupación preferente del Estado. Y así como Roma procuraba impedir las uniones de sus hijos con peregrinos y extranjeros, hoy día veintiocho Estados de la Unión Norteamericana vedan el matrimonio entre individuos de razas heterogéneas, velando por la preservación de tipos raciales amenazados por la inundación creciente de la estirpe de color. Pero no se detuvo allí la gran nación del norte en su empeño por resguardar de la decadencia a su linaje. Tampoco se detuvo en la exigencia del certificado de aptitud matrimonial que el abortado Decreto-Ley núm. 356, llamado de Defensa de la Raza, pretendió implantar también en Chile, sin advertir que con ello sólo se favorecería las ya por sí excesivas uniones libres, con agravados inconvenientes. Se prefirió llegar allá hasta las fuentes mismas de la vida impidiendo la propagación natural de los portadores de lacras trasmisibles.

La situación en Norte-América

En 1907 se dicto en Indiana la primera ley, que prescribió la esterilización de los enajenados a imbéciles albergados en los hospicios; y hoy rige análoga medida en veintisiete de los cuarenta y ocho Estados de la Unión.

En veinte de ellos este radical sistema de profilaxis alcanza no solo a los hospicianos sino a toda la población, en lo que respecta a los débiles mentales; en quince afecta a los enajenados; en trece a los criminales incorregibles; en doce a los epilépticos; en nueve a los pervertidos sexuales; en ocho a los idiotas; en siete a los imbéciles; en uno a los toxicómanos; en dos a los sifilíticos, y en cuatro, a los degenerados.

Con todo, la dificultad de pesquisar a los tarados en la población libre, por una parte, y por otra los reparos constitucionales opuestos por el Tribunal Supremo en los casos a que aludiremos en seguida, y también cierta resistencia lógica suscitada hacia estos métodos en un país hasta ayer tan celoso de los derechos individuales, han hecho que la aplicación practica de la esterilización haya quedado bastante restringida.

En California, donde más difusión ha alcanzado, no pasan de 10,000 las personas esterilizadas a contar de 1909, de preferencia entre enajenados y débiles de espíritu. La proporción es muchísimo menor en los demás Estados y no excede de algunos centenares, en varios, de simples decenas en otros, en tanto que en New Jersey, Oklahoma y Nevada no ha sido jamás llevada a la práctica.

En todo el país, los casos de esterilización llegan hasta hoy a 17,900. Según las estadísticas de quince Estados, recayeron sobre 6,246 insanos; sobre 2,938 débiles mentales; 55 epilépticos y 16 criminales.

Ha sido de práctica obtener consentimiento escrito previo de los afectados, de ser ello posible y aunque fuera legalmente innecesario.

Al principio la operación se hizo en forma de castración a ovariotomía, pero hoy se practican, respectivamente, la vasectomía y la salpingectomía, que más adelante veremos en que consisten.

Sin duda el antiguo sistema de esterilizar contribuyó a que la Corte Suprema Federal declarara contrarias a la constitución las leyes de nueve Estados, estimando que atentaban contra los derechos elementales garantizados a todos los ciudadanos de la Unión. Especialmente lo fueron las que tenían un carácter represivo y recaían sobre los criminales. Ellas fueron calificadas por el Tribunal como 'castigo cruel e insólito', toda vez que importaban una regresión a las prácticas bárbaras de mutilación de los delincuentes.

Quedaron, así, limitadas en el hecho a los anormales, y es interesante recordar a este respecto el fallo de dicha Corte recaído el año 1927, en un caso de Virginia, donde uno de los jueces hizo notar que 'tres generaciones de imbéciles eran ya suficientes' y que así como el Estado podía disponer de las vidas de los ciudadanos en caso de guerra, podía igualmente exigir un sacrificio bastante menor en tiempo de paz, en aras de la posteridad.

En realidad, las estadísticas norteamericanas acusan cifras alarmantes para el porvenir de la raza. Según J. H. Landman, del College of New York; la proporción de socialmente inaptos, evidenciada ya por la guerra, no es inferior a la quinta parte de la población.

En 1932 yacían en los hospitales 775,000 enfermos y en los manicomios 323,000, y un año antes, albergaban las cárceles 130,000 personas. El censo registraba en 1930 la existencia de 63,500 ciegos y de 57,000 sordomudos, calculándose en 150,000 el número de epilépticos y en el doble el de imbéciles.

La probabilidad de llegar a insano es hoy de una sobre diez en los Estados Unidos.

Más alarmantes resultan esas cifras si se considera la desigual procreación de aptos a inaptos que evidencian las estadísticas. En virtud de ellas, mientras mil graduados de Harvard no tendrán en dos siglos sino cincuenta descendientes, otros tantos inmigrantes rumanos de Boston llegaran en el mismo lapso a 100,000. (Siegfried, 'Los Estados Unidos' de hoy).

Han pasado a ser ya clásicos los estudios hechos sobre la calidad de la descendencia según las aptitudes de sus procreadores, en algunas familias típicas seguidas durante varias generaciones. Así, es conocido el caso de Max Jukes, de Nueva York, ebrio y vago, que vivió a mediados del siglo XVIII y entre cuyos descendientes murieron 310 en los hospicios; 440 sufrieron de males venéreos; 400 fueron viciosos o inmorales y más de la mitad de las mujeres, disipadas. Hubo entre ellos 130 delincuentes comunes; 60 criminales y siete asesinos, sin contar los 300 fallecidos en la infancia. Se calcula que hasta 1915 esta familia costaba a la nación más de dos y medio millones de dólares.

Frente a aquella, la descendencia comprobada de Jonathan Edwards, del mismo siglo, registraba 13 presidentes y 64 profesores universitarios; 60 médicos; 100 pastores; 75 miembros de instituciones armadas; 60 escritores de nota; 130 jueces y abogados; 80 funcionarios; tres senadores y un Vice-Presidente de la Republica. Entre 1,394 personas no se registro ningún criminal.

Más revelador aun es el caso de la familia denominada convencionalmente Kallikak (expresión griega que significa 'bueno y malo'): el progenitor tuvo un hijo ilegitimo, en una débil mental y entre 480 descendientes de esta pareja solo el 10 por ciento (48) fue normal. Casado más tarde con una mujer virtuosa, en 490 descendientes sólo se encontró uno algo libertino.

Sin duda alguna, el progreso de la caridad y de la asistencia social ha favorecido la supervivencia de los inaptos, que en un régimen de rigor natural estarían condenados a desaparecer en buena parte. Entre tanto, se presenta por otro lado la complejidad creciente de la civilización que exige para su mantenimiento y progreso, cualidades de inteligencia, carácter a iniciativa que no es lógico suponer en individuos degenerados o inferiores.

Hay quienes creen ver en esta progresión creciente de inaptos sociales y en la correlativa disminución de los superdotados, una de las causas de la incapacidad de ciertos pueblos para seguir la marcha ascendente de la civilización, así como la hostilidad de otros para asimilar una cultura que, incapaces de adaptar para sí, procuran destruir para regresar a una barbarie más o menos disimulada, pero más al compás de sus propias posibilidades (Stoddard y también, en cierto modo, Spengler).

Sea como fuere, es el hecho notorio que el creciente peso muerto de los inferiores, defectuosos o anormales, que han de vivir a expensas de los demás, directa o indirectamente, y cuya fecundidad incontrolada toma caracteres peligrosos, va haciéndose más y más insostenible, particularmente en la precaria situación por que atraviesa hoy el mundo.

De aquí también que los pueblos, o mejor dicho sus hombres de ciencia, sociólogos y dirigentes, vuelvan hoy día sus ojos hacia las doctrinas de la eugenesia, que procuran velar por la selección y progreso de la raza humana.

Lo que ocurre en Alemania

El factor económico es el que salta más a la vista de los pueblos y por esto el que de modo más inmediato ha favorecido la adopción de los regímenes que procuran limitar la libre propagación de los anormales.

Así ha sucedido, desde luego, en Alemania, donde se ha observado que es simple problema de aritmética prever el extremo insoportable a que puede llegar la carga de los débiles mentales o enfermos hereditarios, si se toma en cuenta que cada uno de estos demanda, en caso de reclusión u hospitalización, hasta veinte veces más de lo que cuesta la educación de un niño normal.

Se ha estimado demasiado duro el fardo que para la posteridad germánica ha de imponer la multiplicación no controlado de inaptos y degenerados que trasmiten sus taras y se ha querido, por esto, ponerle un límite forzoso.

Según el profesor Lenz, encargado de la cátedra de Conservación de la Raza en la Universidad de Berlín, atendiendo solo al aumento cuantitativo comparado de las distintas razas y suponiendo que Alemania hubiera tenido en 1630 una población compuesta de 50% de blancos y otro tanto de gente de color, y que aquellos se hubieran multiplicado a razón de tres hijos por familia cada treinta años contra cuatro hijos cada veinticinco de los últimos, el noventa por ciento de la población alemana seria hoy día de color.

Substituyendo esta característica racial por la de tarados hereditarios, insociables, idiotas, retardados o inaptos, y la blanca por la de tipo superior, industrioso, inteligente, apto y valiente, tendríamos que la nación entera se hallaría en la actualidad degenerada.

En realidad, las estadísticas establecen que, en tanto un matrimonio de tipo superior sólo tendrá en un siglo; dieciséis descendientes, por contraer matrimonio tardíamente, y, limitar, en él la progenie, una pareja inferior, que se une precozmente y procrea sin límite, tendrá en igual tiempo 3,125 descendientes. Suponiendo que la mitad de estos perezca, siempre su número será cien veces mayor que el de los primeros; lo cual permite inferir que el indeseable ahogara al hombre superior.

Esos antecedentes son los que explican la dictación de la ley alemana de 14 de Julio de 1933, Ramada oficialmente de 'Prevención de la trasmisibilidad de las enfermedades hereditarias'.

La ley nazi sobre esterilización compulsiva

Completada por una minuciosa reglamentación, que se publica en la 'Gaceta Oficial' de 5 de Diciembre último, esta ley ha causado gran revuelo en todo el mundo, lo que en cierto modo se explica por su trascendencia, ya que afecta a un número no inferior a 400,000 individuos en Alemania, según cálculos autorizados.

Sin embargo, parece olvidarse que medidas semejantes rigen con mayor o menor vigor en Norte-América, desde hace un cuarto de siglo; que desde 1928 se hallan establecidas también en la provincia de Alberta (Canadá); desde 1929 en el Cantón de Vaud (Suiza), y desde 1932 en el Estado de Vera-Cruz (Méjico), sin contar la ciudad libre de Danzig, donde esta en vigencia desde hace poco y en estos días acaba precisamente de ser cumplida por vez primera.

Muy contradictoriamente recibida, la ley alemana entran a para unos verdadera regresión a los tiempos bárbaros mientras para otros establece un nuevo jalón en la marcha de la humanidad.

Antes de pronunciarnos sobre ella, veamos sus disposiciones substanciales.

En el primer acápite, preceptúa que todo el que padece de una enfermedad hereditaria puede ser esterilizado por intervención quirúrgica, siempre que de la experiencia medica pueda colegirse con grave probabilidad que sus descendientes van a sufrir de anomalías hereditarias corporales o mentales.

Las afecciones trasmisibles taxativamente determinadas par la ley son las que siguen: debilidad mental congénita; esquizofrenia (o demencia precoz); locura circular; epilepsia hereditaria; corea de Huntington; ceguera y sordera hereditaria y deformaciones corporales graves y hereditarias.

En el acápite tercero, permite también la ley la esterilización del que sufre crisis graves de alcoholismo.

La medida puede ser solicitada voluntariamente por el que adolece del mal, o por su representante si aquel es incapaz. En estos casos será permitida si aparece justificada y no entraña peligro para la vida o la salud del postulante.

Todo facultativo - incluyendo ahora las matronas según última disposición del Ministro Goering - esta obligado a dar cuenta de los casos de enfermedad hereditaria comprendidos en la ley, que le toque atender.

Dentro del procedimiento legal, se entrega primero al afectado un formulario con prevenciones o consejos tendientes a inducirlo a dar su consentimiento. En defecto de resultado, se procede compulsivamente, previa resolución favorable de un Tribunal especial integrado por el juez de letras, el médico oficial y otro facultativo que designa el Gobierno, como especialista en la materia. El procedimiento es secreto y el tribunal juzga con pleno conocimiento de causa, pudiendo oír a testigos y peritos y efectuar reconocimientos personales.

Hay derecho a apelar ante el Tribunal Superior llamado de Sanidad hereditaria, que preside un miembro de la Corte de Segunda instancia y completan dos médicos elegidos en la misma forma que el anterior. Este Tribunal revisor procede también bajo reserva y su fallo es definitivo y motivado.

La operación se practica, en su caso, en un hospital señalado por la Corte y por facultativo que no haya intervenido antes en el caso; quien debe dar cuenta de la operación y su resultado, bajo reserva sancionada con prisión y multa.

El Reglamento exceptúa los casos en que, por edad del paciente a otra causa de impotencia, no haya posibilidad de reproducción; como también cuando existe peligro para la vida del afectado o bien ha de permanecer éste recluido a perpetuidad.

En ningún caso podrá practicarse la esterilización antes de los diez años de edad.

Añade el citado Reglamento que la operación se efectuara en forma de no separar los testículos u ovarios sino desviando, obliterando o seccionando los conductos o trompas.

En realidad, la intervención resulta mucho más sencilla en el hombre que en la mujer. Queda en él reducida a una simple incisión a cada lado del escroto, con sección y ligadura del delgado tubo espermático; bajo anestesia local. En suma, quince a veinte minutos de intervención incruenta, no mucho más grave que la extracción de un molar.

En la mujer, en cambio, es indispensable abrir el abdomen y, por tanto, la anestesia general. Se seccionan y ligan los conductos de Falopio que comunican el ovario con el útero. En total, diez días de cama como en una operación de apendicitis.

La vida sexual ordinaria no queda afectada, como tampoco la función fisiológica de la mujer, y aun se habla de que los efectos terapéuticos generales y mentales del proceso serian beneficiosos. Faltan datos, sin embargo, para pronunciarse con certeza, todavía, sobre las secuelas permanentes de la intervención que nos ocupa, en la salud y en especial en el psiquismo de los afectados.

Su aspecto biológico

Nos ocuparemos brevemente de los casos que, para la ley alemana, autorizan esta medida de prevención racial; analizándolos desde el punto de vista biológico.

Haremos notar, desde luego, que aunque la diversidad es, regla del universo y los individuos no se repiten de manera uniforme en el tiempo ni en el espacio, hay características aisladas - normales o patológicas - cuya trasmisión sigue reglas que pueden aproximadamente determinarse hoy en día, gracias a las geniales y pacientes investigaciones del monje Mendel, que hoy fundamentan toda la genética.

Hay, así, caracteres hereditarios que se llaman dominantes porque prevalecen sobre los opuestos de la pareja y se trasmiten directamente a la descendencia; y otros, llamados 'recesivos', que quedan latentes, aunque no abolidos y vienen a aparecer mas tarde en la progenie, sobre todo si interviene unión con sujetos que ofrecen entre sus ascendientes la misma característica.

Algunas cualidades o defectos se rigen, pues, por las reglas de la dominancia y otros de la recesividad de los factores familiares hereditarios. Hemos dicho que los de índole dominante se trasmiten de un modo inmediato a la generación siguiente, en forma que si no ocurre esto, la prole quedara definitivamente libre o privada de tal carácter, al menos por esta línea. Si el factor es recesivo, en cambio, la trasmisión se hará en forma invisible para reaparecer incluso después de varias generaciones. (Este es el fenómeno antes llamado del atavismo).

Entre las enfermedades o anomalías dominantes mas conocidas se citan, por ejemplo, la polidactilia o exceso de dedos; el labio leporino; la corea de Huntington; la catarata congenita; algunas formas de diabetes y de degeneración nerviosa con ataxia, etc.

Entre las recesivas, trasmisibles insidiosamente, se cuentan la luxación congénita de la cadera; el nanismo; la hipotricosis; la retinitis; ciertas formas de epilepsia, de sordomudez y de imbecilidad.

Son justamente esos factores recesivos o ocultos los que hacen aleatorios los matrimonios consanguíneos, no ciertamente porque la consanguinidad constituya en si misma un inconveniente (puede ser una ventaja en las familias absolutamente sanas), sino porque es mas fácil que concurran entre consanguíneos taras recesivas análogas que se reproducirán fatalmente en la descendencia, del mismo modo que pueden acumularse en ella las aptitudes. Recordadas estas nociones generales, volveremos a las indicaciones de la ley nazi.

Menciona ella, en primer termino, la debilidad mental congénita, que va desde los casos mas graves (idiocia) hasta los mas leves (retardo o debilidad mental simple), pasando por los medianos (imbeciles).

Las estadísticas parecen justificar esta causa de esterilización, si bien el Dr. Vignes objeta la dificultad del diagnostico preciso en los casos leves. Pero estos aprovecharan, seguramente, del 'beneficio de la duda', en la práctica.

Si nos atenemos a los estudios hechos en países como Inglaterra y Estados Unidos, encontramos que el numero de retardados mentales es, en la población general, considerable, como que llega al cuatro o cinco por ciento de ella. El riesgo hereditario es grave, puesto que, para Bumke, cuando ambos procreadores son débiles de espíritu la herencia similar sube al 70%. Baja al 50% si solo uno lo es.

Luego tenemos en la ley la esquizofrenia, llamada también demencia precoz. Para la generalidad de los autores es de causa hereditaria, recesiva según algunos. Si ambos padres son esquizofrénicos, la proporción de descendientes afectados parece llegar al 50%; si uno, baja al 7%. Felizmente este mal favorece poco, por su naturaleza deprimente, las aproximaciones sexuales. Como la esquizofrenia no disminuye, sin embargo, hay que culpar de ello a otros factores distintos de la herencia similar y, por tanto, la esterilización no parece de gran utilidad en este caso (Dr. H. Vignes). El Dr. Álvarez ('Siglo Medico'), solo ha encontrado tres casos hereditarios de esquizofrenia entre 2,600.

La locura circular, o psicosis maniaco-depresiva es una de las más graves y frecuentes enfermedades mentales. Cuando concurre en ambos padres, un 60% de los descendientes presentan el mismo mal, mientras el resto ofrece otras anomalías nerviosas, por lo general.

Si se considera que en todo caso y dentro de la generalidad de los alienados, acaso las cuatro quintas partes tiene causa hereditaria, no podrán menos de explicarse el Capitulo de esterilización que nos ocupa.

En seguida, incluye la ley Ramada 'Corea de Huntington' que tiene carácter hereditario y, según lo visto, dominante. Afecta a alrededor de la mitad de la descendencia directa.

En cuanto a la epilepsia, su carácter transmisible ha sido muy cuestionado. La herencia similar se presenta, con todo, en una proporción superior a la cuarta parte de los casos, en la genesia del mal, y en proporción mayor otras formas de herencia nerviosa, fuera de la sífilis y el alcoholismo. El mismo Bumke ha sostenido en Alemania que la epilepsia no debe acarrear por si sola la esterilización.

En lo que respecta a la ceguera llamada hereditaria, también es muy discutida su, calidad de trasmisible, especialmente teniendo en cuenta el numero de enfermedades prenatales, que pueden determinarla. En todo caso, las leyes de la herencia no son en esto bastante claras y parece prematuro hacer descansar en ellas la extrema medida de la, esterilización. (Vignes).

Mejor estudiada se halla la sordera hereditaria. Según algunas estadísticas de los Estados Unidos, los hijos de dos sordomudos llegan a serlo también en una cuarta parte de los casos, porcentaje que desciende a la mitad al serlo solo la madre y a algo menos siéndolo el padre, únicamente. Si se trata de sordomudez familiar y de matrimonio consanguíneo, la proporción de hijos sordos sube al 45%. Por lo tanto, se trata de una causal que presenta fundamento.

Nos queda el alcoholismo grave.

Las ideas en la materia se inclinan actualmente a considerar que no hay propiamente trasmisión hereditaria de alcoholismo en si, sino de taras mentales o nerviosas que predisponen al etilismo. Según Apert, solo llegan a alcohólicos los predispuestos por taras ancestrales; pero, sea que se trasmita directa o indirectamente, de dos progenitores alcohólicos resultan las cuatro quintas partes de los hijos ebrios; porcentaje que baja al cincuenta por ciento cuando solo se trata de uno de los padres.

Pero no solo resulta la prole con tendencia a la alcoholización, sino con toda una variedad de anomalías, desde las mentales y nerviosas, como la epilepsia ya dicha y el retardo mental, hasta los abortos y malformaciones congénitas (luxación de la cadera, etc.).

Es de advertir que antes de acarrear la impotencia en el bebedor, el alcoholismo excita sexualmente y de aquí que Baco sea prolífico.

La verdad es, sin embargo, que esa degeneración se presenta también en el caso del ebrio accidental, como lo demuestran esos niños, que en Bélgica se llaman 'hijos del Domingo'. Y estamos ciertos de que, si entre nosotros se investigara la calidad de los nacidos a los nueve meses, de las saturnales que acompañan la celebración del aniversario patrio y otros acontecimientos semejantes, encontraríamos en ellos buena parte de nuestros idiotas, epilépticos, ebrios y degenerados.

Un padre, que engendro un hijo imbecil, escribía al Dr. Combe, de Lausanne: 'Fue el único día que en mi vida me he embriagado', y el Dr. Voisin ha escrito acerca de los idiotas: 'CAsi siempre que me ha sido dado penetrar en la intimidad de la concepción, he visto que el niño fue concebido durante la embriaguez del padre'.

En todo caso, del hecho que no puedan prevenirse por medio de la esterilización del consuetudinario, todos los casos de degeneración por causa alcohólica, no se sigue que debamos tolerar impávidos la libre reproducción del ebrio crónico. (Vignes).

Por ultimo, se refiere la ley nazi a las 'deformaciones corporales graves, de carácter hereditario', y es de lamentar que, preceptos de naturaleza tan extrema, en que parece obligatorio prevenir hasta donde es dable lo vago y lo arbitrario, no hayan puntualizado con mayor precisión que especie de malformaciones son las que autorizan la grave medida en cuestión.

En el cuadro de enfermedades dominantes y recesivas formado por Guyenot, encontramos que, entre tales deformidades, las hay de trascendencia muy variada. No nos parecen, así, revestir especial gravedad los dedos supernumerarios, o anormalmente cortos (braquidactilia) o aun el labio leporino. En cambio, creemos que, entre otras deformaciones, el nanismo, la acondroplasia y también la luxación congénita de la cadera podrían llegar a constituir las que autorizan el cumplimiento de la ley.

Este es el resumen y la critica somera que, desde el punto de vista biológico, podemos hacer de la nueva ley alemana.

En lo que toca a su aplicación practica, nos ha informado el cable del resultado en algunos puntos del Reich durante el primer semestre del año en curso, que es también el inicial de su vigencia.

Así, en Berlin ha sido cumplida en 325 casos, la mitad de los cuales tenían carácter voluntario (lo que no significa para nosotros 'espontáneo'). En veintitrés oportunidades, o sea, en un siete por ciento, se estimo improcedente la medida.

En Hamburgo, el numero de esterilizados llego en el mismo lapso, a 760, en un total de demandas de 1,325, las cuales habrían sido consentidas por los interesados en un sesenta por ciento.

Los demás países siguen atentamente esos resultados, y muy en especial Japón, Checoslovaquia y Hungría, donde la ley lleva visos de ser también adoptada.

En cuanto a Inglaterra, la Comisión Oficial designada para el estudio de la cuestión, llego al resultado de aconsejar solamente la voluntaria, hecha previo detenido examen del caso por especialistas. En orden a los capítulos que la autorizarían, indico los mismos de la ley nazi y además la hemofilia; disposición hereditaria esta que - como es bien sabido - se trasmite recesivamente en la forma llamada 'sexlinked', o sea, en línea cruzada de sexos. Solo las mujeres son portadoras de la tara, si bien están ellas exentas del mal, que solo afecta a los varones.

Las objeciones

Múltiples y serias son las objeciones que desde tiempo atrás viene suscitando, como medida legislativa, la esterilización obligatoria. Podríamos entre ellas citar las siguientes: a) La incertidumbre actual de las leyes hereditarias, que en realidad no están aun en la especie humana esclarecidas en toda su complejidad. Con todo, lo que ya se sabe en la materia parece ser suficiente para dar pie a medidas de excepción cautelosamente estudiadas. Alguien ha dicho en Francia que la ley alemana suprimirá los genios y creara un pueblo de atletas estúpidos. Como frase ingeniosa y de efecto, eso esta bien, pero en realidad es absurdo pretender que el genio tiene que pacer de la degeneración. Si bien es cierto que es imposible predecir con certeza que uno o dos padres degenerados tendrán que procrear de necesidad hijos tarados (pueden resultar geniales como Beethoven), ni tampoco asegurarse que de padres absolutamente sanos habrán de pacer hijos superiores, las probabilidades de que así acontezca no pueden ser desconocidas, según las estadísticas que citamos al principio. Y el peligro - cierto y evidente - de descendencia indeseable parece que puede prevalecer sobre la remotísima expectativa de herencia genial, aunque tarada; b) No se evitan los demás factores de decadencia racial, y se mantienen los actuales portadores de taras recesivas, que pueden presentar absoluta salud aparente. Eso es efectivo, pero al menos puede prevenirse una parte apreciable de casos futuros; c) Importa la medida un vejamen intolerable a la libertad y dignidad individuales, atentando contra la integridad corporal y el derecho a perpetuar la vida. En verdad, se trata de un grave ataque a los derechos del individuo. Pero queda en pie la cuestión de si deben prevalecer los derechos de este o los intereses de la comunidad y acaso de la propia prole del afectado; d) Existe peligro para la vida y la salud de los interesados, y en especial para las mujeres. Realmente, tal peligro existe, puesto que el porcentaje de muertes ha sido calculado en uno por mil de los casos. Esto aconseja no esterilizar cuando se tema por cualquier motivo un riesgo para el sujeto. En cuanto a los efectos en la salud física o mental, no hay todavía antecedentes para pronunciarse sobre el particular; e) El peligro de error judicial, frente a lo irreparable de la medida. Es indiscutible, pero puede reducirse a un mínimun con disposiciones prudentes y aplicación parca y circunspecta; y f) Fomenta la hipertrofia estatal y ofrece el riesgo de llegar a aplicarse con criterio político o racial.

Conclusión

Sin el menor espíritu de dogmatismo y penetrados de la relatividad de los juicios en materia tan ardua, que admite los más diversos puntos de vista, creemos en conclusión, que frente a las actuales necesidades de la humanidad, aclaradas por las estadísticas y las conquistas de la ciencia la esterilización puede llegar a justificarse como medida extrema, en el evento de mediar peligro inmediato y cierto para la descendencia y de que todo otro resguardo de la comunidad o la prole resulte insuficiente o inadecuado. Deberá procurarse en todo caso el consentimiento del afectado capaz, imponiéndolo plenamente de su caso y trascendencia. Se alejará, con gran cuidado, todo riesgo de que pueda intervenir en alguna forma el criterio político o circunstancial y se dará a los técnicos intervención decisiva y absolutamente libre de influencias. Se asegurará un máximo de cautela en el estudio de cada caso, excluyendo los que ofrezcan cualquiera especie de duda o de peligro para los afectados, y la ejecución de la medida se hará por especialistas que ofrezcan todas las garantías necesarias. Amplios recursos judiciales ampararán siempre a los que resistan la esterilización.